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Lee Fields dio una masterclass de soul

El cantante norteamericano debutó en Buenos Aires con un concierto en Niceto llamado a ser histórico

Por Pablo Plotkin

 
A los 65 años, Lee Fields debutó en suelo argentino. Foto: Matías Casal

No es fácil que un artista de música pop suene mejor y más potente a los 65 años que a los 30, pero ese es el caso de Lee Fields, un veterano del soul que grabó por primera vez en 1969, que nunca dejó de cantar y al que los sucesivos revivals del R&B le dieron un nuevo aire, llevando su sonido de raíz a una dimensión nueva. Como les pasó a Charles Bradley y a Sharon Jones (fallecida en 2016), Fields gira hoy por el mundo con el estatus de una figura de culto para el público indie, y el martes en Niceto Club tuvo su debut porteño en un show que fue extraordinario por más de un motivo.

Por lo pronto, es la primera figura de la era dorada del soul que se presenta en Buenos Aires desde la última visita de James Brown (en 2005, completamente disminuido, el Padrino del Funk tocó en el Luna Park). El año pasado, Bradley canceló su gira y no actuó en el festival BUE, como estaba previsto. De manera que este concierto de entresemana de Lee Fields and the Expressions, en escala discotequera, tuvo el sabor de un evento histórico.

Fields salió al escenario metido en un saco de lentejuelas azules, moviéndose con gracia y firmeza entre sus músicos -una orquesta de jóvenes blancos profesionales, muy post-Mark Ronson- y demostrando rápidamente por qué se ganó el mote de "Little JB" (pequeño James Brown). Fields tiene una versatilidad vocal notable, que alterna los aullidos característicos del funk más sexual y la consistencia cremosa que le impone a las baladas. El rango sónico de la banda también es amplio. Por momentos funciona como una orquesta típica de género y por momentos se eleva y se deforma hasta frisar la psicodelia. Lee Fields domina esos paisajes cambiantes con maestría, y la impecabilidad de su voz en directo impresiona. Ese registro atemporal, sumado a un despliegue físico entre elegante y cómico y al hecho de que su repertorio no haya dejado de actualizarse en la última década, ponen al show en un lugar muy lejano del ejercicio nostálgico. El material de sus últimos álbumes, de hecho, propone algunos de los momentos más intensos del set, como el juego de crescendos y rendiciones de "Special Night", el funk bailable de "In the Woods" o el soul canchero de "Just Can't Win", con el tono ligeramente áspero de Lee Fields delante de un teclado casi onírico.

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