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¿Por qué brilla el oro de Diego El Cigala?

 
Foto de Juan Francisco Sánchez.

Justo cuando la encargada del Hotel Panamericano nos termina de decir que lo único que no podemos hacer acá es fumar, Diego El Cigala sale del ascensor frente a nosotros fumando hachís. Tiene sus cadenas de oro, todos sus anillos de oro y, en su muñeca derecha, muchas pulseras también de oro que cuando da la mano suenan golpeándose entre sí. "El oro es una cosa con la que ya no puedo no estar. Es como una identificación mía, propia", dice el cantante gitano de 47 años. "También le pasaba al genio de Camarón, que siempre iba con oro y pulseras muy bonitas."

El Cigala se crio escuchando a Camarón de la Isla y otros cantar en el patio de su casa, cuando llegaban amanecidos del tablao con su padre y su tío, Rafael Farina. Desde chico estuvo expuesto a los mejores cantaores flamencos de Madrid y el resto de España. A los 15 años, le pidió permiso a su padre para ir a cantar con la compañía de Paco Peña y lo llamó unos días después: estaba en Tokio de gira. Sin embargo, se mantuvo cantando para los bailaores y no grabó su primer disco hasta los 30 ("Las compañías pasaban de mí"), cuando El Gran Wyoming, Santiago Segura y otras celebridades que habían montado el sello independiente 18 Chulos, lo vieron cantar una noche en Casa Patas.

Desde entonces, El Cigala se ha convertido en uno de los intérpretes más importantes de su época, poniéndole su quejido gitano y su corazón puro a casi cualquier ritmo con total desprejuicio. Grabó junto al pianista cubano Bebo Valdés el clásico Lágrimas negras, de 2003; cantó tango y folclore; y en el último tiempo se volvió un ícono pop para las nuevas generaciones, a partir de "Cigala", el tributo que sacó Pxxr Gvng, un grupo de gitanos jóvenes que lideran la escena del spanish trap. "Le hicimos esa canción porque El Cigala es puro trap. Siempre ha sido muy moderno, ha sabido hacer cosas muy avanzadas de una forma muy atrevida", dice Yung Beef. "Es un pedazo de artista, es del barrio y se ríe de la vida, como nosotros."

El Cigala no sabe qué es el trap, pero escuchó la canción (donde cantan: "Lléname de oro, puta, soy El Cigala") y les envía su bendición: "Bendito de Dios si ellos me ven así, ¡me encanta!", dice. "Sólo puedo darles las gracias por acordarse de mí, y que Dios les depare en esta vida todo lo mejor."

En esta nueva visita a Buenos Aires (también tocó en Córdoba y Rosario) está fanatizado con el actor Favio Posca. Lo conoció hace poco por YouTube, y lo imita todo el tiempo con bastante exactitud. "¿Pitito? ¡Qué!", dice. "Los quiero muchíiiiisimo." Anoche lo llamó para invitarlo a sus shows en el Teatro Coliseo (Posca estuvo ahí el segundo día). "Justo tuvo una presentación la semana pasada, me lo perdí", dice El Cigala. "Si voy al teatro y lo veo en vivo, me da un ataque [se ríe]. Bueno, iría si no tengo que cantar, porque la risa es peor que un concierto. Provoca una afonía que te cagas y no cantas."

Ahora planea una gira con Omara Portuondo mientras graba en su casa de República Dominicana (donde está radicado) un disco de salsa con homenajes a Fania All-Stars y otros. "En el momento más triste de mi vida estoy haciendo mi disco más alegre", dice El Cigala, que perdió a su mujer, Amparo, el año pasado. Después se ríe una vez más. "¡Y sin saber nada de salsa!"

Por Juan Ortelli

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