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21.05.2013 | 09:07

El abrazo de Palo Pandolfo

Al frente de La Hermandad, el ex Don Cornelio y la Zona y Los Visitantes, define su presente como músico gracias al diálogo con su propio pasado

Hasta ahora, cada paso de la carrera de Palo Pandolfo era de alguna manera la antítesis del eslabón anterior en su cadena de producción como músico y compositor. Al post punk rabioso y oscuro de Don Cornelio y la Zona (tal vez la postal más fiel del costado más lúgubre de la escena local de los '80), le siguió el cancionero de Los Visitantes, ya más anclado en la cultura de ambos márgenes del Río de la Plata. Con el cambio de milenio, a Palo le llegó la hora de medirse como solista, con una serie de discos que son el correlato de su cambio de vida en el nuevo milenio, en pleno oeste profundo del Gran Buenos Aires. La elección de los nombres de las bandas que lo acompañaron en esa etapa dicen bastante sobre su momento: La Fuerza Suave y Ritual Criollo tenían tanto que ver con el intimismo como también con la celebración de los orígenes.

Pero eso era antes. Ahora, al frente de La Hermandad, Pandolfo presenta Este es un abrazo , su cuarto disco solista (quinto si se cuenta el inédito Intuición , del 2002), que es también el primero en trazar un círculo completo entre su pasado y su presente. El ciclo se completa este 22 de junio en Niceto, en lo que será la presentación en sociedad de un trabajo que costó año y medio en materializarse.

Este disco te encuentra al frente de una banda después de mucho tiempo a solas...

La mayoría son músicos del oeste, que vinieron recomendados por El Chávez y por Charlie Desidney, coproductor junto a Goy Ogalde. Quería armar una banda de rock con impronta territorial, con identificación, con altura y vibración. Este disco necesitaba una banda y mi repertorio en vivo también. Ritual Criollo fue un experimento acústico que duró un montón de años y fue maravilloso. Los chicos vienen recomendados por productores, así que hay un nivel de calidad increíble. Para mí, estos pibes son del carajo. Con algunos habíamos hecho La Fuerza Suave , y le daba una impronta humana porque somos muy amigos. La banda tiene una pata totalmente emocional, para mí es un éxtasis. De alguna manera logramos concordar un ritmo de ensayos fuerte que es oro, es la verdad absoluta.

¿Estabas cansado de estar tan al frente?

La Fuerza Suave y Ritual Criollo fueron bandas más dentro del universo solista. Acá fui a armar una banda porque la necesito, yo me muevo así porque es como funciono. Ni siquiera es porque quiero, porque preferiría ir solo y que todo el mundo me reverencie como a Yupanqui (se ríe). De alguna manera lo mío es rock, y por más que esté solo con la guitarra termino haciendo una bola de ruido infernal, tocando "Botes quebrados" y a la gente le agarra miedo. Ante esa calidad interpretativa mía, que de a ratos es medio salvaje y después es casi femenina, la banda es fundamental. Para un intérprete cualquiera, el 75% es la banda. Sinatra es un 70% la orquesta y un 30% él, con su histrionismo y sus swings duros. La banda es todo, y yo me manejo de una manera muy intuitiva. No tengo partituras ni demos grabados. Yo a ellos les toco la canción con la guitarra, y tengo un cuaderno con letras por las dudas. La composición sola se alineó con mi repertorio histórico, y de alguna manera es un disco que cierra un círculo de 25 años.

Es tu primer disco solista que dialoga un poco más con tu pasado.

Sí, eso me dijo Alejandro Varela, de S-Music, que fue por lo que se interesó en el proyecto, y de alguna manera yo también lo veía. Está dado desde la composición, porque aparecen cosas que hacía inclusive antes de hacer Don Cornelio. Yo empecé a componer en el 77 y hacía rock, y mis referencias eran los Beatles, Almendra y Sui Generis. De ahí pasé a Led Zeppelin, Pappo's Blues , Pescado Rabioso, Yes y todo lo demás, Aquelarre, Arco Iris y Los Jaivas. A los Beatles los escuchaba desde chiquito, así que tengo muy manjado toda la cultura de los 60, de la que siempre hay que tener un párrafo. De alguna manera hay que saber que había un fundamento filosófico que era de trascendencia, del alma, del karma, que cada acto y pensamiento tiene una consecuencia hasta la eternidad. Pero tenemos que fumarnos que las fantasías guevaristas de un sector de la clase media que arruinó el movimiento de revolución cultural que podría haber sido más fuerte, y nos podría haber dado generaciones de políticos menos corruptos que los que ahora tenemos. Hay exiliados desde los 60, y a mí no me entra en la cabeza. ¿Qué clase de sociedad se pone a reventar sus propias cabezas, que son los que van a defender a tus hijos en el día del mañana, como médicos, ingenieros? ¿En qué sociedad cabe reventar cabezas académicas?

De alguna manera hablás de eso en "La rebelde", al mencionar a "esa especie tan colgada de los huevos de la corona británica".

Claro. Los Visitantes era algo criollo, casi de música de ancestros, pero con una energía casi hardcore, bien punk. Hasta la segunda mitad de la década de los 90, que se dio la muerte de todas las culturas, era la sobrevaluación de todo. Para mí era un arma discursiva, enseguida me di cuenta de que eso era resistencia cultural. Lo empecé así y lo justificaba desde ese lado, porque era hora de tocar algo con aire de tango y dejar de ser una esponja anglosajona. Hay una parte de la población argentina, sobre todo en Buenos Aires, que se lamenta de no haber sido colonizado por Inglaterra. Igual, yo creo que la vida empieza a los 40. Hasta esa edad, es todo a partir de elecciones inconscientes. A partir de los 40, elecciones conscientes, en mi caso gracias al yoga, obvio.

¿Cuáles de esas elecciones inconscientes te favorecieron en más de 25 años de carrera?

Yo siempre digo que tengo un ángel que me cuida, y creo que fueron sus elecciones las que me guiaron en la melodía y la letra. Antes era muy ignorante, sobre mí y mi vida. Hay algo que es elemental, que es la gran Harrison, que es el yoga, la meditación. Con mi mujer empezamos yoga con un yogui increíble que la vivió en los 70. Tiene rock and roll y política, desde el anarquismo del suburbio, pero con militancia cultural. Tanto me rompió las bolas que empezamos a ir, y es un antes y un después, como la droga. Te permite trabajar toda la locura de una pepa sin nada, lo cual para mí es genial, porque quiero estar re del orto, pero también tengo hijos, y tengo que abrazarlos y transmitirles una gran vibración. Yo tengo un límite angélico, porque tengo un cuerpo medio descontrolado, pero adentro mío existe una luz, está el bien. Y eso fue lo que me llevó el yoga.

¿Pudiste trasladar eso a tu manera de escribir canciones?

Yo en este período dejé de componer mientras hacía el disco, para centrarme en lo que tenía que hacer, hasta que lo entregué a imprenta. Pero estaba bastante trabado, y la clave fue Twitter, porque entre tanto retuit y gilada empecé a tirar un par de tuits poéticos. Como son cuatro líneas, es casi zen porque se tiene que resolver con una primera línea que oculta, la segunda que muestra, y así. Entonces tuve un momento de tranquilidad, me pude encerrar en mi lugarcito, afiné la viola y la letra venía sola. Abro el tuit, y tenía una belleza, cierta fantasía cantábile, un trabajo de la forma. Hice cuatro temas así, de a uno por semana. Atrapar esa emoción primera y ponerlo en cuatro líneas que logren llegarles a los demás es algo muy emocionante de los medios interactivos, y de ahí partir al automatismo de la soledad.

Tanto en el nombre del disco como en el de la banda que te acompaña hay una búsqueda de fraternidad...

Es un título que me parece que representa el fin último de la música. El "Bailen todos, compañeros, porque el baile es un abrazo" (canta el "Pa'que bailen, compañeros" de Troilo y Goyeneche). Yo vivo con esa dualidad de si soy un artista popular o de culto, y no quiero saber más nada. Me chupa todo un huevo, porque yo abrazo. Me parece que cantar y tener el corazón a la altura de los brazos, y poder utilizarlos para expresar es también abrir ese corazón. Es algo muy en la línea de los 60, "que viva la gente", en la línea del amor. Lo bueno es que La Hermandad tiene una lectura hermética, y lo único que hay en Google es un jueguito de templarios con capucha y espada, así que si queremos hacer el disco de doom metal ya tenemos el juego y el nombre (se ríe).

El año pasado se cumplieron 25 años del debut de Don Cornelio y la Zona. ¿Cómo ves a la distancia esa parte de tu pasado?

Yo lo que hago con este disco entre tantas otras cosas, es un abrazo entre los dos discos de Don Cornelio, pasado por Los Visitantes, y es una especie de reformulación de toda esa estética que siempre la vengo desarrollando en vivo. Por más que yo compuse "Estaré", sigo cantando "Botes quebrados". Para mí lo mejor es Joy Division, y después viene todo lo demás, junto con Billie Holiday. El post punk nunca lo dejé, y cuando me hice solista, el tema que abre el primer disco, "Virgen", es como un grunge limpio medio trash y frío, con Gil Solá y el bajista de Natas, una cosa super heavy. Ese revival que hubo en el último tiempo me parece divertido, no me jode. Enganchaba mucho en Kabul, y tenías una banda que cantaba igual a U2, después la otra que era más Robert Smith, otra igual a Talking Heads, y una más Joy Division. Encontrabas los moldes, los calcos y ahí ya rozaba el mal gusto. El objetivo principal de tener una banda que me acompañe es que se pueda bailar, que es una maravilla de los 80. Salíamos del hippismo y del progresivo y en las discotecas pasaban "El Rosario en el muro" y "Ella Vendrá", y tocábamos en esos lugares, hasta que estábamos re dados vuelta de post punk, merca y ginebra que era todo una especie de bestia totalmente perdida que se transformó en cosa de culto.

Escuchá Esto es un abrazo completo acá



Por Joaquín Vismara

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