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14.06.2013 | 13:14

Estilo grunge: resistencia suburbana

Aunque en pequeños símbolos estéticos, el género que alguna vez representó una visión particular del mundo sigue vivo

Llamémoslo darwinismo musical. La mutación -la evolución o decadencia, la transformación o desaparición- es característica inherente a todo género: el tiempo erosiona y moldea a su paso, dejando algunas marcas dolorosas, motivando la fusión y la actualización de los sonidos y preservando sólo los rasgos más fuertes; la supervivencia del más apto se aplica a las bandas que configuran el mapa de un período histórico determinado. Pero la posibilidad de extinción absoluta acá no funciona como opción.

La historia del grunge abarca más de tres décadas: desde las influencias seminales con los Pixies hasta los que finalmente saltaron al mainstream, pasando por los episodios fundamentales y definitorios -la muerte, de Kurt, de Layne Staley, como catalizador pero también los Nevermind y los Ten-, los reflejos de que el tiempo dejó a muchos perdidos, algunos con más suerte en el reparto de estigmas (el culto, para Screaming Trees) y otros con menos (las difusas postrimerías, con Silverchair), y su contraparte femenina con Hole, Veruca Salt y más.

Pasaron casi treinta años desde el comienzo del grunge como paradigma, un concepto que primero fue subgénero musical pero que terminó convirtiéndose en forma de vida, en la definición de un lugar y una época, de una generación, y a pesar de que algunos de sus representantes continúan constituyendo -más o menos- fieles ejemplos de eso que alguna vez fue sistema de pensamientos y comportamientos (qué va: Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains, los Melvins, Mudhoney...), lo cierto es que son pocos los que lo profesan como en aquel momento.

A nivel estético, sin embargo, se puede encontrar una resistencia aislada: el revival de las camisas a cuadros, las remeras de mangas largas debajo de las de mangas cortas, el nuevo imperio del jean y los cardigan conscientemente corroídos contribuyeron a la persistencia de una imagen pretéritamente acompañada por (las crenchas largas, no olvidemos) una cosmovisión apática, y la rebeldía de un nihilismo imposible. Walas alguna vez confesó considerarse pionero local en la revalorización de la tendencia a usar las camisas cuadriculadas a la cintura y sus pelos largos y descuidados... Real o no tanto, lo cierto en que el grunge reside en estos pequeños símbolos; si lo hace, es porque aún sigue vivo.


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