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29.05.2013 | 10:55

Viticus, con mucho por hacer

La banda, comandada por Vitico, secundado por su hijo y su sobrino, celebra sus primeros diez años de vida este sábado en Vorterix

Padre, hijo y sobrino

A veces, es bueno contar con un plan. En otras ocasiones, dejar que las cosas fluyan ofrece resultados tanto o más fructíferos que si se hubiera seguido una estrategia. Con el cambio de milenio, Vitico contempló la posibilidad de volver al ruedo, tras un viaje al lago Titicaca, junto con su sobrino, Sebastián Bereciartúa. Al poco tiempo, su hijo, Nicolás, también fue de la partida, y con sangre joven al frente de un tándem de guitarras propio de Allman Brothers (a lo que debe sumársele el baterista Jerónimo Sica), lo que comenzó como un proyecto para grabar las canciones de Riff adaptadas a un sonido actual, cobró forma hasta volverse una banda con peso propio. Once años después, cuatro discos de estudio, dos dvds y un álbum en vivo son las credenciales que confirman una marcha constante que busca mantener vivo el legado de Riff mientras a la par escriben su propia historia. En definitiva, el bajista que alguna vez integró la utópica fórmula política "Pappo presidente y Vitico Canciller" hace lo que todos esperan de él: no detener su motor.

Elegiste salir a tocar con tu hijo y con tu sobrino en vez de con gente de tu edad. ¿Cómo influye eso en la dinámica de la banda?

Vitico: La verdad, hoy me imaginaba cuando grababa "La autopista" (del debut homónimo de Viticus, de 2003), y nunca hubiera pensado que iba a tener tanta suerte, como la de estar tocando ahora con un hijo, un sobrino, y un amigo de ellos. Me siento muy feliz por eso, porque el entusiasmo de ellos es enorme, y el mío también.

Nicolás: Obviamente, contar con la experiencia de él nos ayudó un montón en los comienzos, y hoy en día, después de diez años, también. Él se nutre de nuestra energía, y nosotros de su experiencia. Es un ida y vuelta, y por eso duramos tanto tiempo.

V: Es algo como de vampiros (se ríe), pero lo mismo pasa con el público. Vos le das energía y ellos te la devuelven.

¿Y cómo lograron sostener estos diez años, en un marco de independencia en cuanto a discográficas?

V: Lo más importante es la constancia, junto con lo bien que suena la banda. Aparte, nos llevamos bien. Como dijo Nico el otro día: la cuestión del parentesco frenó que alguno le hubiera metido una mano a otro (se ríe).

N: Sí, con otra gente por ahí nos habríamos terminado cagando a trompadas. En cambio, como somos familia, arreglemos las cosas de otra manera. Hubo momentos en los que cualquier otra banda se hubiera separado, y pudimos llevarlo adelante con la constancia, el profesionalismo y las ganas de querer sonar bien. También está el respeto de los colegas y la gente que se fue sumando, que por ahí se acercaron para ver qué estaba haciendo Vitico, y en los shows hoy hay gente que nunca vio a Riff, y quizás hasta nunca lo vio a Pappo.

V: El ser independientes también nos ayudó en que hacemos lo que queremos y cuando estamos de acuerdo, y si vamos teniendo ganas. Hoy empezamos a ensayar y nos salió un tema de taquito, pero no estamos corriendo porque hay que grabarlo ya. Lo vamos haciendo bien, lo mejor que podemos.

En su momento, Riff salió como respuesta a lo que creían que era el enemigo en el rock, que era Serú Girán. ¿Contaron con alguna premisa similar al momento de arrancar con Viticus?

V: No, porque eso que mencionás era más una cuestión semántica que de calidades musicales. La premisa era mantener ese fuego, esa intención. Yo no critico, cada quien hace lo que le parece y le gusta, tampoco los descalifico.

N: Convengamos que hoy en día, se le dice rock hasta a Axel.

V: Acá en Argentina desde que vieron a uno con el pelo largo y guitarra eléctrica hace 200 años, dijeron "Ese es rockero", y el tipo por ahí cantaba chacareras y no sabían cómo acomodarlo, pobre. Imaginate que por eso, cuando salió Riff, tuvieron que inventar la revista Metal ¡Y Riff hacía Rock! Bueno, Viticus lo sigue haciendo.

Ya llevan diez años en carrera. ¿Qué fue lo más raro que les tocó vivir en este tiempo?

V: Al principio, ni bien arrancamos, tuvimos una fecha en un lugar muy, muy grande, en el que había sólo dos personas y un perro. Tocamos igual (se ríe).

N: Lo más inesperado fue ir a tocar al País Vasco, en un pueblo que fue donde nació un pariente nuestro, un tararanosequé, el general Zumalacárregui. Hay un museo allá de él, y nos contrataron a nosotros porque somos descendientes.

V: Hice muchos estudios, con bibliotecas y todo.

Sebastián: Tocamos en la cancha de pelota paleta, y nos fue a ver la mayoría del pueblo, y también de pueblos cercanos, porque ahí hay uno al lado del otro en la Guipúzcoa profunda. No es que fuimos a cualquier lado, era la tierra de nuestros antepasados.

¿Y cómo les pega cuando desde el escenario ven gente que quizás vio a Riff hace 30 años al lado de alguien que por ahí ni había nacido en esa época?

V: ¡Les pido un autógrafo! Para mí, lo consistente es lo que se sigue haciendo, sonando bien, y cuidando mucho todo para que el público sea el merecedor de que todo salga bien. El objetivo es que la gente se vaya mucho mejor de lo que viene, contenta y feliz de haber visto una banda que suena y que contagia alegría. De eso se trata esta música, sin llegar a ser candengue ni música de casamientos.

N: De hecho, sobre el escenario de Vorterix va a haber tres generaciones en el escenario, porque se va a subir a tocar mi sobrino, el nieto de Víctor. Todavía hay esperanzas.

V: Hay un gen en la familia, vasco y musical. Además, te van superando. Es importante, porque tenemos los mismos gustos. Siempre anda cerca de esto, que es lo que hacemos.

¿Y cuáles son esos gustos que comparten?

S: Escuchamos todos los clásicos, no hay muchas cosas nuevas.

N: Yo le mostré Black Crowes y le gustó, pero igual es una banda que tiene veintipico de años.

V: Es que, de todo lo nuevo, ¿a vos te parece que hay creíbles? A mí no me llega ninguno, y no critico nada, pero a todos los músicos de antes, vos los mirabas y les podías creer. En eso estamos nosotros, porque es mucho más difícil tocarlo simple.


Por Joaquín Vismara

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