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27.08.2013 | 11:46

Beach House en Argentina: la ensoñación del pop

El dúo se presentará en Vorterix, el martes 3 de septiembre; antes, habla su vocalista

Cuando Cocteau Twins desembarcó en el Teatro Ópera de Buenos Aires, en 1991, en el que fue su único show en el país, lo hizo con la chapa de grupo de culto. Si bien en aquella ocasión promocionaba su extraordinario álbum Heaven or Las Vegas (1990), que rescató el mejor trazo de la estepa narcótica que le valió un lugar en la historia de la cultura rock en los ochenta, la banda escocesa desabrochó la histeria de la audiencia porteña en el último tramo del recital, luego de que desenvainará "Lorelei", una de las canciones fundacionales del dream pop. A un año de la celebración de las tres décadas de Treasure, el pedazo de disco que incluye el himno del género (aparte de que fue el que presentó la formación histórica del combinado: Guthrie/ Fraser/ Raymonde), Beach House no pretende convertirse en la reencarnación del trío en plena era del hashtag, pero sí se alzó como el mayor emblema del regreso en los 2000 de la movida cuyos sonidos de guitarras y sintetizadores, antes que apelar a la unidireccionalidad, se regodea en la recreación cíclica de los estados de ánimo y las texturas.

No obstante, aunque no desestima su abolengo de novel adalid de la escena, el tándem de Baltimore acepta la etiqueta con pruritos. "Hacemos música pop", expedita sin rodeos la francesa Victoria Legrand, vocalista y tecladista de la agrupación que completa el violero estadounidense Alex Scally, al teléfono desde su casa en la ciudad más populosa del estado de Maryland. "No me molesta que se refieran a nosotros como artistas de dream pop, pero tampoco me detengo a pensar en eso. Si no hubieran llamado a nuestra música así, seguramente le habrían puesto otro nombre". De la progenie de exponentes que en la actualidad agitan esta algarada radicada en el territorio de los sueños, en la que sobresalen igualmente el laboratorio sonoro galo M83, el proyecto californiano Youth Lagoon o la banda neoyorquina DIIV, Beach House será el primero de sus artífices en venir a la capital rioplatense para franquear en directo, el próximo 3 de setiembre en Vorterix, el repertorio de su último disco de estudio, Bloom (de reciente edición en la Argentina a través de la escudería Scatter Records). Además, lo hará en el clímax de su popularidad.

Después de develar su disco Teen Dream, en 2010, la notoriedad no sólo del grupo, sino de la escena dream pop que comanda, trepó súbitamente. ¿Se esperaban semejante exposición?
Si bien estoy sorprendida y agradecida por la estupenda repercusión que alcanzó nuestra música, al mismo tiempo entiendo que esa respuesta es parte de un proceso que se dio de manera natural y gradual. Cuando fuimos por primera vez a España y Portugal, nunca pensamos que podríamos reunir a tantos fans o que seríamos populares. Desde entonces, esa estampa se repite en cada ciudad nueva en la que tocamos. Así que nos sentimos afortunados por la audiencia que asiste a los shows del grupo. Sin embargo, lo más importante para nosotros es cuidar la propuesta sonora. Si no fuera por eso, creo que nunca hubiéramos tenido la oportunidad de actuar en Buenos Aires. Que las canciones nos acerquen a la gente, es una sensación mágica e indescriptible.

Además de que se te considera la Stevie Nicks de esta generación, Bloom te confirmó como una de las grandes cantantes de la actual avanzada del pop independiente. ¿Es consciente ese trabajo vocal?
Para mí es un enorme cumplido que me comparen con Stevie Nicks. Aunque estudié música y me mantuve en constante entrenamiento, el desarrollo de mi voz se encuentra ligado a que en la última década estuve viajando, conociendo otros lugares. De manera que la madurez que adquirí en mi forma de cantar se debe a las diferentes experiencias que viví. Mientras este proceso suceda espontáneamente, ya sea en el estudio o en las giras, seguiré buscando melodías que se mimeticen con mi estilo interpretativo, y con las que pueda consolidarme en ese rol.


Victoria Legrand no sólo es capaz de provocar el éxtasis en las agudas canciones de Beach House. Su elocuencia al hablar es tan sexy, además con esa enronquecida voz que se explaya sostenida en el pasamano de la impasibilidad, que ahora es posible comprender por qué es tan insistente el cotejo que se instauró entre la vocalista del grupo creado en 2004 y Nico, la antinomia de la Velvet Underground. No obstante, amén del arquetipo del pop marchito que advirtió su desenlace tras la aparición de su debut solista, Chelsea Girl (1967), el universo de ensoñación de la dupla bracea asimismo en un océano de tonalidades cuyos azules pasan de la inocencia de The Zombies a la tensión de Neil Young, así como de la eterealidad de Spiritualized al barroquismo de Brian Wilson. Pero de lo que no hay rastros en la agrupación es del árbol genealógico de la exponente francesa, en el que destaca su tío Michel Legrand, pianista de jazz devenido en afamado creador de bandas de sonido para películas. De sus tres Oscar, ninguno fue para una de sus realizaciones más célebres: Los paraguas de Cherburgo (1964).

¿Cuánta influencia tuvo tío Michel en tu instrucción musical? ¿Te dio su opinión acerca del dúo?
No sé si tiene conocimiento del grupo o si escuchó alguna de nuestras canciones, porque, pese a que es mi pariente, no existe relación entre nosotros.

¿Alguna vez pensaste seguir los pasos de tu compatriota Laetitia Sadier, mientras fue parte de Stereolab, donde concibió un cancionero que pasaba con naturalidad del inglés al francés, y hasta mechaba ambos idiomas en un mismo tema?
El uso del francés en mis canciones es un tema complicado. Me gustaría, pero tengo que esperar el momento adecuado para que eso suceda. Si bien no estoy muy convencida aún, no descarto la idea de que algún día lo vaya a hacer.

Así como John Waters se preocupó por mostrar la expresión más freak de su Baltimore natal en sus películas, Beach House volcó la tenacidad de sus canciones en los recitales, al punto de que para la gira de Bloom en Estados Unidos y Europa diseñó dos puestas en escena diferentes. A pesar de que esa cuota de imaginería no formará parte de su inminente expedición sudamericana, la cantautora de 32 años advierte que su show en Buenos Aires si de algo carecerá es de cualquier conato de austeridad artística. "Éste será el final del ciclo de Bloom, por lo que no nos vamos a guardar nada. Creo que todos disfrutaremos de un espectáculo idílico y emotivo". Aunque reconoce que poco y nada sabe acerca del terruño donde otra Legrand, la Chiqui (había que hacer el chiste), ameniza la tevé con almuerzos (ahora dominicales) al mejor estilo de Dynasty: "No sé mucho sobre Buenos Aires, más allá del for export. Por eso en esta ocasión me manejaré con inocencia, por todo lo que deseo descubrir. Queremos que la Argentina sea un destino fijo en nuestras giras".

Por Yumber Vera Rojas


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