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Migos - 'Culture'

Quality Control - Tres estrellas y media

 
Culture.

Cuando en enero Donald Glover, el creador y protagonista de la serie Atlanta, cerró su discurso de aceptación de los Globos de Oro saludando a Migos, los héroes del hip-hop local, se sintió como algo más que un mero momento de orgullo cívico. El trío formado por Quavo, Offset y Takeoff quizás sea el grupo sureño de rap más influyente de los últimos años. Su hit de 2015, "Look at My Dab", inició un baile que fue furor en todo el mundo, y sus términos coloquiales ("bando", "piped-up") son clave en las redes sociales. Más importante aún, su flow eufórico y frenético fue emulado por Drake, Kanye West y J. Cole, entre otros. La declaración de Glover de que ellos son "los Beatles de esta generación" puede ser exagerada, pero si estaba pensando en el bombardeo vertiginoso de "Money (That's What I Want)" en comparación a "Twist and Shout", el tipo tiene un punto.

En el corazón del encanto de Migos está su rima polirrítmica e inflamable, un martilleo torrencial y aceleradísimo sobre bases centelleantes, suntuosas y funky (un estilo que importaron de Memphis y se lo apropiaron). Escuchar a Migos es como manejar un descapotable sin techo en un callejón empedrado: pura diversión salvaje disparada en todas las direcciones. Incluso los lugares comunes típicos de la lírica del género -despilfarro de plata, mansiones, tapados de piel- tienen un toque agregado de joie de vivre gracias a estos fuegos artificiales vocales.

El segundo disco de Migos no se aparta de la consistencia que caracterizó a la arremetida de mixtapes que lanzaron durante los últimos seis años, ni de su debut oficial de 2015, Yung Rich Nation. Es una colección contagiosa y compacta de doce canciones, casi todas las cuales podrían haber sido singles. En "All Ass" usan la expresión "beat the pot" [golpear la cacerola, una referencia a cocinar crack] como si fuera digna de una canción de cuna, "Deadz" transforma gritos de júbilo en una marcha de gladiador estilo Game of Thrones, y "Big on Big" expande la increíble facilidad de Migos para desplegar latiguillos graciosos.

Pero en Culture, Migos también sube la apuesta musicalmente, trabajando con algunos de los productores más hot de Atlanta (Metro Boomin, Zaytoven) para componer melodías más pegajosas que nunca, desde los giros amenazantes pero divertidos de "Call Casting" hasta el hit "Bad and Boujee", un tema aterrador con muchos bajos y un teclado malhumorado en el que Offset rapea: "Pasamos de la nada a algo", cargando su festejo triunfal con la gravedad del sueño americano.

En los momentos más fuertes del disco, Migos incorpora elementos de pop más clásico, como sus enfáticas expresiones orales ("Cash!", "Skrrt, skrrt!"), que son una actualización de las eyaculaciones inefables de James Brown; los juegos de palabras filosos; y su naturalidad para las piruetas vocales. Y si no, escuchen "T-Shirt", en la que Takeoff apila catorce variaciones de la misma combinación de vocales. Si alguna vez intentan hacer un Sgt. Pepper, seguro va a ser una fiesta.

Christopher R. Weingarten

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