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Cómo fue el show de Los Fabulosos Cadillacs en el Madison Square Garden

La banda cerró su gira por Estados Unidos en uno de los espacios del legendario estadio de Nueva York

 
Los Fabulosos Cadillacs debutaron en el Madison Square Garden. Foto: Carl Scheffel/MSG Photos

"No sé inglés, boludo", se excusa con una picardía inconfundiblemente porteña Vicentico, acaso innecesariamente. Es que, más allá de algún norteamericano acompañando a su pareja hispánica, blandiendo con paciencia un vaso -plástico, jamás vacío- de cerveza light, la enorme mayoría de las más de 5000 personas que se acercaron al Madison Square Garden el viernes 31 de marzo a la noche a ver a los Fabulosos Cadillacs procede de países latinoamericanos. Así es como en las entradas y pasillos se cruzan personas con camisetas de los Rangers, el equipo de hockey sobre hielo que juega esta misma noche en el estadio, y otras con las de Boca, San Lorenzo o la selección argentina. Además, ya en el interior del teatro, en la sección de a pie junto al escenario, varios esperan a la banda coreando la melodía de "Yo no me sentaría en tu mesa", su tema de Yo te avisé!! que ya es parte del cancionero popular argentino, y hasta se flamea una bandera con la tipografía de Fabulosos Calavera -y la sensación es que los Cadillacs, en esta lluviosa e incansablemente fría noche neoyorquina, van a jugar de local.

Este show fue el último del recorrido estadounidense de la gira internacional de la banda, en la que vienen presentando La salvación de Solo y Juan, su ópera rock de 2016 y su primer disco con material exclusivamente nuevo en 17 años. Pero para el público estos temas no son la única novedad: a los históricos y ya quincuagenarios miembros, se suman Florian y Astor, los hijos de Vicentico y Flavio. El primero toca la guitarra; el segundo se cuelga el bajo y se divide el trabajo con Fernando Ricciardi en batería: mientras el histórico baterista aporta exactitud en las bases y agilidad en los arreglos más murgueros ("Carnaval toda la vida"), el heredero Cadillac aporta furia y constante headbanging para alimentar el costado más pesado del grupo.

 
La gira estadounidense de LFC cerró con entradas agotadas. Foto: Carl Scheffel/MSG Photos

De los temas nuevos se destacan "La tormenta", cuyo vértigo recuerda a los Babasónicos de los 90; la melancólica "Canción de Solo para Juan", con Vicentico en la guitarra acústica; y especialmente "Averno, el fantasma", en la que, a través de los falsetes y alardes nostálgicos de un personaje cínico, se filtra una declaración de la actualidad de la propia banda. "Cuando era chico, yo era bailarín", canta Vicentico, y agrega, con un meneo lento y provocador, como un Guasón arrabalero y bondadoso a su pesar: "sigo bailando en este mundo sin fin", y así queda claro que al grupo aún le sobra poder de fuego.

Pero los temas que más movilizan a la audiencia -los que se festejan con bailes y porros que desafían la ubicuidad de guardias quisquillosos- son obviamente los clásicos, incluyendo temas de los ochenta, como "Mi novia se cayó en un pozo ciego" y "El genio del dub", que Vicentico todavía canta con su uniforme más emblemático, que mezcla la elegancia parodiada de un saco de esmoquin y guantes de cuero con la simpleza franca de un chaleco azul sin mangas y una remera salmón.

Sobre el final la seguidilla de hits es incesante. Una versión intimista de la genial "Basta de llamarme así", con Vicentico en la guitarra acústica y Flavio soleando en un bajo con chorus, es el momento más emotivo de la noche. "Mal bicho", de Rey Azúcar (1995), comienza con una parodia payasesca de marcha militar de Vicentico y Flavio, para luego disparar toda su violencia anti-violencia y sumar al tecladista Mariano Siperman, que además de los indelebles tintes salseros de los puentes, aggiorna el sonido de sus sintetizadores e incluye toques de cumbia villera en un solo.

Antes del final el grupo tiene reservado un truco. Vicentico le propone a la gente que se calle, durante "tres o cuatro segundos". Primero le cuesta, algunos aprovechan para vitorear a la banda, otros para requerir algún tema. Pero al final lo logra, aclarando que les pide que se callen para luego escuchar mejor: "nuestra propia explosión", después de lo cual el grupo vuelve a estallar, expresando quizás el mensaje que subyace a esta gira. Luego del hiato que supusieron los últimos años de silencio, reversiones y proyectos paralelos, los Cadillacs están de vuelta, "bailando", como el personaje de su nuevo tema, "en este mundo sin fin".

Patricio Orellana

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