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Salta La Banca: "No soñamos con tocar en River"

Santiago Aysine dice que hacer un disco para Luciano Arruga lo hizo soñar con la policía; esta noche tocan en Vorterix

"Che, escuchame una cosa: lo quiero conocer a Messi, boludo." Santiago Aysine, el cantante de Salta la Banca, habla sobre su viaje a Europa el mes que viene y sueña en voz alta. Ya se estuvo fijando las fechas en que juega el Barcelona para ir a verlo al Camp Nou. "Le estoy escribiendo una canción a él pero desde otro enfoque, no quiero caer en lugares comunes", dice. Verborrágico e inquieto, le gusta discutir de música, fútbol, libros (trabajó siete años en una biblioteca) y política (milita en el Partido Obrero junto a otros músicos como Edu de Cadena Perpetua, Maikel de Kapanga y Gastón Sardelli de Airbag). que salte la banca, se lee en su pecho, tatuado bajo la piel. También tiene sostener que son mi paz, una frase suya de la canción "Fuimos", en el brazo derecho, con la silueta de sus cuatro mejores amigos del barrio, seguida de la leyenda una revolución sin baile no vale la pena, tomada de la película V de venganza. Marcas indelebles que lleva el cantante de la última revelación del rock barrial, la única banda sub-30 que llenó tres veces La Trastienda Club y el Vorterix el año pasado. "Fue re fuerte para nosotros, no lo esperábamos", dice el líder, que no se asume para nada como tal ("Somos una cooperativa y está bueno que se desarrolle la idea de unidad, no de liderazgo"). De continuar la parábola de crecimiento, este año presentarían un nuevo disco en el microestadio Malvinas Argentinas. El, sin embargo, es cauteloso: "Los pibes siempre dicen que hagamos esto, que hagamos lo otro. Pero yo soy muy cagón".

¿A qué le tenés miedo?
Pegamos onda con muchas bandas que han dado algunos pasos en falso y, a la hora de aconsejarnos, han sido muy redundantes en algunos temas, como que no hagamos dos shows seguidos si el primero no está lleno o que no saltemos demasiado en la capacidad de los lugares. Pero llega un momento en que no tenés más opción.

¿A qué le atribuís la explosión de estos últimos años?
No tengo idea. Un poco de redes sociales (hemos manejado bien la difusión), la mano de bandas amigas (El Bordo, Las Pastillas, Cielo Razzo) y de la productora Rock y Reggae, más algunos medios independientes que empujaron.

¿Cuál es el sueño en común del grupo?
Poder dejar una impronta a lo largo de los años y que la obra trascienda más de una generación. No soñamos con tocar en River, prefiero hacer veinte teatros antes que un estadio grande. Me gusta más eso, realmente me siento más cómodo. Hay muchas cosas que se generan alrededor de la popularidad y no está mal ser popular, pero no hay que ser tan permeable porque eso puede marearte. Hay una realidad: te puede gustar la banda o no, pero para la gente es importante si sos buena persona y nosotros somos buenos pibes. De verdad.

¿Cómo vivís cada recital?
Mientras haya gente conmigo en el escenario, en el mismo hotel y micro de gira, es la misma sensación: salgo a tocar con mis amigos. Antes de subir al escenario, desde el primer show, hacemos lo mismo: manos en el medio de una ronda, habla uno, nos arengamos, nos abrazamos. Hay mucho Griguol.

¿Estás muy pendiente de las críticas que aparecen en Internet?
No, ya no. El manager no pudo dejar de hacerlo, pero el resto nos enfermamos con eso y no lo hicimos nunca más. Me di cuenta de que me estaba volviendo loco con algo que en realidad me tenía que chupar un huevo, ¿qué quiero, caerles bien a todos? No se puede. Como dice Woody Allen: "No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo".

Con el disco COPLA (Canto Obligado por Luciano Arruga) ganaron una exposición en los medios que no esperaban, ¿cómo te involucraste en el caso?
Fue todo a través del grupo de familiares de Luciano. El tema me había quedado dando vueltas en la cabeza y los del Frente de Artistas de Izquierda tuvimos una reunión política con Jorge Altamira y dijimos de hacer algo. Paralelamente, leí el libro de Damián Piraino (Detrás de Luciano) que habla de sed de justicia y me contagió eso a la décima página. Ahí empecé a pensar en hacer una canción que plantee el tema del aparato represivo del Estado. Pero terminamos haciendo un disco entero en dos meses, dos meses tremendos en los que me costaba dormir.

¿Soñaste con Luciano?
Me pasaron cosas locas mientras hacía el disco, como puertas que se me abrían en la casa, te lo juro por Dios. Me levantaba en el medio de la noche, escribía una hora y me volvía a acostar. Soñé con él y soñé un montón con la policía. Los familiares fueron amenazados y tienen mucho miedo. Ellos nos avisaron que el tema del disco nos podía traer problemas, que en algún momento nos pueden empezar a perseguir a nosotros también. Y asumimos ese riesgo, nos sumamos a la lucha. Lo importante es el compromiso: están desapareciendo pibes, loco, no es tiempo de llorar.

¿Te ves con una carrera política en el futuro?
Me gustaría, ojalá que sí. Pero en unos cuantos años. Por ahora sigo creyendo que la mejor herramienta para generar cambios es el arte.

Por Nicolás Igarzábal

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