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19.02.2013 | 11:07

Diez actores maldecidos por el Oscar

Se viene la máxima entrega de premios del cine y aprovechamos para recordar por qué ganar la estatuilla fue, para algunos, un castigo

Benigni, doblemente maldito.

 1983: Louis Gossett Jr.
Con su inolvidable sargento Emil Foley (ya un molde cinematográfico del milico sacado) en Reto al destino, el actor de Brooklyn hizo historia: fue el tercer afroamericano en la historia en ganar un Oscar y el primero en obtenerlo en la categoría mejor actor secundario. Pero, tras el galardón, sólo se lo pudo ver en pobres películas como la saga Águilas de acero, Blue Chips, Deceived, Solar Attack y otros títulos que se fueron directo al video. El los últimos años participó en la serie Stargate SG-1 y prestó su voz para los dibujos animados de The Batman y el videojuego Half-Life.


1985: F. Murray Abraham
Después de llevarse la estatuilla como mejor actor por su caracterización de Antonio Salieri en Amadeus, Abraham puso sus dotes al servicio de títulos poco rutilantes como Arma cargada, El último gran héroe y Viaje a las estrellas: Insurrección. En los últimos años, se dedicó al teatro y a la TV (se lo pudo ver como el misterioso Dar Adal en la exitosa serie Homeland). Sobre la supuesta maldición profesional que acarrea el ganar un Oscar, el actor dijo: "Es el acontecimiento más importante de mi carrera. Cené con reyes, compartí cartel con mis ídolos, di charlas en Harvard y Columbia. Si eso es una maldición, denme dos".


1987: Marlee Matlin
Es la ganadora más joven (y única sorda) de un estatuilla como mejor actriz protagónica por Te amaré en silencio (1986). Nunca pudo repetir un éxito similar, pero al menos se ha transformado en una figura frecuente en la TV de Estados Unidos, apareciendo en las series The L Word, The West Wing, Switched at Birth y los realities Dancing With the Stars y The Celebrity Apprentice. Igual, nosotros siempre la recordaremos como la lectora de labios de Seinfeld.


1989: Geena Davis
Desde su debut en Tootsie (1982), Davis tuvo una carrera ascendente que se coronó con un Oscar a mejor actriz secundaria por Un tropiezo llamado amor. La maldición del galardón no fue inmediata. La actriz se metió en la cultura popular (y obtuvo una nueva nominación) con Thelma y Louise y, luego, Un equipo muy especial fue un verdadero home run en taquilla. Pero, en 1995, su nombre quedó asociado al fiasco económico más grande en la historia del cine: Cuttroad Island, film que generó una pérdida de más de 147 millones de dólares. En la última década, Davis participó en la saga de Stuart Little y en la serie Commander in Chief.


1996: Mira Sorvino
Ay, ay, ay, Mira, Mira. Podríamos hacer un Festival de Cine del Error solo con tu filmografía tras el Oscar por Poderosa Afrodita. Pero no queremos problemas con el "goodfella" de tu viejo.


1997: Cuba Gooding Jr.
El actor se quedó con el premio al mejor papel secundario por aquel simpático y ambicioso futbolista americano autor de la última gran muletilla del cine: "Show me the Money!". Pero recibió el Oscar como el knock out de un boxeador. Salvo Mejor... imposible y Pearl Harbor, toda su filmografía posterior fue un desastre comercial y, en los últimos cinco años, su carrera se caracterizó por un raid de 15 films directos para DVD. Cuba Gooding Jr. es la primera respuesta ante cualquier duda sobre la maldición del Oscar.


1998: Kim Basinger
Quien fuera la fantasía erótica universal tras Nueve semanas y media se quedó con la estatuilla a mejor actriz secundaria como la femme fatale de Los Ángeles al desnudo. Desde entonces, todo fue en picada para la blonda. Problemas de salud, conflictos legales vinculados a su divorcio de Alec Baldwin, crisis económica y una seguidilla de protagónicos olvidables (exceptuando su gran rol como "mamá de Eminem" en 8 Mile: Calle de ilusiones).


1999: Roberto Benigni
Doble maldición (?) para el actor y director italiano que se llevó dos estatuillas, una a mejor actor y otra a mejor film de lengua extranjera, por La vida es bella. Desde entonces, nunca pudo repetir aquel éxito internacional. En 2002 ganó un Razzie a la peor actuación por Pinocchio. El año pasado resurgió del olvido tras participar en la discreta A Roma con amor, de Woody Allen. Pero su premiación en la fiesta de la Academia será, por siempre, su momento más recordado.


2002: Halle Berry
Tan solo un año después de ser una X-Men, la belleza de Ohio se convirtió en la primera (y por ahora única) mujer negra en ganar un Oscar en el rubro mejor actriz por Cambio de vida (Monster's Ball). Tras el premio, las cosas anduvieron bien por un tiempo: Berry se hizo una chica Bond en Otro día para morir y repitió con éxito su papel de Storm para X-Men 2. Pero todavía intenta recuperarse tras desafiar los límites de la vergüenza ajena con Gatúbela. Igual, la recontrabancamos: retiró en persona su Razzie por aquella actuación y dio uno de los mejores momentos en la historia de cualquier premio.


2003: Adrien Brody
Ya pasó más de una década desde su enorme performance en El Pianista y Brody sigue teniendo el orgullo de ser el artista más joven en ganar un Oscar en la categoría mejor actor, con "apenas" 29 años. Desde entonces, su carrera fue muy irregular. Tuvo algunos éxitos como La Aldea y King Kong, y se dio el lujo de trabajar para Wes Anderson (Viaje a Darjeeling) y Woody Allen (Medianoche en París). Pero también puso su nombre en atrocidades como Splice, la floja remake de la alemana El Experimento y Giallo, film de Dario Argento en el que Brody tuvo que enjuiciar a sus productores para poder cobrar su salario. Últimamente, ha tenido más suerte promocionando cerveza o desfilando para Prada que en la pantalla grande.


Por Maximiliano Poter

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