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Hablan Por La Espalda vuelve a Buenos Aires

Fermín Solana explica cómo la banda fue y vino del hardcore al candombe en veinte años de carrera

Por Lucas Garófalo

 
Hablan por la espalda toca el domingo en el Festipulenta. Foto: Carlos López

En 1996, los uruguayos Hablan Por La Espalda eran los primeros y únicos exponentes del hardcore charrúa, un grupo de amigos recién salidos del colegio que cantaban a los gritos por la liberación animal. 20 años más tarde recibían el premio Graffiti (el equivalente a los Gardel argentinos) a "Álbum del año" por su disco Sangre, en una noche en la que el otro gran ganador fue Márama. En el medio, la banda pasó de definirse por oposición a la tradición musical de su país y de estar prácticamente prohibida en el pequeño circuito montevideano, a incorporar elementos del candombe en Macumba, un disco que los puso en el escenario de los festejos por el Bicentenario de Uruguay. Este domingo 26 tocan en la 25° edición del Festipulenta, en lo que será su tercera presentación en el festival rockero del under local.

¿Por qué les gusta tocar en el Festipulenta?

Porque el público es el que más disfrutamos nosotros, medio sacadito. Las dos veces anteriores hicimos doble función en días consecutivos, y los cuatro shows fueron súper intensos. En la última, el festival era en el Salón Pueyrredón, y paramos en un hostel que estaba en frente: lo bautizamos "El pabellón". Era bastante rancid. Fue una fiesta: íbamos y veníamos de un lado al otro. Increíblemente, una noche me perdí. ¡Estando en frente! Era imposible perderse, pero me rescataron de madrugada tocando timbre en la puerta equivocada. La primera vez en el festival, me acuerdo que también tocaba Alejandro Medina, de Manal. Lo conocimos en el back: estaba mamado como una cuba, pero salió al escenario y dio un show del carajo. Ese día hicimos un cover de No Demuestra Interés.

Su relación con la escena hardcore argentina se remonta a los comienzos de la banda...

La primera vez que nos presentamos allá, en 1997, fue en el "Encuentro Hardcore por la Liberación Animal", en un teatro cerca del Obelisco que creo que se llamaba "Cerrito". También tocaban bandas de Brasil y Chile. Nosotros viajamos con más de 20 amigos, que cuando tocamos hicieron un relajo bárbaro. Parecía que estábamos en casa. Para nosotros fue un debut triunfal.

¿Qué otros shows en Argentina recordás particularmente?

Hubo uno memorable en Temperley, año 2002. Un concierto mega casero, literalmente: fue en una casa. Me acuerdo que se descontroló. Había gente que se cortaba, se vieron autoflagelaciones de parte del público y de los integrantes de la banda. Era toda una situación de masoquismo. En el pogo había vidrios, sangre derramada, latigazos con cinturones de tachas... También me acuerdo de uno en Capital, en Tabaco, no sé si en 2004 o 2005 (ahí ya se me pierden un poco las fechas). Tocábamos con Baltimore In Love, una banda hardcore de allá, y hacía un calor demencial. La gente estaba totalmente poseída, la banda también, y yo desde el escenario sentía que estaba luchando contra el público que se me venía encima. Pero era todo disfrute, una conexión muy grande. Se sabían todas las canciones. Fue una de esas noches en las que nos sentimos locales en Argentina, que por suerte es algo que nos pasó muchas veces. Y después tuvimos varios inolvidables en La Plata, pero rescato uno en particular en un segundo piso medio frágil, en el que nos pidieron que no promoviéramos mucho el agite, porque el suelo no era muy estable. Se hizo tarde: salimos al escenario cuando ya estaba amaneciendo, y por momentos temblaba todo. Parecía que nos íbamos a ir derecho a la planta baja.

¿Cuándo te diste cuenta de que la banda iba a tomar un rumbo nuevo en lo musical?

Hay un tema, el "Candombe del temporal", que salió en los ensayos y nos encantaba tocarlo en la sala, pero lo sentíamos un poco desfasado con respecto a lo que nosotros pensábamos que era Hablan por la Espalda. Pero, por otro lado, lo disfrutábamos tanto que empezamos a hacerlo en vivo, sin tener mucha idea de lo que podía pasar. La reacción fue ambivalente: hubo gente a la que Macumba le encantó, y otra que nos odió por hacer eso. Durante muchos años, nosotros despreciamos un montón de elementos de Uruguay a nivel estético, hasta que nos dimos cuenta de que éramos parte de ese paisaje. En ese sentido, creo que "Candombe del temporal" fue el quiebre: cuando liberamos el tema, liberamos la banda.

 
"El público del Festipulenta es el que más disfrutamos nosotros: medio sacadito", dice Fermín Solana. Foto: Carlos López

¿Cómo fue volver a componer después de Macumba? ¿Había una presión para seguir por ese camino?

La verdad es que Hablan por la Espalda es bastante "cara cagada" con su público: no tenemos mucha conciencia de "lo que quiere la gente". Nunca la tuvimos. Hacemos lo que nos pinta, y para seguirnos tenés que tener la cabeza abierta. ¡Eso es lo más divertido! Macumba nació de un viaje de ayahuasca de mi hermano, que compuso todos los temas, y si el día de mañana él viene a la sala con cadenas doradas queriendo hacer un disco de hip-hop, capaz que lo seguimos.

¿Te parece que Sangre podría haber existido sin Macumba?

Algunos temas sí, otros no. "La carga" y "Cabeza de moto", por ejemplo, siguen la línea de Macumba, más que nada por el elemento percusivo, el ritmo y la influencia afro. Pero una canción como "Himno del incendio" no le debe nada a Macumba. Está más relacionada con la obra anterior de Hablan por la Espalda, y de hecho es como una síntesis de eso. A nosotros nos puede salir un hardcore en cualquier momento, como ahora, que estamos haciendo demos y hay alguno en esa línea. Puede haber un dub, un hardcore, un candombe, un tema blusero o un hard-rock.

En el último tiempo, la banda creció mucho en Uruguay. ¿Se te acercó gente que no esperabas para decirte que le gustaba Hablan Por La Espalda?

La noche del lanzamiento de Macumba, organizamos un encuentro en el bar "La ronda", en el que pasamos los temas del disco en vinilo. Fito Páez tocaba en el Teatro Solís, y cuando terminó el show fue para ahí. El loco escuchaba el tema "Vamos a movernos" y, después de cada riff, decía: "Muy buenoooo", o "Ahí vaaaa". El bar lo cerró él. Bajó las cortinas del lugar al grito de: "¡Cómo no hay un piano en este lugaaaaar". También me sorprendió un comentario en Internet en el que Dani Umpi le recomendaba Hablan Por La Espalda a Maitena. Y hace poco, en un festival gastronómico, se me acercó El Gran Gustaf, que es el cómico más popular de Uruguay -hace unos días llenó el Estadio Centenario-, y me dijo: "Ustedes son unos animales, gracias por la locura".

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