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21.02.2013 | 11:09

El Otro Yo: "Buscar la identidad dentro del arte es fundamental"

Cristian Aldana repasa la trayectoria del grupo de Temperley antes de la celebración de los diez años de Colmena, este sábado 23 en El Teatro Vorterix

Si se toma en cuenta que El Otro Yo publicó Colmena en 2002, conmemorar con unos meses de delay sus diez años parece aferrarse a un aniversario de dudosa retroactividad. Pero, si se suelta el calendario y se toman en cuenta los hechos, la celebración pasa a tener sentido. Este festejo no pasa por el lado del tiempo, sino de lo que vino a partir de este sexto disco. Después de naufragar por las aguas del under con cuatro discos (el cassette Los Hijos de Alien, Traka Traka, Mundo y el triple El Otro Yo del Otro Yo), el grupo de Temperley comenzó a delinear un estilo propio a partir de Abrecaminos, en 1999. Gracias a un trabajo de hormiga durante toda la década de los 90 y, lo que no es menos, habiendo logrado pergeñar un estilo propio y distintivo, ese disco fue el que llevó a los hermanos Aldana a su primer Obras en 2001. Y el camino que se abrió tiene como punto de partida a Colmena, que puede tomarse como la confirmación al traspaso de identidad que planteó su predecesor, y que, entre varios de sus puntos destacados, cuenta con la última grabación que realizó Ricky Espinosa antes de morir, al poner su voz en "Punk". Por eso, a la distancia, Colmena se percibe para El Otro Yo como un acto de justicia, la carta de presentación que se extiende más allá de los límites de la ya por entonces diluida escena alternativa, y que confirmó que el camino de la autogestión e independencia es más arduo, pero eso mismo hace que sus frutos sean mucho más provechosos.

Salvo por la reedición de algunos de sus primeros discos, El Otro Yo no se caracteriza por volver sobre su pasado. ¿Qué los llevó a conmemorar el lanzamiento de Colmena?
Para nosotros es un disco que marcó una etapa importante del grupo, sobre todo por el momento en el que fue compuesto, en pleno 2001. Y también porque si le preguntás a alguien qué disco le daría a otra persona para que conozca a la banda, creo que Colmena es el que más nos representa por el trabajo colectivo. Muchas de sus canciones se convirtieron en clásicos de nuestros shows, pero hay otras que no, así que va a ser importante volver a tocar "Bajo la guerra", "Revolución humana" o "Bendición". Ya al probarlas en los ensayos nos energizan totalmente.

Colmena potenció lo que ya venían experimentando con Abrecaminos. ¿Por qué pensás que las cosas llegaron con un disco y no con el otro?
Todo fue parte de una cadena de crecimiento totalmente natural, con cada cosa en su momento. Abrecaminos fue el disco que nos permitió editar nuestro material en Estados Unidos y México, y llevó a que Colmena fuera el disco "difícil", porque el otro nos abrió la puerta para hacer nuestro primer Obras en 2001 y toda una serie de situaciones muy importantes. Al final, fue lo mejor que nos podía haber pasado, porque colmó todas nuestras expectativas como músicos y mucha gente a la que le gusta la banda lo toma como banda de sonido de su propia vida. Es muy fuerte que pase eso, y se da bastante con las de Colmena, por las letras y el significado que tienen. Por eso para la gente que dejó de venir a vernos va a ser como una manera de revivir cuando tocábamos en Cemento u otros lugares que ya no están más.

Siendo El Otro Yo una banda que no mira mucho a su pasado, ¿cómo te sentís con volver sobre un disco de hace diez años?
Lo sentimos en el momento mismo. También, este año estamos cumpliendo veinticinco años como banda, porque empezamos en 1988. Quizás un par de años atrás si me preguntaban si escuchaba mis discos viejos respondía que no, y de golpe cuando caés en la cuenta del tiempo transcurrido empezás a mirar un poco hacia atrás por todo lo vivido, y por lo que querés proyectar hacia adelante. Cuando te pasás veinticinco años haciendo algo, podés darte el lujo de mirar para atrás y decir "a ver qué hice...", ja.

Ustedes llegaron a Obras después de trece años de trabajo. ¿Creés que ahora la situación cambió para las bandas emergentes?
Sí. Primero tiene que ver con que tengas algo bueno para decir, y si es diferente al resto es lo mejor que te puede pasar. Por otro lado, tiene que ver con animarse a romper los prejuicios, a animarse a hacer notas, a romper un poco las reglas. Si lo que uno hace realmente es bueno, hay gente que te va a descubrir, pero el tema pasa por darse a conocer. Durante años, en el rock hubo un prejuicio a salir a dar notas en ciertos lugares, y hay que animarse porque sirven para difundir el género, porque sino ese lugar lo ocupan cosas más plásticas, y eso no está bueno. También la mayoría de los artistas tienen miedo de ser juzgados por la gente, y eso es peligroso. Yo le tengo fe a la música argentina. Siempre fuimos potencia en eso, hay músicos que se destacan en todos lados. Hay que tener paciencia, que ya van a aparecer referentes con ideas nuevas. En general, una de las cosas que aburre mucho es el tema de las bandas que quieren estar en una línea segura de lo que está pasando a nivel moda. A mí me gusta más cuando alguien se juega con un nombre extraño que te lleva a pensar por qué lo eligieron, y eso por ahí ya te lleva a escucharlos. Es cuestión de arriesgarse, y pasó y pasa con las bandas más grandes del mundo y que nos gustan: The Cure, Sonic Youth, Pixies, Radiohead, Queen, los Kinks, los Beatles. Buscar la identidad dentro de la música y el arte es fundamental, porque eso es lo que te puede hacer trascender, sobre todo hoy en día, cuando todo parece ya inventado.

El Otro Yo formó parte de una camada de bandas que apareció a principios de los 90. Algunas lograron mantenerse en pie, y otras quedaron en el camino. ¿Por qué pensás que El Otro Yo sigue en carrera al día de hoy?
Tiene que ver con la pasión, creemos que nacimos para esto. Nos unen las ganas de salir a tocar y grabar. Todo esto sucede porque tenemos ganas de estar juntos. El motivo pasa por eso, porque si estudiás nuestra carrera y escuchás nuestros discos, vas a ver que siempre seguimos la misma línea. Eso es porque tratamos de ser auténticos en lo que nos gusta, y vamos por ese camino. Para nosotros es algo con muchísimo valor, porque si no estaríamos buscando mentirnos a nosotros haciendo algo que no nos representa. La música tiene que ver con nuestro trabajo, pero lo que realmente te puede llenar el alma es que el motivo no sea el comercio. Cuando se habla de la música como producto no me siento representado, porque me dio tanto que no la puedo pensar de esa manera, y por eso me gusta defenderla.

Por Joaquín Vismara


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