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15.09.2013 | 14:03

Bruce Springsteen en GEBA: Espíritu Santo

El Jefe regresó después de 25 años con una ceremonia de entrega total, conmovedora y mística

Fotos de Agustín Dusserre

"Con la poderosa E Street Banda (sic) hemos hechos miles de kilómetros solo para hacerles una pregunta: ¿sienten el espíritu?"

Así. Con el mismo español con el que saludó cuando salió a escena con su efusivo "¡Hola, Buenos Aires! ¡Hola, Argentina! ¡Hola, porteños!", Bruce Springsteen volvió a nuestro país después de 25 años. A Dios, o a quien corresponda, gracias. Mil gracias. Por la misa carismática a la que pudimos asistir anoche. Springsteen juega durante varios segmentos del show a ser un predicador poseído por la música. Nos pide a sus fieles con ese vozarrón "Let me see your hands!" e inmediatamente todos alzamos las manos al cielo y las hacemos vibrar. El Jefe trasmite la palabra. Tiene ese don. No importa el idioma. Llega al alma. Cala profundo. Porque hay honestidad en su mensaje y cariño en la forma de darlo tan generosamente. Una entrega total hacia lo que él cree y también hacia nosotros, hermanándonos.

Sin demagogia alguna, se arrodilla ante su congregación y nos canta cara a cara letras que están lejos de ser un sermón. En su constante peregrinación por las pasarelas que lo llevan y acercan a diferentes lugares del estadio/templo se encuentra con un devoto que está colgado del vallado por los sobacos. Se frena frente a él. Lo toma del rostro con ambas manos. Y apoya en su frente la suya. Cuando lo suelta, ese bendecido cristiano, no deja de temblar. Y no por el frío que hizo anoche y que el fuego sagrado de Springsteen contrarrestó.

Bruce, como un padrino cariñoso, deja que los chicos se acerquen a él porque sabe que de ellos es el Reino de los Cielos, que son el futuro, que van a ser el rocanrol. Sube a uno al escenario y canta junto a él. E incluso: lo deja cantar solo. Lo bautiza. Cuando se lo devuelve a su familia, el nene cambia la sonrisa que tiene a un gesto de desconcierto en los brazos del padre. "¿Por qué llorás?", quiere saber. "Porque estoy feliz", le responde a pura lágrimas su papá. Y llora él. Y lloramos todos.

El Jefe habla de espíritus, de gente que ya no está. Sus feligreses espontáneos aullamos como queriendo meter miedo durante un tema. Springsteen se permite la humorada al verse interrumpido su sonido minimalista de guitarra acústica y armónica por el avance de una formación ferroviaria acotando si no será un tren fantasma. Las pantallas gigantes que solo están ahí para mostrar lo que está sucediendo en vivo, toda esa energía, cuando interpretan "Tenth Avenue Freeze-Out" evocan en imágenes al tecladista Danny Federici y al legendario saxofonista Clarence Clemons; integrantes de la E Street Band que ya no se encuentran entre nosotros. En cuerpo. En el lugar de Clemons está su sobrino Jake: prácticamente una reencarnación.

La misa del Wrecking Ball Tour tiene muchísimos momentos festivos. No falta ninguno de sus himnos. Pero el instante de mayor comunión entre los que la ofician desde el altar y los que estamos asistiendo a ella indudablemente es con "American Skin". Donde el eco de esos 41 disparos de los que habla la letra se vuelve un salmo y hasta un mantra apenas iluminado por una luna que asoma tímida entre las nubes de tormenta. Forty-one-shots coreamos todos y la piel de gallina no es por lo helado del clima.

En el final, Springsteen se queda solo una vez más con su guitarra y armónica. Pero ya en inglés vuelve a hablar de preguntas. De cosas que quería saber cuando estuvo por primera vez con Sting, Peter Gabriel & Cía. Que prometió volver y que tardó más de la cuenta, más de lo que tenía pensado. Que entonces tenía hijos chiquitos a los que acompañar. Y que ahora que estos han crecido y que ya no lo necesitan tanto puede prometernos que va a volver y que no va a pasar tanto tiempo hasta su regreso. Que así como en el 88 se abrió un círculo que ahora se cierra, anoche se abrió uno nuevo. Y tras finalizar "This Hard Land", abanderando la guitarra como cruz, Bruce Springsteen se retiró. Podemos irnos en paz. Hemos visto al Jefe en GEBA. Demos gracias al Señor.

Por Leonardo A. Oyola

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