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23.04.2013 | 17:32

Diez derrapes artísticos de grandes figuras

Neil Young convertido en un rockero de vieja escuela, el experimento ruidista de Lou Reed y más; mirá la selección y participá

Dejemos los fanatismos de lado y tratemos de analizar las cosas con la mayor objetividad posible. Nadie es perfecto, y es lógico que ningún artista pueda mantener un mismo nivel de excelencia a lo largo de toda su obra. Pero así como ningún artista es intocable, también vale reconocer que una cosa es no poder mantener siempre la vara a la misma altura, y otra muy distinta dejar que directamente se caiga al piso. Un disco regular puede pasar a considerarse un derrape cuando viene de manos de alguien que supo crear cosas que están muy por encima del objeto al cual se repudia. El mismo Dave Mustaine lo dijo respecto al disco con el que su banda forma parte de este listado: "El problema de Risk es que figura firmado por Megadeth. Si lo hacía cualquier otro, le iba bien". Y algo de eso hay. Las comparaciones son odiosas, pero al fin y al cabo eso mismo es lo que acentúa el grado de desilusión. En la mayoría de los ejemplos elegidos, los propios artistas admitieron tiempo después no haber estado en su mejor período creativo. Como siempre, el listado está abierto a sugerencias y debate. Con ustedes, los elegidos.

Lou Reed - Metal Machine Music (1975).
La carrera solista del ex The Velvet Underground entregó piezas notables como Transformer (de la mano de David Bowie y Mick Ronson) y el lúgubre Berlin. Pero en 1975, Lou, todavía incomprendido por la prensa, llevó las cosas al extremo: el álbum doble Metal Machine Music es un experimento avant garde de tinte radical. En sus 65 minutos de duración, no hay una sola nota reconocible, sólo ruido, acoples y efectos procesados a distintas velocidades. Para colmo, la edición original en vinilo incluía un locked groove, una alteración del surco, que hacía que los últimos dos segundos de uno de sus lados se repitiesen eternamente (o al menos hasta que el oyente decidiese sacar el disco).


Queen - Hot Space (1982).
Cuando la banda liderada por Freddie Mercury tuvo un éxito notable gracias a "Another One Bites The Dust", la idea de hacer un disco orientado al dance era demasiado tentadora como para dejarla pasar. Y así fue como Queen reemplazó la batería de Roger Taylor por cajas de ritmo, y la guitarra de Brian May cedió su protagonismo al sintetizador Oberheim. Con el paso del tiempo, May y Taylor se mostraron muy críticos respecto a Hot Space, acusando al manager personal de Mercury, Paul Prenter, de influir sobre el cantante para que la banda buscase un sonido más moderno y comercial.


Neil Young - Everybody's Rockin' (1983).
En los 80, el viejo Neil estaba en crisis con su sello, Geffen, en el que ya no estaban de acuerdo con sus búsquedas artísticas. Después de que Young se despachara con un disco cuasi electrónico (el polémico Trans), le ofreció a la compañía un material de pura cepa country, Old Ways. En la disográfica rechazaron la propuesta, dado el fracaso de su álbum anterior, así que le pidieron al canadiense "un disco de rock and roll". Harto de lidiar con estas idas y vueltas, Young interpretó literalmente el pedido, sólo para dejar en claro que él era quien tenía la última palabra respecto a su obra. Inventó una banda (The Shocking Pinks), se calzó un traje satinado y grabó una selección de covers en plan rockabilly, junto a un par de temas nuevos en esa misma tónica. El fracaso, tanto comercial como con la crítica, fue tan notorio que dos años después Geffen editó Old Ways para hacer borrón y cuenta nueva. Vale aclarar que estamos ante un caso de "disco malo a conciencia". En 1995, Young declaró a la Mojo: "¿Qué piensan que soy? ¿La gente cree que saqué eso pensando que era la cosa más grandiosa que alguna vez grabé? Obviamente, sé qué no lo es".


Paul McCartney - Give My Regards to Broad Street (1984).
El comienzo de la carrera solista propiamente dicha de Sir Paul (o sea, tras la separación de Wings) tuvo sus altibajos. A cada paso, un tropiezo. Para intentar balancear las cosas, Macca trató de resolver las cosas como en sus años mozos: con una película. Pero he aquí el problema: como film, Give my Regards to Broad Street es una trama tonta que sólo sirve como excusa para la música. La banda de sonido, que alterna entre reversiones desabridas de los Beatles, Wings y algunas canciones de sus dos últimos discos, tampoco ayuda.


The Rolling Stones - Dirty Work (1986).
Los ochenta encontraron a los Stones bastante incomunicados entre sí. Después de años de giras mundiales y maratones de excesos, la banda sólo se veía la cara dentro del estudio porque abandonó los escenarios en 1982 (y no los retomó hasta 1989), y comenzaba a instaurarse una fricción que sería casi constante en toda su obra posterior: el cruce de ambiciones entre Jagger y Richards. Mientras el primero buscaba ponerse al día con los sonidos y estilos del momento, el otro pujaba por mantenerse fiel a las raíces. Como el guitarrista tomó las riendas del proyecto, el cantante optó por concentrarse en su segundo disco solista, Primitive Cool. Tampoco fue una etapa feliz para Charlie Watts: como el baterista atravesaba la etapa más dura de su adicción a la heroína, gran parte del disco se completó con sesionistas. Ni la tapa se salva.


Bob Dylan - Down In the Groove (1988).
Suele decirse que el período de finales de los 80 es el menos fructífero de la carrera de Dylan, y este disco es el mejor ejemplo, con un repertorio compuesto casi en su totalidad por covers. A pesar de una extensa lista de músicos invitados (Mark Knopfler como productor, Eric Clapton, Jerry García, Ron Wood y Paul Simonon), el resultado final es de lo más débil de la carrera de Bob. Tampoco el criterio elegido ayudó: las canciones se grabaron intermitentemente entre 1983 y 1987, con varios cambios de personal entre una toma y otra, por lo que lo único que reina en Down in the Groove es el desconcierto.


Megadeth - Risk (1999).
Al igual que Metallica con el uno dos Load y Reload, Mustaine quiso pegarle una lavada de cara a su sinfónica ante el cambio de milenio. Pero el mismo riesgo al que hace alusión el título del disco (o sea, dejar de transitar las aguas ya conocidas y aventurarse a lo nuevo) no fue bien recibido por el público fiel de Megadeth. Así, el intento del colorado guitarrista de acercar su música a las radios alternativas de Estados Unidos duró poco: el álbum siguiente, The World Needs a Hero (2001), fue un regreso al thrash metal que calmó a las masas después de este paso en falso.


R.E.M. - Around the Sun (2004). La partida del baterista Bill Berry en 1997 obligó a la banda de Athens a barajar y dar de vuelta. Las opciones eran dos: reinventarse, como lo hicieron en Up, o volver a las raíces, como en Accelerate y Collapse Into Now. Around the Sun, en cambio, se queda a mitad de camino entre una cosa y otra. A un repertorio anodino se le suman detalles innecesarios como la participación de Q-Tip en "The Outsiders". Pocos años después, el guitarrista Peter Buck describió al disco como algo "que suena a lo que es: tres tipos tan aburridos con el material, que a duras penas pueden soportarlo".


The Stooges - The Weirdness (2007).
Treinta y cuatro años es mucho tiempo, más si la distancia entre el disco nuevo y el pasado la marca un trabajo como Raw Power. El primer trabajo en conjunto entre Iggy y los hermanos Asheton se reparte entre estribillos que antes hubieran sido bombásticos pero ahora son inofensivos ("Mi idea de la diversión está matando a todos") y un aire general de poca inspiración. El punto máximo de absurdidad está en manos de "Greedy Awful People", que sin quererlo bordea la inocencia.


Chris Cornell - Scream (2009). En un principio, el vocalista de Soundgarden contactó a Timbaland para que remixase algunas de las canciones de su segundo disco, Carry On. El productor ofreció una contrapropuesta: hacer un álbum juntos. ¿El resultado? Un pastiche de R&B y hip hop con alguna pincelada rockera puesta a presión. El grado de polémica que generó el disco puede verse en las críticas que recibió por parte de la prensa, pero también es válido recordar el incidente entre Cornell y Trent Reznor vía twitter allá por el 2009.


Por Joaquín Vismara

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