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Iván Noble: Mi vida en 20 canciones

Hits de rock, tango y lecturas: el ex líder de los Caballeros de la Quema repasa su historia

Por Emilio Zavaley

 
Iván Noble en su primera casa, en Castelar. "En ése equipo grababa mis ideas musicales en casetes", dice. Foto: Fabián Laghi

"Esto es hacer arqueología personal", dice Iván Noble sentado en un bar. Piensa que el repaso que se le propone tiene sus riesgos: "Desenterrás objetos que a primera vista son valiosos, pero luego no lo son". Con los Caballeros de la Quema, fue coprotagonista del recambio generacional de los 90 que lideraron Los Piojos y La Renga y, tres años después de convertirse en tema del verano y meterse en la historia del rock nacional con "Avanti morocha", decidió empezar su carrera solista, cansado de la "absurda democracia" de las bandas. "Yo fui el primer traidor", dice. ¶ Mirando atrás sus 25 años haciendo música, se lo ve pasar de la tercera persona del singular a la introspección de la primera persona, de escribir inspirándose en las noticias que leía en el diario a relatar en un disco su divorcio de la actriz Julieta Ortega. Todo un viaje que hoy lo lleva a una autodefinición: "Me considero un escritor de canciones. A mí me interesa, más que nada, el texto".

"Primavera negra"

Primavera negra (Caballeros de la Quema, 1991)

Esa canción estaba en el demo que fue nuestro bautismo under. Recuerdo todo lo que significó la situación absolutamente artesanal de hacerlo, desde cómo lo grabamos hasta cuando doblamos las tapitas para el casete. Lo hacíamos en la sala de ensayo a la noche, y después los llevábamos a las disquerías de la zona. Morón, Ramos Mejía, y también a Zivals, en Corrientes y Callao. Llegábamos con nuestro bolsito y al mes íbamos a ver cuánto se había vendido. Nos decían "siete" y nosotros no podíamos creerlo. Es más o menos lo que se vende ahora. También era la época de salir a pegar afiches. Ahora tenés un show y lo promocionás en Instagram, Twitter y Facebook, pero todo empezó con el engrudo, que aparte había que saber hacerlo para que no se cayera el afiche. Salíamos todos de madrugada, y en tiempos de elecciones, para la una de la tarde no quedaba ni uno de los que habíamos pegado. Los tapaban con carteles de Armendáriz o Cafiero. Era una decepción.

"Patri"

Manos vacías (Caballeros de la Quema, 1993)

Yo escribía mucho basándome en noticias del diario. Esta era sobre una chica que había desaparecido. Pensaron que estaba muerta, pero después la encontraron. Se había ido con un noviecito: esas cosas que ahora te enterás que pasan cinco por semana. No me acuerdo por qué había sido medio emblemático, pero yo usé eso como excusa de una canción de típico descontento juvenil. Tal vez en ese momento quedaba muy escondida en el disco porque era la única del género canción, al que le fuimos dando más espacio con el correr del tiempo y yo como solista terminé de entender que es el lugar donde más cómodo me siento. Pero a decir verdad, al principio era un tema que nos parecía blando. Por suerte lo era, pero ahí nos preocupaba. Cuando lo escucho, me acuerdo que fue un esfuerzo muy grande cantarlo. Yo cantaba como un vikingo en celo. Manos vacías está todo cantado a los gritos, menos "Patri", porque el productor Guido Nisenson me decía: "Iván, ésta tenés que hacerla limpia, acá no grites". Me costó muchísimo. Agradezco que me haya insistido tanto. Me sonaba muy rara mi voz limpia en una época en que yo cantaba como un desquiciado.

"Milwaukee"

Manos vacías (Caballeros de la Quema, 1993)

Yo quisiera resaltar esta canción que me parece una de las mejores cosas que hicimos con Caballeros de la Quema. Un año antes había sido muy famoso el caso del caníbal de Milwaukee, un tipo que guardaba gente frizada en su casa. Eso nos había llamado mucho la atención y yo escribí una historia negra, como un policial, de un tipo que descuartiza a una prostituta, pero más en clave Tom Waits, incluso musicalmente. Duraba más de ocho minutos y el productor nos dijo: "Ustedes están locos, pero si quieren la ponemos". Terminó siendo una canción que los fans disfrutaban mucho. Me acuerdo que un día estaba poniendo la membrana en el techo de la casa de mis viejos, en Ituzaingó, porque cada tanto tenía que hacer laburos para justificar mi permanencia, y escuchaba la Rock & Pop. Siempre pasaban "Carlito", el primer corte de Manos vacías, y Mario Pergolini que recién empezaba con ¿Cuál es? dijo: "Siempre pasamos 'Carlito', pero quiero que escuchen esta canción de Caballeros de la Quema. Estos pibes están totalmente locos". Puso "Milwaukee" entera. Cuando me lo cruzo en el verano en Cariló, siempre le digo: "¿Te acordás cuando pusiste ese tema?". Para mí fue impresionante escucharlo en la radio.

"Me vuelvo a Morón"

Sangrando (Caballeros de la Quema, 1994)

Sangrando es el disco que menos me gusta. Es demasiado ecléctico. Era largo. Eramos muchos los que componíamos y, para no herir susceptibilidades, había una especie de absurda democracia donde todos ponían sus canciones. Pero "Me vuelvo a Morón" no estaba mal. Era una de las vertientes de la banda, que era medio funk moronense. El bajista que tocó en ese disco, uno de los miembros fundadores de la banda, Martín Carro Vila, traía esa cosa medio negra, medio James Brown. El estribillo decía: "Junto los trapos, fiesta de mierda, me vuelvo a Morón". Esa canción habla de nuestros primeros escarceos porteños. Nosotros grabamos el primer álbum y empezamos a ir a algunos eventos, como la fiesta de fin de año de la discográfica, por ejemplo. Para nosotros que vivíamos en Morón, ensayábamos en una casa chorizo y nos tomábamos el tren Sarmiento, ir a un evento en Capital era un poco como viajar a Nueva York. Estaba esa mezcla entre fascinación y seducción y una cosa de renegado barrial, de "esto es una mierda, volvamos a Morón a tomar cerveza en la esquina". Estaba esa tensión.

"Hasta estallar"

Perros, perros y perros (Caballeros de la Quema, 1996)

El origen de "Hasta estallar" es curioso. Me llaman de la compañía discográfica y me dicen: "Iván, nos están pidiendo un tema para una película y queremos que vos lo hagas". Me pasaron el guión, lo tuve en casa y compuse ésta que después no quedó. El film en cuestión era Caballos salvajes y el que quedó fue el de Andrés Calamaro, "Algún lugar encontraré". Además, éste es importante por otros motivos: de los que hice letra y música, fue el primero que tuvo cierta notoriedad, y era la primera vez que teníamos un featuring. León Gieco es un tipo que yo admiraba mucho. Había crecido escuchando sus discos porque mis viejos los tenían todos. Me acuerdo que cuando decidimos incluirla para Perros, perros y perros, pensamos: "Che, esta canción quedaría bien con una armónica, podríamos invitar a León". ¿Pero cómo hacíamos? No me acuerdo cómo, pero lo logramos. Grabamos en el estudio El Pie, de Villa Urquiza. Vino con su set de armónicas, se quedó toda la canción, nos cebaba mate. Fue muy generoso. Mis viejos no podían creer que había grabado con él. "Valió la pena tener a este grandulón en casa y lavarle los calzones hasta los 25", probablemente hayan dicho.

"Avanti morocha"

La paciencia de la araña (Caballeros de la Quema, 1998)

¿Qué puedo agregar al respecto que ya no haya dicho? Nada. Salvo decir que es una canción que casi se queda afuera del disco. La paciencia de la araña lo produjo Afo Verde y fue nuestro debut en las ligas mayores. Nos fuimos a grabarlos a Los Angeles durante un mes. Tal vez sea, con Fulanos de nadie, el disco más profesional de nuestra carrera. Eso para alguna gente es una buena noticia y para otra es una mala. Para muchos es el disco en el que nos vendimos. Antes de viajar a Estados Unidos, Afo nos dijo que quedaban pocos días para acercar nuevos temas y yo tenía éste dando vueltas que lo había compuesto para una chica con la que salía. Se llamaba Romina. Ella me dejaba, volvía y me dejaba de nuevo. Hoy en día está casada con un guardaparques español. Le dije a Afo que tenía algo para mostrarle y, lo tengo muy presente, me senté ahí con la acústica, lo toqué y dijo: "Inmediatamente se ponen a ensayarlo". El tuvo el ojo de tigre para darse cuenta de que servía. Sin embargo, no fue el primer corte del disco, ni el segundo. Fue el tercero y explotó. Yo estaba en Mar del Plata haciendo un programa de Rock & Pop Beach cuando lo lanzaron. Me empezaron a llamar de Buenos Aires a mediados de enero para decirme: "Noble, tenés que venirte ya a hacer el video de 'Avanti morocha'". La habían cortado hacía 15 días, en una época en la que todavía se vendían discos y era una demencia lo que pasaba. Me decían: "¡Disco de Oro!". Y a la semana: "¡Disco de Platino!". Yo salía de la radio y la escuchaba todo el tiempo en la playa, en los paradores y en los autos. Ahí me enteré cómo era cuando una canción se convertía en una bomba atómica. Eso partió la historia de la banda en dos.

Es una canción que combina dos cosas que no siempre se combinan. Fue muy popular y tiene anclaje emocional. Hay canciones populares que no tienen eso. "Vení Raquel" todos la bailamos, pero creo que no es un tema con el que la gente se adhiera emocionalmente. Se adhiere desde otro lugar, desde la joda. De "Avanti morocha" me han contado cosas tremendas. Historias de cáncer, de mutilaciones; personas para las que significaba mucho. Fue muy pesada desde el principio. Por eso cuando me preguntan por la significación política a partir de lo de Cristina Kirchner, es un dato importante, pero menor al lado de lo demás. Ya me habían pasado cosas muy fuertes con "Avanti.", mucho antes de que le guste a una presidenta.

"Madres"

La paciencia de la araña (Caballeros de la Quema, 1998)

Conocimos a las Madres de Plaza de Mayo en la organización del recital de Ferro, en 1997, Madres 20 Años de Lucha. A pesar de no haber militado nunca, los tipos de cuarenta y largos conocemos su historia desde el principio, y en ese momento estaba mucho más claro y nítido lo que habían significado en épocas de resistencia. La canción fue a raíz de conocerlas a ellas porque el impacto fue muy grande. A Hebe de Bonafini, que era la cara visible, pero también a todas las demás. Estaban todas en el recital. Para mí los dos días del festival fueron muy emocionantes, fue histórico. Estaban La Renga, Los Piojos, Divididos, Todos Tus Muertos. Ellas agradecieron mucho la canción y en los shows es muy lindo tocarla. Tal vez fue la canción más política que tuvimos los Caballeros, pero yo tenía ganas de que excediera eso: iba más por la poesía del dolor.

"Oxidado"

La paciencia de la araña (Caballeros de la Quema, 1998)

Fue tan fuerte lo que pasó con "Avanti morocha" que "Oxidado", que fue el single posterior, quedó un poco opacado a nivel medios de comunicación, pero en vivo era uno de Caballeros con el que la gente explotaba. El otro día me mandaron una foto de un paredón que decía: "Vuelvo a mi cucha rengueando estas ganas locas de volverte a ver". Tiene casi 20 años esa letra y a alguien se le ocurre pintarla en una pared descascarada. Esa frase me parece que está muy bien. Bah, dentro de lo que yo puedo escribir me parece que está bien. Es una de las que más me gustan. Hoy la sigo tocando. Está dentro del género canción, el que más me gusta hacer; americana, midtempo, y me gusta la letra. En ese entonces, yo trataba de traer ciertos modismos del tango a las canciones. Porque me gusta escuchar tango. La canción arranca "Oxidado y en la catrera", palabra que es muy del tango, del lunfardo. Nadie le dice "catrera" a la cama. Todo el mundo hace sus interpretaciones. "Se va desinflando nuestra milonga" y mucha gente decía: "¡Ahhh! Les habla a los que toman merca todo el día, de que se va bajando la bolsa". Y yo no tomé cocaína en mi vida.

 
La última formación de Caballeras de la Quema, en 1999. Foto: Fabián Laghi

"Otro jueves cobarde"

Fulanos de nadie (Caballeros de la Quema, 2000)

Cada vez que Joaquín Sabina venía a cantar a Argentina, nos veíamos. Como escritor de canciones, me parece muy certero, sabio y con momentos poéticos altos. Un buen día se me ocurrió que estaría bueno escribir una canción con él. Yo tenía la música, se lo sugerí y me dijo que sí. Estaba en su época brava, en la que te decía "¡Lo haremos! ¡Lo haremos!", y después no pasaba nada. Todavía no era común eso de los mails. Tenía que estar en Buenos Aires para hacerlo. Cuando vino a hacer una serie de Luna Park, lo fuimos a visitar al Marriot Plaza con Afo y me dice: "Haremos esa canción. La haremos este fin de semana". Era jueves. Yo vivía en Parque Leloir y quería saber qué día me acercaba para hacerla y él me repite: "Lo haremos este fin de semana. Quédate aquí". Me pasé de jueves a lunes en la habitación que estaba arriba de la suya para ver cuándo carajo la hacíamos. Después de cada show en el Luna, nos íbamos a Clásica y Moderna, y él me repetía: "Ivancito, mañana la escribiremos. Me despierto y la hacemos". Yo llamaba, me atendía Jimena, su mujer, y me decía que estaba durmiendo. Hasta que un día lo agarré a Joaquín y le pregunté: "¿La hacemos o no?". Abrió un whisky, echó a todo el mundo a la mierda y nos pusimos a trabajar. Me acuerdo muy bien y fue una gran enseñanza. Yo quería que él arranque a tirar ideas y cuando él se dio cuenta que yo no daba el primer paso, me dijo: "Si no me faltas el respeto, no vamos a poder hacer eso". "Ok", respondí y tiré la primera frase y después me descubrí diciéndole a un tipo que admiraba: "No me gusta tanto esa frase que dijiste". Salió de un tirón. Fue una noche larga, pero salió en un encuentro.

La versión grabada con Joaquín salió en la segunda edición de Fulanos de nadie y para hacerla pasó lo mismo que con la letra. Estaba la canción terminada, le había encantado y le digo que estaría bueno que la grabemos juntos. "¡Lo haremos!", me dijo otra vez. Cuando viajó para dar unos recitales en el Gran Rex, en la última fecha estábamos en el camarín y me pregunta: "¿Qué carajo pasó con esa canción?". "La tenemos que grabar cuando quieras", dije y su respuesta fue: "¡Hoy! Si tu consigues un estudio, la cantamos hoy". Encontré libre Panda. Teníamos dos o tres horas porque a las 10 llegaba una banda de cumbia. Entonces nos fuimos desde el Marriot en Plaza San Martín en un Corsa violeta que yo tenía. Ibamos por la Juan B. Justo y él, que viajaba con una botella de whisky, se asomaba por la ventanilla y gritaba: "¡Esto es lo que me gusta! ¡Cantar con mis amigos los martes a la mañana!".

"Sapo de otro pozo"

Fulanos de nadie (Caballeros de la Quema, 2000)

Otro tema de Caballeros, en esa tradición folk medio tiempo, que fue muy popular. "Sapo de otro pozo", de alguna manera, es nieto de "Patri". Musicalmente hablando. Fue hacerse cargo del género canción, que siempre había sido una tirantez dentro de la banda. Había algunos que querían rock más sucio, de garage, y otros, yo sobre todo, queríamos hacer más para el lado del acoustic-folk. Le había empezado a encontrar el gusto a componer mientras escribía y supongo que ése fue uno de los disparadores de querer ser solista. Tenía ganas de estar en mi casa con la guitarra, de hacer canciones más tranquilas y dejar de tironear sobre si rock de garage sí o no. Discusiones vas a encontrar en cualquier banda. Yo leo las notas que les hacen a los solistas y pienso: "Yo se los dije". Porque yo fui el primero que se fue de una banda. El primer traidor fui yo. El que inauguró la traición de los 90 y a mucha honra, fui yo.

"Un minuto antes de dejar de quererte"

Preguntas equivocadas (Solista, 2003)

A esta canción le tengo mucho cariño porque fue el primer corte solista. Tuvo que salir a poner el pecho y la cara en un momento en el que todavía no existían las redes sociales, pero estaban los foros, y los fans de Caballeros me destrozaban. Yo quería que fuera muy distinto a lo que venía haciendo. Me parecía que tenía que sacar los pies del plato, sobre todo en un primer disco. Porque si hacía algo símil Caballeros, con mucha razón la gente podría haberme dicho: "¿Para hacer eso por qué carajo no te quedaste en el grupo?". Y ahora es un clásico absoluto de mis shows. Está inspirada en un poema de Raymond Carver, que se llama "Un minuto antes de dejar de quererla", y me pareció buena idea eso de dejar de querer a alguien y saber que está por suceder. El video lo dirigió Luis Ortega y los camilleros que me llevan por la ciudad son Fernando Noy y un pibe. ¿Sabés quién iba a ser el segundo camillero, pero dos días antes del rodaje nos dijo que no podía? Omar Chabán.

"Argentinamente"

Preguntas equivocadas (Solista, 2003)

Este tema lo usó el gordo Lanata en Día D, el programa que tenía en América. Cuando fui a estrenar la canción, en el piso estaba, y en muy buenos términos, Martín Sabbatella, que en ese momento era el intendente de Morón. Esa fue la última vez que escribí sobre el país, como entelequia y como hastío. Probablemente haya sido por todo lo que pasó en 2001 y los meses siguientes. "¿Quién pone la mesa? ¿Quién escupe el vino? En este país que nos está comiendo vivos. ¿Dónde queda el postre cuando no hay cuchara? En este país que nos está cagando a trompadas." Sí, seguro fue por lo de 2001. Fue mi última aproximación a la canción comprometida.

"Como el cangrejo"

Nadie sabe dónde (Solista, 2004)

Otro muy lindo tema, también en la tesitura de desamor rutero. De todas maneras, de mis discos solistas, a pesar de que tiene una muy buena producción de Juanchi Baleirón, probablemente sea el que menos canciones aporta al repertorio en vivo. Es un álbum que por algún motivo no lo termino considerando tanto dentro de mi obra personal. El primer disco yo quería que fuera distinto y puede que en Nadie sabe dónde uno empiece a amigarse con cierto sonido. "Como el cangrejo" es un tema que podría ser de Caballeros tranquilamente. Incluso, viene de la época de la banda. Después yo modifiqué la letra, pero yo la tenía en la galera para Fulanos de nadie. No estaba terminada pero tenía una cuestión caballerosa.

"Bienbenito"

Intemperie (Solista, 2007)

El tema que le hice a mi hijo cuando nació fue para mí uno de los más lindos de mi vida. Por un motivo muy concreto: cuando uno logra exponerse, las canciones son mejores. A veces quedás en carne viva para el dolor y otras para el amor. Y en general nunca quedás en carne viva para el amor. Yo siempre digo en joda en los shows, pero en realidad lo pienso, que tengo toda una vida de escribir canciones de amor a chicas y, sin embargo, la canción de amor que más me gusta es para un hombre. Salió como un ejercicio personal. Yo sentía que le estaba hablando a mi hijo, de hecho él estaba en el huevito y yo le cantaba. Benito tenía meses y me miraba. Son una serie de consejos y está inspirada en "Herencia para un hijo gaucho" de José Larralde. Cuando uno es papá se pone todo tan frágil, y yo pensaba: "Acabo de tener un hijo, este pibe tiene un papá que hace canciones y las va a escuchar. ¿Y mirá si no estoy para contarle todo lo demás y están mis canciones? ¿Mirá si dentro de tres años me da un bobazo o me pisa un tren?". Entonces quise dejarle una canción casi como testimonio. Tiene 11 años y escucha Calvin Harris y Twenty One Pilots. Me parece que ahora le aburre la canción. Creo que ya debería escribirle otra. Uno debería hacerles una canción a sus hijos cada diez años.

"Olivia"

Intemperie (Solista, 2007)

En esa época escuchaba mucho los songwriters como Jack Johnson, Ryan Adams, Sufjan Stevens. Me gustaba el sonido de acústicas predominantes. Esta canción tiene que ver con ese sonido y ese momento. Además Olivia se habría llamado Benito si hubiese sido mujer. Y la letra es un rompecabezas. Es la historia de tres chicas que conocí. Una que andaba en rollers por el medio de los camiones en la Avenida Madero, tenía un culo para el campeonato del mundo y los camioneros le gritaban barbaridades todo el tiempo; otra que tenía una mona de mascota; y otra que era la típica hija de familia rica que la abuela era millonaria y bancaba a todos, pero que decía que iba a ser madre joven. Hice un Frankenstein de mujeres. Ninguna de ellas se llama Olivia y nunca supe si alguna se sintió reconocida en la canción.

"Parte por parte"

La parte de los ángeles (Solista, 2011)

Dentro de un disco de divorcio ésta es LA canción de divorcio. Está escrito desde el amor y también desde el dolor a mi ex mujer. Nunca desde el rencor. La letra es una autopsia de los motivos de la separación. De mis motivos, pero supongo que serán universales. Invité a Fito Páez porque pensaba que era, de alguna manera, como "El amor después del amor". No la canción en sí, sino el concepto. ¿Cómo hacés para seguir amando a pesar de que ya no ames, pero esa mujer es la mamá de tu hijo? Y aparte me parecía que musicalmente podía quedar muy bien ese dueto. Se lo conté, le mostré la canción. Su parte la grabamos en su casa, con su piano. Al igual que León y Sabina, Fito fue muy generoso.

 
En la gira de su disco Perdido por Perdido, en 2016. Foto: Adán Jones

"Si supiera cuál es mi vaso"

La parte de los ángeles (Solista, 2011)

Esto fue volver al rock un poquito más Stone, sin serlo del todo. Tiene esa intención y es un ejemplo de que una canción puede salir de cualquier lado y en cualquier momento. Ya estaba divorciado y hacía muchas fiestas en casa. Y en una, viene una chica y me dice: "Serías más lindo si te portaras mejor". Yo respondí: "Podría portarme mejor si supiera cuál es mi vaso". Al segundo dije: "¡Ojo!". Yo confío mucho en eso. En los relámpagos que suceden en cualquier momento, que son puntas de ovillo de la canción. Lo anoté inmediatamente y terminó siendo un tema. Hay canciones que son así: se pescan aunque uno no esté con la caña.

"Donde gustes y cuando quieras"

Pistolas al amanecer (Solista, 2013)

Esta arranca con una situación real. Ir a un bar, sentarme a tomar un trago en la barra, que haya una chica sentada al lado mío que seguramente la debo haber mirado porque era guapa, que ella me mire y medio borracha me diga: "Tus canciones no me gustan". Que como una cosa de seducción te digan eso, eso es un tema sin lugar a dudas. Yo tenía la letra que me gustaba, pero no la música. Con Vicentico nos vemos seguido porque nuestros hijos van al mismo colegio y un día en la puerta le consulté: "Tengo una letra. Sin compromiso, ¿podés hacer algo con la música?". Y me contestó que a él le encantaba ponerles música a letras de otros. A las dos semanas me la mostró en un programa de esos de la tablet, el Garage Band, y me encantó. Un par de días después la estábamos grabando.

"Llenemos las petacas"

Perdido por perdido (Solista, 2016)

Grabar con David Lebón fue muy emocionante. En mi habitación, al lado del de Boca del 81 con Maradona, tenía el póster de Serú Girán, que debe ser la banda que más veces escuché en mi vida después de los Beatles. La música es de Rubén Casco y cuando hice la letra pensé que podía ser pariente lejana de algunas canciones de Serú. Inmediatamente pensé en él. Yo lo llamé para invitarlo y me dijo: "Mirá, Iván, estoy preparando mi disco nuevo. No te quiero decir que sí y después que no". Me mandó al arco, pero me pidió que igual se la pasara para que la escuche. Al otro día me preguntó: "¿A qué hora hay que grabar? Me parece una canción hermosísima. Quiero grabarla ya".

"De Wilde a la cima"

Perdido por perdido (Solista, 2016)

Acá volví a pensar en el tango, en "Muñeca brava" o "Margot" que tienen esa mirada cruel de los tipos que vieron irse a la chica fascinada por las luces del centro. Ahora eso se ve en las mujeres que van a mostrar sus chats con un futbolista o un Evatest a los programas de la tarde de la televisión. Me parecen vidas muy tristes, pero hay cierta ternura en ellas. Pienso que al fin y al cabo todas son potenciales Wanda Nara. La diferencia entre Wanda y ellas es que llegaron 15 minutos tarde al VIP y que en lugar de casarse con un tipo que terminó jugando en el mejor equipo de Italia, lo hicieron con el número 6 de Claypole.

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