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05.05.2013 | 23:59

Dark: la evolución de una subcultura nacida en las penumbras

De Bauhaus y The Birthday Party a My Chemical Romance y 30 Seconds to Mars, o cómo el gótico de los 80 deriva en el emo con el cambio de siglo

Una subcultura puede nacer por identificación entre pares, como el punto de encuentro ante un panorama determinado. Pero también pueden surgir por diferenciación, en pos de la búsqueda de un lugar propio cuando impera la sensación de no pertenecer a ningún lado. Nacida en los 80, la cultura gótica se entiende como desprendimiento de otra movida, y es ese mismo gesto el que termina de construir su identidad.

Sus raíces están en el nacimiento del post punk, cuando grupos como Joy Division, Bauhaus y Siouxie & The Banshees empezaron a sentar las bases estilísticas de lo que poco después devendría en cultura gótica: un universo lúgubre en el que conviven la literatura de fines del siglo XVIII y principios del XIX (Horace Walpole, el Marqués de Sade, Edgar Allan Poe), el imaginario lúgubre del cine de terror y una estética fetichista que se entrecruza con el sadomasoquismo y con la impronta teatral y pletórica de humor negro de Alice Cooper como semilla de su componente escénico.

De obvia impronta oscura (y de a momentos oscurantista), la cultura gótica pasó de ser un desprendimiento genérico a ocupar su espacio propio. Inclusive la construcción de la identidad propia fue la que les permitió juguetear con el pop sin miedo a deshonrarse. Cuanto más amable, más efectivo. Pero también era un juego de oposiciones: mientras ofrecía a un Robert Smith invitando a ir a la cama, también había un lúgubre Peter Murphy hilvanando relatos desde las tinieblas.


En Argentina, la cultura gótica fue entendida como "dark" a mediados de los 80. Soda Stereo tuvo un acercamiento en la época de Nada Personal y Signos (recuerden el video de "Cuando pase el temblor", con la banda caminando por Tilcara con sobretodos de cuero, maquillaje monocromático y peinados a tono), pero su marca más fuerte puede rastrearse en Fricción y La Sobrecarga. De a poco, comenzó a delinearse en Buenos Aires una traducción local al movimiento, que durante las décadas siguientes tuvo en las fiestas Requiem y en La Catedral de Suipacha y Córdoba sus lugares de encuentro.


En los 90, el rock gótico mutó, y sus formas se hicieron perceptibles en más de un frente. Por un lado, se reformula como uno de los componentes de la figura escénica de Marilyn Manson, ya que El Reverendo combina varios de sus aspectos de manera potenciada: el coqueteo con la oscuridad, la estética bondage, una prosa lúgubre y una aproximación a la elegancia victoriana. Por el otro, sirvió para reformular al emo, que nació como una variante melódica y confesional del hardcore en los 80 en Washington, y con el pasar de los años viró hacia el screamo, hasta llegar a este presente, en el que bandas como My Chemical Romance y 30 Seconds to Mars son su punta de lanza. Menos furibundos, pero igual o más emocionales y sufridos, lo que de alguna manera sirve para trazar una línea de continuidad posible para un recorrido que empieza en Inglaterra a principios de los 80 (y también en Australia, gracias a The Birthday Party) y llega a la actualidad de esta manera.


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