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Kendrick Lamar - 'Damn.'

Aftermath/Universal - Cuatro estrellas y media

Kendrick Lamar viene de poner a prueba los límites del estilo, el sonido y la resonancia social del hip-hop, pero en Damn. elige una aproximación más clásica a la gloria del rap. Si su notable To Pimp a Butterfly fue el mejor disco de hip-hop de 2015, este álbum podría haber sido el mejor de 1995, gracias a su despliegue deslumbrante de talento para la rima y las bases con bajos gordos. Las rimas de canciones como "DNA.", "Element.", "Feel.", "Humble." y "XXX." son rápidas, furiosas y casi puristas en su naturaleza. En una época en la que rapear versos clásicos parece antiguo, Lamar entabla un puente con el pasado.

Como era de esperar tratándose de Lamar, el rapero toma un camino complejo para llegar hasta ahí. "XXX.", con un poco de asistencia melódica de U2, es una fantasía de venganza ultraviolenta al estilo de su héroe Tupac. Pero él se sumerge todavía más profundo en su propia mente, yuxtaponiendo hipótesis bañadas en sangre con letras sobre las leyes de control de armas. La magistral "Lust." se refiere a la noticia de la victoria de Donald Trump apenas como un factor más en una larga cronología existencialista y monótona. Como siempre, Lamar confronta sus contradicciones personales. En "Pride.", trata su arrogancia como una carga, y en "Element." va del "me importa una mierda" al "estoy dispuesto a morir por esta mierda", ida y vuelta. Ver a Kendrick debatirse entre estos dos extremos es uno de los dramas más apasionantes del pop actual.

Christopher R. Weingarten

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