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17.09.2013 | 13:08

John Mayer en el Luna Park: canción animal

El cantautor estadounidense visitó Buenos Aires por primera vez; crónica y fotos

Fotos de Rodrigo Alonso

Allá abajo, en el campo de pie del Luna Park, una marea humana presumiblemente femenina se mueve con velocidad de un lado a otro cuando apenas acaban de apagarse las luces del estadio. Más cercana a aquellos bailes multitudinarios al son de "La petisita culona" que a lo esperable para un soft rocker como John Mayer, la reacción del público confirma la expectativa generada por el muchacho de Connecticut en su primera visita a estas tierras, esa misma que hizo que las entradas para la primera fecha anunciada prácticamente desaparecieran en un puñado de horas de preventa. Con ese cheque en blanco en mano, sólo restaba definir cuál de todas las facetas de Mayer iba a sobresalir en su versión 2013: si la del muchacho tierno de sus primeros años, la etapa introspectiva de Continuum o el camino hacia el country de sus últimos discos.

La sureñísima "Queen Of California", elegida para abrir la velada, parecía dar la respuesta final en los primeros tres minutos. La acción del propio Mayer, reemplazando a mitad del tema su guitarra acústica por una Stratocaster que dejaba ver sus años de servicio, indicaba que no sería tan sencillo encasillarlo. Esas demostraciones de destreza instrumental se repitieron a lo largo de todo el show: el riff en "Going Down The Road Feelin' Bad", el clásico popularizado por los Grateful Dead, fue uno de los mejores de la noche. Su pequeño solo de guitarra en "Slow Dancing In A Burning Room", guardando su púa dedicada por el artista Kostas Seremetis en la boca, y los raptos con la armónica en "Born And Raised" dan cuenta de lo mismo.

Así y todo, los segmentos acústicos mostraban a un Mayer más distendido, correctamente acompañado por su banda y en mejor conexión con el público. Pasó en "Half Of My Heart": "I can't stop lovin' you" canta el hombre y una parejita refrenda cada oración a arrumaco limpio junto a la puerta de salida; un rato más tarde, John encara el estribillo de "Free Fallin'" de Tom Petty y hasta uno de los acomodadores la canta bajito. "¡Esto es música nueva!", en un castellano más que correcto, fue la frase de presentación de "Waiting On The Day", uno de los cuatro tracks de Paradise Valley (su disco lanzado hace menos de un mes) que sonaron anoche.

Repartidos a lo largo del setlist, también hicieron lo propio el alegre y rutero "Wildfire", "Paper Doll" -non plus ultra de su clásica duck face al cantar- y el drama romántico 2.0 "Dear Marie": "From time to time, I go looking for your photograph online / Some county judge in Ohio is all I ever find", desliza el cantautor. Las muestras de versatilidad, reforzadas a pasitos del final con los pasajes soul de "Vultures", se confirman en "Gravity", el hit seleccionado para cerrar los bises. Un breve jam instrumental, encarado por el frontman con otra guitarra que ha vivido tiempos mejores, termina de la manera más sorprendente: un fan levanta una viola desde las primeras filas del campo, Mayer la toma, se la cuelga, la conecta y lanza un riff final para ganarse la última ovación. Se la quita, le escribe un autógrafo veloz y se la devuelve al fanático: si eso no es conectar con el público, vaya uno a saber qué será. Hoy, desde las 21, John Mayer se presenta nuevamente en el Palacio de los Deportes.

Por Ignacio Guebara

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