Último momento

 

Leer en

 

Noticias

16.05.2013 | 09:34

Rata Blanca: los discos de la buena memoria

La banda de Walter Giardino celebrará los 25 años de su disco debut y los 20 de El libro oculto este sábado en el Malvinas; aquí, recordamos esas obras fundamentales

La banda de Walter Giardino celebrará los 25 años de su disco debut y los 20 de El libro oculto este sábado en el Malvinas; aquí, recordamos esas obras fundamentalesEste sábado, la banda festeja su aniversario en el Malvinas

Los discos Rata Blanca y El libro oculto tienen algo en común que los distingue del resto de la obra de la banda: cada cual a su tiempo, ambos fueron concebidos por el inspirador influjo de la bronca y el despecho. Son hijos de una ira entendida como impulso creativo y como motorización de cambios evolutivos, una especie de desafío asumido en la búsqueda de nuevos riesgos disfrazados de revanchas. "Para ser feliz hay que ser valiente", dice Walter Giardino por estos días, en la víspera de una jornada de celebración para la banda y su público: Rata se reformará este sábado (en el Malvinas Argentinas) con las alineaciones que grabaron esos álbumes de notable factura artística, aunque paridos bajo escenarios de desprecios y adversidades.

Así sucedió con Rata Blanca, el disco debut, algo así como el duelo final de la fallida experiencia en V8, banda de la que Giardino marchó tras sentirse despreciado. Y también con El libro oculto , un trabajo de apenas cinco canciones, aunque todas ellas cargadas por la furia y la violencia de un grupo que por un momento abandonó su formato más elástico y radiable para contestarle a quienes los detractaban por aquello.

La banda de Walter Giardino celebrará los 25 años de su disco debut y los 20 de El libro oculto este sábado en el Malvinas; aquí, recordamos esas obras fundamentales

"Miguel Roldán me dijo que estaba loco si pretendía que ellos tocaran eso. Ese fue el principio de mi despedida", explica Giardino, quien duró el V8 el tiempo que el otro guitarrista de la banda tardó en revelarle lo que podía suceder con las cuatro canciones que había él compuesto para el grupo. Su amigo Roberto Cosseddu (por entonces bajista de Kamikaze) lo notó desalentado y le recomendó grabar un demo con esas composiciones para enviarlo a los estudios Abbey Road, donde el por entonces bajista de Kamikaze tenía algunos contactos generados en los viajes que él realizaba a Europa para munirse de los vinilos que luego vendería en Music Shop, su disquería en el barrio porteño de Flores. "Después de V8 me parecía muy difícil continuar intentando cosas en Argentina porque no veía mucho entusiasmo en el heavy, pero después de la sugerencia de Roberto me la rebusqué para armar una banda y grabar esos temas", cuenta Giardino.

El primero que apareció fue Gustavo Rowek, baterista de los dos primeros discos de V8 y autor de "Destrucción", su canción trascendental, que en simultáneo estaba armando con Osvaldo Civile la protohistoria de lo que luego sería Horcas. El círculo lo cerraron el cantante Rodolfo Cava y el bajista Yulie Ruth, a préstamo desde Alakrán. Esa formación, sin nombre, grabó "Chico callejero", "Rompe el hechizo", "Gente del sur" y "La bruja blanca", las cuatro canciones que Giardino había compuesto originalmente para V8. El resultado entusiasmó a Rowek, quién abortó sus planes con Civile y convenció a Giardino de trabajar juntos en la continuidad de ese proyecto. "Gustavo me dijo de intentar algo más, pero teníamos que volver a buscar músicos, porque Rodolfo (Cava) y Yulie (Ruth) solo habían estado por el demo", recuerda Giardino, que por ese entonces ya se estaba vinculando con Saúl Blanch, ex cantante del grupo de hard rock Plus. "Un día lo ví a Sergio Berdichevsky tocando la viola en WC y me gustó su energía y su parada arriba del escenario. y por medio de él conocimos a Guillermo Sánchez en el Stud Free Pub de Belgrano, en una de esas noches de rock".

El grupo debutó en agosto de 1987 en el Teatro Luz y Fuerza con un despliegue escenográfico impactante gracias a la colaboración de Federico Rowek, padre de Gustavo y director de iluminación del Teatro Cervantes. Saúl Blanch canta un show más y se retira de la banda. Lo sustituyen sin éxito el platense Carlos Périgo (que dejaría la letra de "Días duros", grabado en Magos, espadas y rosas) , nuevamente Rodolfo Cava y Shito Molina, quién se queda sin voz a poco de grabar el primer long play. Apremiados por los tiempos y los compromisos con la discográfica, Giardino y Rowek vuelven a solicitar los servicios de Saúl, quién le pone la voz a siete de las nueve canciones grabadas. Las otras dos, "Preludio obsesivo" y "Otoño medieval", son de carácter instrumental y aparecen firmadas por Roberto Conso, quién según un corrillo de fuerte circulación figuró en el crédito para cobrar una deuda que la banda mantenía con él. "Eso no es cierto", aclara Giardino. "Era un productor que trabajaba con nosotros al que le obligaron exigirnos esa cláusula de incluirlo en los créditos, aunque con el tiempo tampoco me devolvió los temas. Por supuesto, él no tuvo nada que ver con esa composición. Creo que si le colgás una guitarra y le pedís que toque "Preludio obsesivo", se queda haciendo puchero con la púa entre los dedos", dice, entre risas serias.

La banda de Walter Giardino celebrará los 25 años de su disco debut y los 20 de El libro oculto este sábado en el Malvinas; aquí, recordamos esas obras fundamentales

El disco fue grabado entre el 10 y el 22 de agosto de 1988 con equipos prestados de las bandas Lethal y Sabotage, y se gastaron alrededor de 3 mil dólares. De frente, un castillo se recorta en el cielo azul de una luna plena; al dorso forma en blanco sobre negro un quinteto que no se volvió a repetir en 25 años hasta la próxima noche del sábado 18. Más que un vinilo, aquel disco era una piedra preciosa genuina con encastres más o menos evidentes, definitivamente más cercanos al homenaje y la relectura reverencial que a la copia por la copia misma, tales los casos del riff a lo Accept de "La misma mujer", la guitarra cabalgada de "Solo para amarte" con el mismo sincope de Blackmore en "Highway star", las intervenciones poseídas por el espíritu de Yngwie Malmsteen en "Rompe el hechizo" o los falsetes dignos de Rob Halford a los que Saúl Blanch fue capaz de llegar en "El último ataque".

Guardan para sí Giardino y compañía en ese trabajo iniciático unos cuántos méritos de su exclusiva pertenencia: canciones de extensiones inéditas ("Gente del sur" llega a los 8 minutos, el doble que cualquier tema de Riff o V8), pasajes de gran riqueza armónica, compositiva e instrumental y la orientación hacia cierta prédica fantástica con hechizos, castillos, gitanas y demás argumentos medievales, tan característicos de una época en la que, sin embargo, el principal himno resultó ser un tema de indudable extracción urbana y contemporánea como lo fue (¡como lo es!) "Chico callejero".

Cuentan que para renovarles el contrato, la discográfica Polygram les exigió vender al menos cuatro mil copias en el semestre siguiente al lanzamiento. Después de presentarlo a fines de 1988 en el Teatro Alfil, el número fue cuadriplicado y Rata se ganó el derecho a grabar su siguiente álbum, para el cuál ya tenían casi todas las canciones de antemano. "Era una etapa muy creativa, al punto que cuando grabamos el primer disco ya teníamos casi todo el material del segundo", apunta Giardino. Se trata de Magos, espadas y rosas, ya con Adrián Barilari a la voz de una época de ascensos frenéticos y alcances masivos. De centenas de shows y giras por año, también de éxitos radiables como "Mujer amante" o "La leyenda del hada y el mago", playbacks en Ritmo de la Noche o recitales en el circuito de bailantas como argucia para sortear la escasez de salas roqueras.

La Biblia junto al calefón, o al menos eso les hicieron creer quienes pusieron en duda su reputación y su legitimidad, viciando de nulidad los alcances artísticos del grupo en virtud de ciertas concesiones que se prejuzgaban improcedentes. Los críticos y detractores fueron el abono de El libro oculto, una pequeña pieza de cinco canciones urticantes y agresivas (en términos sonoros y literarios), hoy objeto de culto y veneración pero que en ese 1993 solo ofrecía postales de angustias y enconos. "Ese disco manifestaba nuestra disconformidad con lo que estábamos recibiendo de algunos medios", argumento Giardino.

"Nos banalizaron estúpidamente, como si la banda era sólo un tema o si había llegado adonde llegó por haber tocado en el programa de Tinelli. Estábamos realmente muy enojados y salió ese disco, que es picante y no tiene baladas". Una catarsis cataclísmica, no sólo por el contenido de algunas de sus canciones ("Basura" y "Cuarto poder" son el claro ejemplo), sino también por el desenlace del proceso creativo: tras cinco años, Adrián Barilari anunció su despedida justo en el Obras donde Rata iba a presentar El libro oculto.

Se sucedieron Mario Ian y Gabriel Marian, pero ninguno de ellos pudo sobreponerse a un desbarranco que era inevitable. Rata Blanca fue apagándose lentamente hasta desaparecer, tan solo por un tiempo, entre 1997 y 2001. Luego, regreso, resurrección y redención. Y la reinvención de una leyenda, preciada de tal, que este sábado podrá darse el gusto de mirar en retrospectiva y celebrar un pasado que sabe menos a revancha que a genuina reivindicación.

Por Juan Ignacio Provéndola


Quienes leyeron esta nota, también leyeron: