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Garbage mostró su versión renovada en el Luna Park

A 20 años de sus inicios, la banda presentó el disco 'Strange Little Birds'. Shirley Manson se enojó por una pelea en el campo. "No quiero que nadie se lastime esta noche", dijo

Por Gabriel Orqueda

Garbage volvió a Buenos Aires para presentarse en el Luna Park.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
“Supervixen”, “I Think I’m Paranoid” y una versión synth de “Stupid Girl” abrieron el show.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
Manson estuvo acompañada por Duke Erikson y Steve Marker en sintetizadores y guitarras y Eric Avery como bajista invitado. El baterista, productor y cofundador Butch Vig estuvo ausente por problemas de salud (lo reemplazó Eric Gardner).  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
En “Why Do You Love Me”, la cantante vio que dos hombres se peleaban y paró el show.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
"No lo voy a tolerar. Cortenlá. ¿No hay suficiente mierda hoy en este mundo para traer esto a un concierto? En serio”, les gritó a los que se peleaban.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
Pese al mal momento, Shirley fue afectuosa con el público, les agradeció que hayan ido al show y apoyó la lucha de "Ni Una Menos" y del colectivo LGBTQ.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
El cierre fue con “Cherry Lips”, uno de los momentos más pop y felices en la historia de la banda.  Foto:  RollingStone  / Agustín Dusserre
 

Puede que sus días en los charts y la radio hayan quedado en el pasado, pero a 20 años de sus inicios Garbage encontró nuevo vigor en su regreso independiente, un hecho palpable en su show de anoche en el Luna Park. En gran medida se debe a Strange Little Birds, el muy buen disco que la banda presenta en esta gira y que los define en esta etapa: en la búsqueda de la sustancia atemporal de su alt-rock con filos electrónicos.

Con su baterista, productor y cofundador Butch Vig ausente por problemas de salud (lo reemplaza Eric Gardner), Duke Erikson y Steve Marker alternando entre sintetizadores y guitarras y Eric Avery como bajista invitado, la banda hizo un balance entre el aquí y ahora, los viejos hits y lo más destacado de lo que hubo en el conflictivo período medio (en el que el grupo vivió una implosión derivada por el cambio de época en la industria, un impasse de siete años, un cancelado intento de lanzamiento solista de la cantante Shirley Manson y un regreso como banda independiente).

De zapatillas y calzas estampadas, con un vestido de flecos amarillo y el pelo rosa recogido en una colita torcida a la derecha, Shirley sale a escena para la trifecta inicial de clásicos "Supervixen", "I Think I'm Paranoid" y la versión synth de "Stupid Girl" que sonó en su primera visita hace cuatro años. Como vocalista, no podría estar en mejor forma. Los años han transformado ese dejo de apatía seductora y desesperanza épica en algo más urgente y suelto. Sigue siendo una exploradora del pesimismo, como prueban "Even Though Our Love Is Doomed" y "Night Drive Loneliness", dos gemas cinemáticas oscuras del nuevo disco que se destacaron en el set. Pero también se muestra afectuosa con el público, agradeciendo su presencia ("sabemos lo difícil que está pagar una entrada"), apoyando Ni Una Menos ("los seguimos desde lejos, como ustedes a nosotros"), saludando a los teloneros Utopians y dedicándole "Sex Is Not the Enemy" a los "fans LGTBQ" ("Quiero que sepan que les hacemos el aguante"). Mostró los dientes cuando cortó el final de "Why Do You Love Me" al ver a dos tipos del público a las piñas. "No lo voy a tolerar. Córtenla. ¿No hay suficiente mierda hoy en este mundo para traer esto a un concierto? En serio", les gritó, metiendo miedo. "Ahora tengo ganas de llorar, así que me voy a tomar un shot de whiskey porque eso me va a poner de mejor humor", dijo, intentando salir del momento anticlimático.



Recuperó el groove para el momento de "Vow", que apuntaló con fragmentos de "Don't Hurt Yourself", el tema de Beyoncé del disco Lemonade, del que Shirley es fan, seguido de una versión de intro onírica de "Only Happy When It Rains" que arrancó con la cantante acostada.

Tras los bises "Queer" y "Empty", a la hora y media de show llegó el cierre. Sonó "Cherry Lips", probablemente uno de los momentos más pop y felices en la historia de la banda, un guiño celebratorio tras tanto hit perturbado, que tiene sentido porque, después de todo, Garbage está en un buen momento.

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