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27.05.2013 | 15:46

"Soy hipster y me la banco", la frase jamás pronunciada

El término resignificado en los últimos años implica el rechazo generalizado de sus representantes a reconocerse como tal; acercamiento a una tribu urbana diferente

El término resignificado en los últimos años implica el rechazo generalizado de sus representantes a reconocerse como tal; acercamiento a una tribu urbana diferenteLos hispters invaden el circuito palermitano

Aún si no se pudiera recurrir a una definición precisa del término, cualquiera sabe qué es un hipster. O cómo es un hipster: qué música escucha, cómo se viste, qué lugares frecuenta, qué autores lee (o le gusta decir que lee), a qué shows va, cuáles son sus series preferidas, sus aplicaciones de iPhone más utilizadas, a qué festivales de cine asiste, en qué barrio de qué ciudad importante del mundo le encantaría vivir. Desde afuera, y ya considerándolos una tribu urbana, el hipster es tan identificable como el rollinga, los metaleros, o los -que en paz descansen- floggers. Pero, aunque el sentimiento de pertenencia hacia cualquier grupo social parezca imposible sin el reconocimiento de sus representantes como miembros, el hipster se diferencia -cómo no- por rechazar la aceptación consciente de que es un hipster. De hecho, el concepto está cargado de una connotación negativa que hasta lo lleva a ser utilizado como insulto. La pregunta es: ¿por qué?

El término resignificado en los últimos años implica el rechazo generalizado de sus representantes a reconocerse como tal; acercamiento a una tribu urbana diferente

La historia no ayuda a dilucidar el misterio. "Hipsters eran los individuos rebeldes y pasados norteamericanos de aquellos años. Unas ratas de ciudad, más o menos de moda, que se drogaban y oponían a los 'squares'". Así definía Jack Kerouac, en su obra cumbre En el camino, a los seres que conformaban esta subcultura yanqui a la que luego equiparará a la generación que representó junto a Allen Ginsberg, William Burroughs y más, en citas como estas: "los sórdidos hipsters de América, la nueva generación beat a la que lentamente me iba uniendo". Esta fue una pequeña mutación de la aplicación del término que fue forjado para denominar a los conocedores del jazz en los años 40; en las últimas décadas se produjo la resignificación que hoy nos invade: hipster es el nuevo bohemio de clase media, alta, el flaco de lentes de marcos gruesos, gabardina (chupines y cardigans, sombreros, corbatita o chaleco), y aires de pretenciosa intelectualidad. El grosor del bigote, la dejadez consciente de un pelo revuelto y la barba de dos días, el fanatismo por el indie folk, lo lo-fi, el fetichismo coleccionista, y los consumos culturales centrados en lo "palermitano" son otros de sus rasgos definitorios.

El término resignificado en los últimos años implica el rechazo generalizado de sus representantes a reconocerse como tal; acercamiento a una tribu urbana diferente

En esta nueva apreciación subyace la idea de un personaje treintañero mantenido por los padres (o por la herencia familiar) que se preocupa mucho para lograr que su imagen parezca ser producto de la despreocupación, que consume más por obligación o presión social que por sentimiento, que -de hecho- carece de pasión en el sentido más visceral de la palabra, un personaje algo tibio y creído. Así: ¿quién sería capaz de admitir que es un hipster?

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