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03.06.2013 | 12:39

Esperanza Spalding: una revelación de piel canela con acid jazz

A días de presentar su último disco Radio Music Society en el Gran Rex, la cantautora y contrabajista habló sobre el matrimonio del jazz y el rap, de su lado indie y de su carrera

Antes de que se transformara en el batacazo del Grammy de 2011, al sacarle de las manos a un Justin Bieber montado en el Enterprise del apogeo la estatuilla de "Mejor nuevo artista", o de que los Obama la invitaran a la Casa Blanca para que, en 2009, formara parte del tributo que organizaron a su ídolo Stevie Wonder, Esperanza Spalding ya jugaba de local en la Argentina. Si bien la cantautora y contrabajista estadounidense desembarcó en el país con la chapa de "revelación del jazz" un año después de la aparición de su disco debut, Junjo (2006), lo que el público de acá nunca supuso fue que la impostura de ese adjetivo trascendía el mero marketing, pues está mujer de piel canela, criada en uno de los barrios más viscerales de Portland, estaba decidida a batuquear los pilares de un género obstinado por aferrarse a la ortodoxia, la misma que en esta orilla del Río de la Plata recibió con escepticismo el proyecto discográfico Montecarlo Jazz Ensamble, que, a mediados de los noventa, a partir del auge del acid jazz, aunó a maestros del estilo como Robert "Fats" Fernández y Jorge Navarro con el incipiente funk criollo.

A pesar de que el arrebato es propio, la introducción de Spalding en los escenarios argentinos se produjo de la mano del español Niño Josele, uno de los mayores referentes del neoflamenco, amén de guitarrista de Paco de Lucía, quien la invitó a formar parte, en plan de contrabajista, de la banda que le acompañó durante la gira de su disco Paz, que lo trajo en 2007 al Teatro Coliseo de Buenos Aires. Aunque su estreno como solista en este terruño llegó en 2008, apenas fue editado su segundo álbum de estudio, Esperanza, en el que participó el pianista santafesino Leo Genovese, devenido actualmente en su cómplice sonoro, repitiendo en Capital y llevando también su show a Mar del Plata y Neuquén. No obstante, el acercamiento de la exponente que se imaginó un futuro en la música tras ver en la tele un concierto del cellista chino Yo-Yo Ma con la cultura local sucedió durante sus días de estudiante en Berklee, cuando armó un grupo que tuvo de trompetista a un argentino que no sólo le presentó el tango, sino a Cuchi Leguizamón, del que versionó Cantora de Yala en su ópera prima.

"Gracias a Leo estoy aprendiendo mucho más sobre la música de allá, así como de la historia y la cultura argentina", asegura al otro lado del teléfono, desde su casa en Portland, y en perfecto castellano, la artista de origen afroamericano en cuyo ADN salta asimismo la ascendencia galesa y española, antes de su recital en el Teatro Gran Rex, el próximo miércoles, en el que presentará su último álbum, Radio Music Society (2012), al tiempo que repasará el repertorio de sus tres álbumes previos. "Siento que todo sucedió muy rápido en mi vida, y que mucha gente ha descubierto mi obra. Sólo han pasado seis años de la primera vez que estuve en Argentina, cuando fui con Niño Josele, y me parece asombrosa la manera en que creció mi público en esa parte de Sudamérica. Estoy consciente de las situaciones, de los eventos que fueron significantes, de la experiencia de ir practicando y aprendiendo, y de la evolución de nuestro show. Espero que el que recital que ofreceremos próximamente en Buenos Aires sea maravilloso, y que podamos transmitir los mejor de nosotros, algo muy lindo y con valor, a cada uno de los espectadores".

-Mientras que Chamber Music Society (2010), tu trabajo anterior, recurre a la combinación de jazz y música de cámara, tu más reciente producción, Radio Music Society , explaya una propuesta que se sostiene en la conjunción del género que te distingue con estilos dominantes en las carteleras musicales de tu país como el hip hop, el R&B, el soul y el pop. ¿Se trata de una obra conceptual dividida en dos partes?

-Al primero lo imaginé como el hermano introspectivo, al tiempo que R adio Music Society es el extrovertido. Es más para bailar. Acá no hay un concepto, sino los dos lados de un mismo sonido. La música que convive en ambos proyectos es similar, tiene un espíritu que dice que quieren vivir juntos. Durante el proceso de composición, nunca pensé en cuál álbum iban a aparecer las canciones. Así que con este grupo de temas no hubo un plan específico, sino un disco. Lo que me gusta de este repertorio es que fue creciendo, está despierto, y cambia cada día. Especialmente en los shows se nota, pues se transformó en un animal con vida propia, y en la banda intentamos acoger el espíritu que toma esa noche.

-¿Por qué invitaste al rapero Q Tip para que participara como coproductor de tu último disco?

-La cosa es que maneja bastante bien varios estilos musicales. Pese a que se le considera un artista de hip hop, conoce en profundidad el espectro sonoro. Debido a eso, pensé que su participación beneficiaría al álbum, pues supuse que lograría lo que quería escuchar y que ayudaría en el acabado de la instrumentación. Q Tip me parecía productor idóneo por su sensibilidad con los sonidos de la radio. Aunque soy una exponente de jazz, sé muy poco acerca de la manera en la que se graba una batería en alta fidelidad. Y él sabe eso a la perfección. Estuve muy contenta con el acabado de las dos canciones en las que trabajó como coproductor.

-En 2013 se cumplen 20 años del primer disco de Digable Planets, Reachin' (A New Refutation of Time and Space), una realización que popularizó el matrimonio entre jazz y rap. ¿Este tipo de hibridaciones fueron influyentes en tu manera de entender el estilo por el que te diste a conocer?

-El jazz rap es un poquito viejo para mí, pues lo que me interesa es lo que pasa ahora. Creo que en esta época los artistas se preocupan, como nunca antes, por toda la información sonora que está dando vueltas, además de que la música afroamericana disfruta actualmente de una gran cantidad de variantes. Lo que sucede es que los medios de comunicación o incluso el cine no le están prestando atención, de la manera que merece, a esas conexiones tan finas, en la que la novedad convive con artistas de los noventa y de la década pasada que no fueron muy populares, pero que hicieron experimentaciones fabulosas. No digo que ese disco de Digable Planets sea increíble, de hecho me encanta, aunque me atrae más diversidad que existe en este momento.

"Cierto, soy una cantante de jazz, pero no soy quizá lo que esperan", explicitaba Spalding, con su grupo sonando de fondo, en la apertura de un show que brindó en Austin (Texas), en 2009, para luego desflorar una de esas improvisaciones vocales propias del género, aunque bien de antaño, que concluyó con el desafiante: "No hago eso más, pues perteneció a otra época". Al margen de las innovaciones en el género que han propuesto figuras de otro palo como el finlandés Jimi Tenor, sintetizada en su álbum Intervision (1997), donde pasa por el tamiz de la electrónica minimalista el sentimentalismo jazzero, del grupo austriaco Elektro Guzzi, que adapta las la música dance al formato analógico del trío de jazz típico de la corriente acuñada en Chicago en el despertar del siglo XX, y de la penetrabilidad de la etiqueta nü jazz, impulsada por artífices del calibre de los ingleses The Cinematic Orchestra, en la que el groove, la cultura digital de la pista de baile y la libre improvisación establecieron un espacio para el apareamiento, la ganadora del Grammy 2012 en el rubro "Mejor álbum vocal de jazz" apuesta a la renovación desde un estadio distinto.

-¿A qué se debe tu interés por romper los esquemas tradicionales del jazz?

-No me interesa romper o proteger nada, esto se trata de mi vida. Busco el arte que me gusta, y lo que más deseo es disfrutar de mi experiencia dentro de la música. Ésa es mi pasión inicial, no me importa nada más. Quiero aprender sobre las cosas que me interesan, que disfruto, y lo que siento al tocar o cantar. Si esto viene de un lado, bienvenido, y si me llega del otro, pues también. Sólo espero estar varios años en esto, porque aún tengo mucho para explorar.

-Aunque tu radio de colaboraciones con artistas de diferentes estilos es vasto, una de tus participaciones más llamativas fue la que tuviste en el álbum Transfiguration of Vincent , del cantautor de indie folk M. Ward. ¿Qué recuerdas de las sesiones de grabación de ese trabajo, que este año celebra su primera década?

-¡Guau, es cierto! Lo hice en la época en la que vivía en New Portland, cuando tenía 17 años. Recuerdo muy poco de esa grabación, sólo que M. Ward es muy dulce y simpático, que la hicimos en una casa en un barrio por acá cerca, y que para llevar mi bajo al estudio tenía que usar mi auto.

-Si bien hoy sos una estrella del jazz, debutaste profesionalmente en la música con una banda de indie, Noise for Pretend, cuando tenías 15 años. Así que tenés tu Lado B...

-Desde los primeros años de mi vida, compuse canciones. Me encanta escribir e inventar, y en ese momento salía del mundo de la música clásica, porque estuve con el violín a lo largo de una década, y me cambié al bajo acústico. Quería trabajar, tener dinero, tocar y aprender sobre ese instrumento. Así que me llegó la oportunidad de formar parte del grupo. Me preguntaron si yo podía cantar mientras tocaba, y les respondí que sí. Entonces, durante las siguientes dos semanas, estuve practicando en mi casa porque nunca en mi vida lo había hecho. En esta banda me dieron la posibilidad de experimentar, y fue estupendo pasar esos dos o tres años con ellos.

Por Yumber Vera Rojas 

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