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06.05.2013 | 17:27

Calamaro volvió a tocar en Argentina

El sábado, el Salmón regresó a los escenarios después de más de dos años de ausencia y presentó el Bohemio Tour con un show para 8 mil personas en Villa María

Foto de Edgardo A. Kevorkian

"¿Quién es más lindo? ¿Quién es más lindo? ¿Quién es mejor?", pregunta Andrés Calamaro, apurando a su público desde el borde del escenario, mientras se levanta la camisa y muestra su pecho como si ahí dentro estuviera la respuesta. Detrás suyo, la banda convierte el final de "Paloma" en una descarga de electricidad apabullante, demostrando hasta dónde puede empujar esta nueva "cuadrilla" las canciones del Cantante.

Ya son más de las 12 de la noche y este es el segundo falso final antes de que el grupo se despida del todo con "Alta suciedad" y una versión hard-rock del hook de "De música ligera" enganchada al final de "Los chicos", en un homenaje puramente musical a Gustavo Cerati después de que en la pantalla gigante se deslizara un galería de fotos de los ídolos caídos de Andrés, desde Troilo hasta Spinetta.

Tras varios meses de ensayos en Colegiales y una última puesta a punto dos días atrás, tocando en un teatro en Olavarría casi sin publicidad, este show para 8 mil personas en el anfiteatro de Villa María significó para Calamaro y la nueva banda su vuelta oficial a los escenarios después de más de dos años y el comienzo del Bohemio Tour, una gira que lo llevará por Corrientes, Tucumán y otras provincias del interior, además de Chile, Colombia, Ecuador y México, antes del lanzamiento de su nuevo álbum con canciones que por el momento sigue guardándose.

A Calamaro los regresos siempre le sientan bien aunque los sufra, y este set super ensayado de treinta clásicos imbatibles que van de la época de Los Rodríguez ("Todavía una canción de amor", "Canal 69") hasta el disco On the rock (sigue sin tocar temas de sus primeros discos), lo mostró en un gran momento, histriónico y solemne, chicaneando al público con ternura y abriéndoles su corazón con una confesión, ensayando gestos de torero y movimientos de campeón del air guitar acompañando los solos de Baltasar Comotto, su nuevo guitarrista estrella, que comparte con el Indio Solari.

Al igual que Fito Páez, para este nuevo regreso AC fichó a algunos de los músicos más virtuosos de la escena local y se armó un supergrupo importando a Sergio Verdinelli en batería y Mariano Domínguez en bajo (la tremenda base rítmica con la que los Kuryaki volvieron a activarse en 2012), a Germán Wiedener en teclados y en la dirección musical de la banda y, adelante, un frente de guitarras arrollador con Julián Kanowsky (el único sobreviviente de su grupo español, pelando maestría en el slide) y Comotto, que destrabó en los solos que peló algunos de los momentos de mayor intensidad emotiva del show.

"Estos somos nosotros", dijo, después de presentar a su nueva banda, mientras las luces blancas iluminaban todo el escenario y él, de espaldas al público, les decía a sus músicos: "Vamos a aplaudir con gratitud, este es nuestro primer concierto de verdad".

Las canciones siguen manteniendo su estado de gracia, la habilidad intacta de hacernos sentir que hablan de nosotros y de él al mismo tiempo, mientras Andrés, que es un gran interprete de sí mismo, las actualiza emocionalmente reinventado las melodías de voz sobre la marcha, o cambiando alguna línea, o simplemente quebrando la voz en los lugares donde en nuestra memoria suena juvenil y metálica.

"Pasaron los años y finalmente entendí lo que significa esta canción", dijo hacia la mitad del show, sentándose nuevamente al teclado para tocar "Media Verónica", frente a un público que sabía exactamente de qué estaba hablando. "Es un mal trago, pero todo pasa... Y todo vuelve, todo vuelve, todo vuelve", agregó como una advertencia que sonó más para sí mismo que para Micaela Breque.

Ya desde el comienzo, con "Tuyo siempre" y esa hermosa piña en el estómago titulada "Crímenes perfectos", todo esto olía a catarsis, en parte porque sus canciones siempre tuvieron ese componente de exorcismo emocional que las vuelve entrañables y también porque Andrés siempre las atravesó con el cuerpo antes de grabarlas, un héroe químico y tierno que nunca tuvo problemas en exhibir su corazón herido pero sin tomarse demasiado en serio porque sabe que el amor, como los tatuajes, siempre pueden taparse con uno más grande.

En el "El día mundial de la mujer", el grupo convirtió la cadencia narcotizante de este track en un caldo denso de guitarras, haciéndolo sonar bien pesado, y con la banda cantando esos coros recargados que suenan como la mente de alguien perdiendo lentamente la cordura, un canto de sirenas para morder la banquina mientras Comotto caminaba hacia el borde del escenario para terminar todo con un solo de guitarra que sonó a alguien destripándose a sí mismo con morbo. Fue hermoso.

Por Juan Morris

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