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Divididos: La Guía

Un repaso por la discografía de estudio del grupo, desde los raptos de folclore hasta la consagración como aplanadora del rock

Por Oscar Jalil

Tenés que tenerlo

'Acariciando lo áspero' 1991

El segundo disco de Divididos es una auténtica maravilla de reinvención no sólo para el grupo, sino también para buena parte del rock argentino de los 90, que se subió a la prepotencia de un sonido. Pero, a diferencia de los convidados de piedra, el tándem Mollo-Arnedo tenía canciones de sobra para demostrar autoridad y vuelo a la hora de los estribillos: pinturas conurbanas como el "El 38" o "Sábado" deslizan una poética de flashes en vez de apelar a los golpes oportunistas o los juicios esclarecidos. Divididos inicia acá su larga saga de cambios de baterista, y Federico Gil Solá ayuda a consolidar la identidad del trío que ya casi no extraña a Sumo o, si lo hace, puede desahogarse con talento como en la perfección reggae de "Sisters". Por encima de todas las composiciones del disco, "Ala delta" brilla como si todos esos años en Sumo debieran probarse en un ensayo de agilidad que mejore el pasado y suba la apuesta hacia el futuro. Y vaya si lo logra.

'La era de la boludez' 1993

Yupanqui, Hendrix y la chacarera configuran un modo de reafirmación nacional y también el manual de autoayuda contra la lobotomía menemista. La era de la boludez capturó un tiempo de vacío y desconcierto con una obra definitiva. Expansivo en su hechura y pieza clave para el incipiente rock latino, el tercer disco de Divididos sumó la mirada global de Gustavo Santaolalla al ambicioso plan de agitar raíces folclóricas junto al efectivo poder de fuego del trío. En La era de la boludez hay varios experimentos que hoy, a la distancia, suenan tan familiares como la voz gutural de Mollo, pero en 1993 un tema como "Qué ves" era pura innovación apropiándose de todas las radios con su cruza de chacarera y reggae. Esa misma sensación de novedad y sorpresa se percibe en la audacia de transformar "El arriero" -un tema clásico de Atahualpa Yupanqui- en un blues hendrixiano. Fueron estos gestos los que elevaron la categoría de "aplanadora del rock" a una fase superadora, sin perder un ápice de su fuerza de choque eléctrico ("Salir a asustar" y "Rasputín"), ni el control total de las cadencias sutiles ("Dame un limón").

Material selecto

'Gol de mujer' 1998

Incomprendido en su momento, Gol de mujer ensaya una síntesis entre lo popular y lo experimental: por eso conviven sin conflicto La Pesada, Luca, Yupanqui, La Mona Jiménez y una serie de extras que bailan chacareras o se internan en el pogo infernal de "Alma de budín".

'Narigón del siglo' 2000

Su mejor disco del siglo XXI. El regreso a la canción en la luminosa "Spaghetti del rock" reformula la historia de Divididos. Hasta la fuerza valvular suena bajo un estricto control de intensidad ("Vida de topos") y se permite nuevos arreglos ("La ñapi de mamá").

'Vengo del placard de otro' 2002

El efecto devastador del fatídico 2002 domina la furia y decepción de un disco tan instantáneo como ecléctico. El entrañable "Pepe Lui" es un lucero dentro de un trabajo existencial ("Ay, qué dios boludo") y de homenaje ("Despiértate nena") para mezclar y dar de nuevo.

Para una inmersión

'40 dibujos ahí en el piso' 1989

Un primer boceto de trío contundente y visceral, con el fantasma de Luca aún presente. La banda se luce sobre guitarras incendiarias y algunos clásicos de batalla ("Che, ¿qué esperás?", "Haciendo cosas raras"), y la versión de "Light My Fire".

'Otro le travaladna' 1995

Con nuevo y solvente baterista, el experimentado Jorge Araujo, el horizonte se vuelve imprevisible: tango varieté ("Volver ni a palos"), ambient porteño ("Abajo solo"), cabaret-rock ("Hace que hace") y un hit rotundo ("Tomando mate en La Paz").

'Amapola del 66' 2010

Tras ocho años sin disco nuevo, el ingreso de Catriel Ciavarella -batero del trío desde 2004- y el estreno de sello propio enmarcan a Amapola del 66 en otro claro proceso hacia una redención artística. Más clásico y analógico que en trabajos anteriores, el trío procesa el tiempo transcurrido a favor de la excelencia sonora y el progreso del formato canción.

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