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21.01.2013 | 13:38

30 años de V8: no detenga su motor

Reeditan Luchando por el metal en vinilo para España a tres décadas de su lanzamiento; historias y curiosidades de un disco fundamental para el heavy latinoamericano

Cuenta la historia que, para grabar el motor de trina en la intro de "Destrucción", el grupo tuvo que conformarse con un Torino que estaba cerca del estudio porque no había un motor V8 a mano y los tiempos de grabación apremiaban. ¿Habrá imaginado Ricardo Iorio, mientras estaba agachado en un estacionamiento con un grabador de cinta abierta, que ese futuro vinilo iba a rodar en tocadiscos de otros continentes? Él tal vez no, pero Carlos Rodríguez sí. Boom Boom Kid, claro. Aunque con unos años de diferencia. 30, precisamente, que son los que se cumplen en 2013 de la salida de Luchando por el metal, obra fundamental de nuestro jevi criollo, ahora editada en España por la incidencia del ex Fun People.

"Un día llega Carlos a mi oficina en Buenos Aires y me dice que unos españoles le habían preguntado por V8, Pappo, Riff y Los Violadores. Son unos freakys que se dedican a editar vinilos de artistas de culto", cuenta Mundy Epifanio, manager histórico del grupo y uno de los dueños de los derechos de edición de la breve pero intensa discografía de V8. Es un lanzamiento especial de 500 unidades que, aclara, "tiene gran valor emotivo, ya que en esas cantidades lógicamente no estamos hablando de un negocio para hacer dinero".

V8 comenzó a grabar este disco en abril de 1983, cuando le surgió una posibilidad en Audiomagnética. "Era un sello pequeño que editaba grupos de cuarteto, discursos de Evita y también a unos cordobeses que contaban chistes. Para nosotros significaba una buena oportunidad, porque el demo que teníamos era re limitado y sabíamos que iba a ser imposible grabar en las grandes compañías siendo heavies y cantando "basta de hippie, basta del morral", cuando el rock nacional eran Nito Mestre y el Dúo Fantasía", recordó el cantante Alberto Zamarbide.

Argentina atravesaba su inquietante transición entre las heridas de Malvinas, la profundización de la crisis económica, social y moral de la dictadura y la nueva esperanza democrática. Nueve canciones en 27 minutos condensaron la furia de un vendedor de verduras, un cuidador de una galería, un repartidor de mensajería y un tintorero. El odio, la bronca y el hastío de "Muy cansado estoy", la vida a cuatro mil revoluciones y la posibilidad de la muerte a la vuelta de la esquina de "Ángeles de las tinieblas", la crítica disimulada en la mala praxis de un dentista en "Torturador". Y verdaderos manifiestos genéticos que luego definieron al por entonces incipiente movimiento jevi como "Tiempos metálicos" y "Brigadas metálicas", el único en la historia de V8 que tuvo un video "oficial", producto de una compaginación que el por entonces manager Pedro Leontjew (también diestro editor de imagen y sonido) realizó con imágenes en vivo del grupo y escenas de la película La naranja mecánica. Iorio comenzaba a insinuarse como un escritor auténtico y notable, aunque fue del ingenio de Gustavo Rowek que salió el primer gran himno del metal criollo. "Destrucción", según el baterista, fue hecho "en una fábrica de coladas de plástico donde duré solo 21 días porque hice de todo para que me echaran". "Ya no creo en nada, ya no creo en mí", comienza cantando Zamarbide entre dientes, aunque la versión primigenia decía algo así como "ya no creo en nada, solo creo en el fusil".

El estreno discográfico de V8 salió a la calle en julio de 1983 con el título y de su autor sobre un sórdido fondo negro. Un arte austero que poco guardaba con la ambiciosa idea original de publicar una imagen con los fanáticos del grupo en Barrancas de Belgrano. Pero la foto nunca llegó a sacarse: el día de la producción, la policía irrumpió en el lugar y se llevó a todos detenidos a la Comisaría 33ª.

El disco no fue un gran suceso comercial para un grupo marginado de los grandes circuitos del rock argentino (recordar, sino, el entredicho de Iorio con el público del BA Rock 82). Su valor simbólico, como sucedió tantas otras veces, emergió recién con el paso de los años y la evolución de la leyenda, llegando a ser reconocido como influencia por bandas como Sepultura. Epifanio ya había utilizado los derechos para reeditar en 2001 los tres discos de estudio en una antología que también incluyó grabaciones en vivo, material inédito y una extensa biografía.

La memorabilia alentó ese año la aparición de dos tributos, uno editado por el sello Nems con varios artistas extranjeros (entre ellos los españoles Barón Rojo, alguna vez taloneados por V8 en Obras) y otro a cargo de Dejesú Records, el emprendimiento discográfico de Ricardo Iorio. A fines de ese año, Almafuerte había lanzado un disco en vivo que incluía un popurrí con cinco canciones de V8, grupo raramente refrendado por Iorio en los repertorios de su banda actual.

Una inédita coincidencia alentó rumores y expectativas. Fue en el Gesell Rock 2006, cuando Iorio, Rowek, Zamarbide y Miguel Roldán (el último guitarrista de V8) coincidieron con sus grupos el mismo día, aunque el reencuentro sobre el escenario jamás se produjo. "Si me vienen a ofrecer medio millón de pesos para armar V8 les digo que no, porque mi carrera nunca fue hecha por dinero, aunque no tenga ni para comprarme forros", sentenció Iorio, despejando la bruma de los rumores pero sin poder detener el rugido de un motor que, cada tanto, pega un arrancazo para alegría sus fanáticos.

Por Juan Ignacio Provéndola


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