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29.04.2013 | 17:44

RS 15 años: Spinetta abre el corazón

En una de sus últimas grandes entrevistas, el Flaco habló de sus causas, profundizó en su carrera y nos pidió un único favor: no salir en la tapa; recordá la nota histórica publicada en septiembre de 2008

En una de sus últimas grandes entrevistas, el Flaco habló de sus causas, profundizó en su carrera y nos pidió un único favor: no salir en la tapa; recordá la nota histórica publicada en septiembre de 2008

Resulta complicado hablar de Luis Alberto Spinetta. Al menos para mí. Especialmente ahora, cuando hace poco se cumplió el primer aniversario de su partida, y vuelven los recuerdos. Y vuelve la música, los homenajes, las fotos, las canciones. Y uno no termina de resignarse aunque, claro, hay que aceptarlo. Entonces, mejor vamos a los recuerdos gratos, que es una manera de mantenerlo vivo. Pensar en Luis me traslada a su estudio-casa La Diosa Salvaje, donde hicimos en agosto de 2008 la entrevista que se publicó en el número de septiembre. Pero también me remonta a varios encuentros anteriores, sentados en torno a la cómoda mesa del ambiente que oficiaba de living y comedor diario -siempre mate de por medio-, con alguna pasada ocasional por el control del estudio, para escuchar una u otra cosa. En especial, me lleva a un encuentro que se convierte en antecedente directo de esta nota, cuando el Flaco me hizo llamar por alguien de su compañía grabadora (Universal, por entonces), porque quería que escribiera la gacetilla de prensa de su nuevo disco, Un mañana. Yo sabía que, históricamente, Spinetta -al no confiar en nadie para que "tradujera" sus ideas- solía escribir él mismo los textos introductorios con los que presentaba un nuevo disco ante la prensa (sería desmerecerlos llamarlos "gacetillas", eran más bien un acercamiento poético al trabajo en cuestión), de manera que lo consideré un alto honor. Pero también una responsabilidad, la de estar a la altura del trabajo encomendado.

Un poco por eso, y otro poco porque solía aprovechar cualquier oportunidad que se presentara para reunirme con él, le solicité si podíamos juntarnos para que me hablara del disco, y de allí extraer material con el que redactar la gacetilla.

El encuentro fue grato, y Luis tuvo la cordialidad de siempre conmigo, pero no conseguí que hablara mucho de la música de ese álbum extraordinario. Estaba muy centrado en su trabajo con Conduciendo a Conciencia, así como en la tragedia de Santa Fe (donde murieron nueve chicos y una profesora del colegio Ecos, donde cursaba Vera Spinetta, la hija menor de Luis), que había originado esta asociación, y estaba presente de alguna manera en varias de las canciones del disco. Con su sensibilidad habitual, Luis se metió de lleno en este tema tan doloroso, y después de eso fue como si hubiera sentido cierto pudor de hablar de las canciones, los músicos, o los arreglos del álbum.

Igualmente me las ingenié para hacer el texto, que contó con la plena aprobación de Spinetta (no dejo de sentir cierto orgullo por el hecho de que no le modificara ni una coma). Pero más importante aun, dejó la puerta abierta para la realización de una nota, que por supuesto implicaba una agenda mucho más amplia que aquella reunión puntual.

En consecuencia, cuando concretamos este nuevo encuentro, yo iba con alegría pero también con cierto recelo, temeroso de que la conversación pudiera estancarse en un tema determinado del cual me resultara difícil salir. Por otra parte, no era un secreto para nadie la reluctancia de Luis para revisar su pasado, coherente con su emblemática declaración de "mañana es mejor", expresada en la "Cantata de puentes amarillos", a la que siempre honró.

Pero en esa ocasión, Luis me sorprendió con una apertura que estaba más allá de cualquier expectativa largándose a hablar en extenso, con cariño y claridad, de distintos momentos de su pasado. Desde sus recuerdos de la época previa a Almendra junto a Emilio Del Guercio, cuando eran estudiantes de Bellas Artes, hasta el impacto que le provocaron Los Shakers, pasando por anécdotas muy jugosas referidas a Pescado Rabioso e Invisible, en algunos casos sin que mediaran preguntas específicas de mi parte, simplemente seguir el hilo de su pensamiento lúcido e imprevisible (todo esto fue antes que el proyecto de las Bandas Eternas). Su generosidad me conmovió.

Yo lo escuchaba tratando de mantener exteriormente una actitud de interés, pero evitando demostrar demasiado entusiasmo, como para encarrilar las cosas en los límites de cierto profesionalismo. Pero hacia adentro, el entusiasmo se iba trasmutando en cierta incredulidad al escuchar historias, recuerdos y reflexiones que nunca había revelado, al menos ante un medio de prensa. Aun cuando la entrevista publicada ocupó un espacio considerable (siete páginas, en la época de formato grande de RS), quedó afuera una cantidad de material igualmente interesante.

Para mí, un regalo extra era cuando la conversación se volcaba hacia temas guitarrísticos, un tópico que por cierto a él también lo apasionaba. Entonces, Luis se dirigía a la guitarra acústica (una Taylor, si mal no recuerdo) que reposaba en un sofá al alcance de la mano, como para aclarar o acentuar alguna respuesta, generalmente referida a las canciones de Un mañana. Era parte de su lenguaje natural. En un momento, cuando estaba ejemplificando alguna cuestión sobre esas últimas composiciones, empezó a tocar una de esas progresiones maravillosas que arropaban algunos de sus temas acústicos (del tipo de "Canción para los días de la vida") y, sin decir agua va, tocó de punta a punta "Hiedra al sol", una canción que en el disco está grabada de esa misma manera, solo Luis y su guitarra. Terminó y siguió conversando como si tal cosa, diciéndome que "es el tema artaudiano del disco", mientras yo trataba de recuperar el aliento, y salía del paso diciéndole que tenía que volver a hacer recitales acústicos como los de Kamikaze. Ahora, el oficio periodístico y la tarea de escribir esta nota para el 15º aniversario de Rolling Stone (¡increíble!) me llevan a buscar el casete donde tengo grabada la charla (sí, todavía uso casetes), y escucharla en una situación que nunca imaginé que llegaría a suceder, la de revivir el momento sabiendo que Spinetta no está más entre nosotros.

Y vuelvo a escuchar al Flaco riéndose conmigo, hablando de acordes, entonando pedacitos de "Canción de amor para Olga", "Tu vuelo al fin", "Mi elemento". Hasta que de repente, entre mi discurso hablándole del "universo armónico spinettiano" y cosas por el estilo -porque no podía creer los acordes que hacía-, de repente surge la voz de Luis cantando "Hiedra al sol". Y, al igual que en otras épocas, su voz vuelve a iluminar mi cuarto. Un gran escalofrío me recorre el cuerpo, y los ojos se humedecen. Lo siento, pero no puedo seguir escribiendo.

Por Claudio Kleiman ~ Foto de Eduardo Martí

Cómo bajarse de una tapa

Desde el comienzo, la relación entre Spinetta y la tapa de RS fue conflictiva. Originalmente iba a ser la portada del número 1, pero cuando la idea derivó en una imagen ecuménica (nunca concretada) con Charly y Cerati, Spinetta se enojó (y con razón). Pasaron años hasta que decidió aparecer en la revista, convertido en el Gordo Spinetta. En esta última entrevista con RS, antes del "fuck Rolling Stone" en el show de las Bandas Eternas, la idea era que saliera en tapa por segunda vez. Pero en pleno cierre, cuando todo estaba listo para enviarse a imprenta, el Flaco llamó y pidió que por favor abortáramos el plan. "No quiero salir en la tapa de ninguna revista, respetame eso", dijo Luis. "Pongan cualquier cosa. ¡Pongan a Wanda Nara!"

Leé la entrevista publicada en septiembre de 2008


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