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31.05.2013 | 15:37

Los instrumentos #07: El acordeón inesperado de Julieta Venegas

O ese mágico momento en el que nos dan el mejor regalo que podamos recibir

Julieta y su instrumento preferido

Hacer un buen regalo es uno de los gestos más nobles a los que puede aspirar un ser humano para honrar una amistad, y un buen regalo, por más caro y exclusivo que sea, no se mide por su valor monetario sino por su valor afectivo. Y sino pregúntenle a Julieta Venegas, que pensó que sus amigos de Los Tigres del Norte le estaban prestando un acordeón increíble, hasta que de pronto cayó en la cuenta de que en realidad el instrumento había pasado a sus manos de forma definitiva.

¿Cuál es tu instrumento favorito?

Antes siempre usaba un acordeón Hohner, el modelo de estudiante, que es el más pequeño, pero hace algunos años empezaron a fabricarlo en China, de plástico, con las teclas de otro material, así que me cambié a Gabbanelli. Los Tigres del Norte me regalaron uno precioso que es mi favorito. Fue un momento muy fuerte, es una súper anécdota.

Por favor...

Íbamos a tocar juntos en la ceremonia de unos Grammy Latinos, y antes del show me preguntaron de qué color iba a ir vestida, porque ellos siempre están súper trajeados. Yo iba a ir de azul. Entonces me dicen "genial, combinamos perfecto. ¿Y tu acordeón de qué color es?" En esa época yo todavía usaba el Hohner, rojo, que además era el único que tenía: siempre estaba el riesgo de que se rompiera y me quedara sin instrumento. "Nosotros tenemos varios. ¿Por qué no elegís uno que te combine con el vestido?", me dicen.

¿Fuiste derecho al Gabbanelli?

¡No! Uno de los técnicos me acompaño, abrió dos cajas, y adentro había como veinticinco acordeones de todos colores, con diferentes tipos de teclas y botones, era increíble. Vi uno hermoso, con la bandera mexicana, y pensé "listo, este es genial". Era de una marca desconocida, medio de juguete. Pero el técnico me miró y me dijó: "No, Julieta: siempre que veas un Gabbanelli, escoge un Gabbanelli". Era una preciosidad, de una súper madera, negro, con piedritas, todo era perfecto. ¡Pero yo pensé que me lo estaban prestando!

¿Cuándo te diste cuenta de que te lo regalaban?

Tocamos en los Grammy, que fue un evento muy lindo, porque hicimos una canción mía enganchada con una de ellos, salió todo súper bonito, y de repente, una vez que termina la noche, se ponen todos a mi alrededor y me dicen: "Julieta, ¿te gustó el acordeón?" Y yo: "Sí, me encantó, qué cosa más divina". "Bueno, es un regalo de los Tigres del Norte". ¡Fue una emoción!

¿Lo seguís usando?

Ahora no tanto, porque es muy pesado y después de un rato me hace doler las manos, pero gracias a ese acordeón me puse en contacto con Gabbanelli y logramos que me hicieran uno más liviano. Igual sí lo uso para grabar. Por ejemplo, en Los momentos, el acordeón que se escucha al final de "No creí" es el que me regalaron los Tigres.

Igualmente casi no hay acordeón en Los momentos. ¿Por qué?

No sé, mientras hacía los demos siempre lo tenía por ahí cerca y pensaba "bueno, a ver cuándo lo uso", y al final nunca terminaba de entrar. No terminaba de convencerme de que hiciera falta, así que quedó afuera. No es que le haya cerrado la puerta al acordeón, pero en este momento había sonidos que no se me antojaba usar.

Venías de usarlo mucho en los dos discos anteriores...

Por eso esta vez decidí sacar todos los instrumentos que venía usando y grabar los demos con piano y sintetizadores, nada más. Ese fue el punto de partida: tenía ganas de usar otros timbres. No hay mucho más que eso, y tampoco lo pienso tanto. Seguramente vaya a seguir usando el acordeón, pero ahora ya sabía más o menos hacia donde me iba a llevar y quería ir a un lugar más desconocido.

Por Lucas Garófalo

La semana que viene: el ronroco ganador de Gustavo Santaolalla.

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