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Juana Molina: obras completas

Del folk-pop de su debut a la electrónica fantasmal de su último álbum, un recorrido por la discografía de una artista que no quiso tomar ningún atajo en su camino experimenta

Por Lucas Garófalo

Juana Molina dejó una exitosa carrera en televisión para empezar de cero en la industria musical, desestimó el camino que pensó para ella un productor multipremiado como Gustavo Santaolalla, y nunca permitió que las puertas que se le cerraban en su país le impidieran abrir otras en el resto del mundo. A continuación, un repaso por la obra de la protagonista de la última tapa de Rolling Stone.

'Rara' (1996)



Dice Juana Molina que los demos de Rara sonaban más como lo que terminaría siendo su carrera posterior, y no tanto como este disco de canciones folk-pop. Si bien la idea de construir sobre loops y hacer crecer la instrumentación de manera gradual -que hoy caracteriza su estilo- se percibe en temas como "Vergüenza es robar y que lo vean", el álbum producido por Gustavo Santaolalla en general fuerza una estructura de canción tradicional que descubre a la Juana cantautora y esconde a la Juana productora.

'Segundo' (2000)

Un sonido de gaita va variando la afinación sobre un drone de sintetizador y un bombo fracturado, mientras Juana recita versos del Martín Fierro: así abre Segundo, que se despide del formato canción en un instante. Entre electrónica ambiental, arpegios acústicos que se repiten hasta el infinito y susurros sugerentes, Juana entrega su verdadera carta de presentación en el mundo de la música.

'Tres cosas' (2002)

"Cómo es posible que el progreso sea tan violento", canta Juana en "Sálvese quien pueda", y empieza a delinear un discurso, además de un estilo. El disco linkea en tiempo real con el sonido de Animal Collective y la folktronica que impacta en los festivales del Primer Mundo, al punto de que el sello Domino incorpora a Juana a su roster de artistas y edita Tres cosas a nivel internacional.

'Son' (2006)

La voz, que hasta ahora era un susurro, se convierte en una herramienta fundamental al ser sometida a efectos varios -aparece Björk como referencia- e incluso asume un rol percusivo. Quizás el disco más "loco" de Juana, que alcanza el clímax psicodélico en el tema que le da nombre al álbum, entre sonidos de trompeta y grabaciones que parecen pasadas al revés.

'Un Día' (2008)

Juana le redondea los bordes a su sonido disonante en un disco suave y de movimientos graduales, que logra una cohesión asombrosa entre las diferentes partes de sus temas de seis y siete minutos. Lejos de la instantaneidad de un hit radial, la artista muestra su propia versión del pop en la amabilidad orgánica y esotérica de Un día.

'Wed 21' (2013)

La paleta de sonidos predominantemente acústica que dominaba la obra de Juana empieza a mutar: lo eléctrico y lo electrónico ya no cumplen una función meramente ambiental, sino que irrumpen en ritmos y melodías de guitarras y sintetizadores. Si lo que distingue a su discografía es la organización del caos, nunca tuvo tanto material para organizar como acá.

'Halo' (2017)

Definitivamente despegada de la raíz folk, Juana evoluciona en un disco embrujado de bajos gordísimos y electrónica fantasmal. El misterio se agiganta en temas sin letra como "In the Lassa", "A00 B01" y "Andó", en los que inventa palabras o usa su voz para hacer sonidos guturales. La producción del álbum -que fue grabado en el estudio Sonic Ranch de Texas, un contexto totalmente distinto al estudio casero en el que Juana suele trabajar- privilegia el carácter físico de estos temas rítmicos y saturados, tan vibrantes que hacen temblar los vidrios.

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