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La otra dirección de Harry Styles

Un año en la vida del cantante, mientras deja atrás su pasado de boy band, viaja a Jamaica y madura

 
Harry Styles posa en Londres, en febrero. Foto: Theo Wenner

Enero de 2016. Hay un banco en la cima de Primrose Hill, en Londres, con una vista del horizonte de la ciudad. Si hubieras pasado por ahí una noche de invierno, lo podrías haber visto sentado. Un tipo desgarbado con gorro de lana, sobretodo y pantalones de jogging, y las manos clavadas en los bolsillos. Harry Styles tenía muchas cosas en la cabeza. Se pasó cinco años como el jovial preferido de los fans en One Direction; ahora, frente a él tiene un futuro incierto. La banda anunció una pausa indefinida. El ruido blanco de la adulación quedó atrás, y lo reemplazó el sonido apagado de la ciudad. La fama que cayó sobre Harry Styles en sus años con One D fue una manía especial. Con una sonrisa reservada, un toque de oscuridad y su cabello invariablemente descrito como "revuelto", se volvió un lienzo sobre el cual millones de fans lanzaban sus sueños y esperanzas. Cuando paró el auto en la banquina de la autopista 101 en Los Angeles y vomitó discretamente, el lugar se transformó en un santuario para sus fans. Se dijo que el vómito había sido vendido en eBay como pedazos del Muro de Berlín. Paul McCartney lo entrevistó a él. Y luego estuvo la serie de fan-fiction no autorizada en la que había una versión punk y sexualizada de "Harry Styles". Mil millones de lectores seguían sus hazañas virtuales. ("No lo leí", comenta el Styles de no ficción, "pero espero que él tenga más que yo".)

Pero en la cima de la One-D-manía, Styles dio un paso atrás. Para muchos, 2016 fue un año en el que se perdieron héroes musicales y apareció un nuevo orden mundial tóxico. Para Styles, fue la búsqueda de una nueva identidad que empezó en ese banco desde el que se ve Londres. ¿Cómo sonaría Harry Styles solista? Apareció un plan. Un ciclo de canciones acerca de mujeres y relaciones. Diez canciones. Con un sonido más rockero. Una tapa de un solo color, que combinara con el título tentativo: Pink. (Cita a Paul Simonon, de The Clash: "El rosa es el único color verdaderamente rock & roll".) Muchos de los detalles cambiarían durante el año siguiente -incluyendo el título, que terminó siendo Harry Styles- pero una palabra quedó grabada en su cabeza.

"Honesto", dice un año después, manejando en medio de Los Angeles en un Range Rover negro oxidado. Vive intermitentemente acá desde hace un par de años, y siempre regresa a Londres. El estéreo del auto de Styles lanza un mix de country y rock clásico no muy conocido. "No quería escribir 'historias'", dice. "Quería escribir mis historias, cosas que me habían pasado a mí. Lo más importante era ser honesto. No había hecho eso antes." No hay semáforo en amarillo que no pase, mientras habla con excitación acerca de la banda que armó bajo el tutelaje de Jeff Bhasker (los Rolling Stones, Kanye West, "Uptown Funk"). Está lleno de anécdotas sobre las sesiones de grabación de dos meses en otoño pasado en Geejam, un estudio construido en una montaña cerca de Port Antonio, Jamaica. Drake y Rihanna grabaron ahí, y es donde Styles produjo la mayor parte de su nuevo disco, que salió el 12 de mayo. Mientras evitamos el tráfico hoy, el disco que no escuchó nadie le está agujereando el iPhone.

Llegamos a un restaurante repleto, y Styles atraviesa el salón con un cuaderno lleno de papeles y artefactos de su nuevo disco, como un estudiante universitario buscando un lugar tranquilo para estudiar. Está acá para hacer algo que no hizo demasiado al principio de su carrera: una entrevista larga, uno a uno. En el pasado, muchas veces había otro miembro de One D para desviar preguntas hacia un despliegue evasivo y encantador de camaradería de grupo. Hoy, Styles es un custodio entretenido pero cuidadoso de sus palabras, muchas veces consultando silenciosamente con el mantel antes de contestar. Pero mientras recuerda los eventos que llevaron a su año fuera de los escenarios, las capas empiezan a abrirse.

Fue en un estudio en Londres a fines de 2014 cuando Styles mencionó por primera vez la idea de que One Direction se tomara una pausa: "No quería cansar a nuestra base de fans", explica. "Si tenés poca visión de futuro, podés decir: 'Sigamos haciendo giras', pero todos pensábamos demasiado en el grupo como para permitir que pasara eso. Te das cuenta de que estás cansado, y no querés hacer que la gente deje de creer en vos."

Después de una larga discusión, el grupo aceptó de manera unánime hacer una pausa, que se anunció en agosto de 2015. (Zayn Malik había dejado One D abruptamente unos meses antes.) Los fans quedaron traumatizados por la decisión de la banda, pero tuvieron algo de consuelo con una serie de regalos finales, incluyendo una gira que se extendió hasta octubre. Styles sigue siendo un defensor de One D: "Me encanta la banda, y no descarto nada para el futuro. La banda me cambió la vida, me dio todo".

Aun así, una carrera solista lo esperaba. "Quería dar un paso adelante. Había canciones que quería componer y grabar, y que no fuera siempre: 'Hey, acá hay un demo que grabé'. Cada decisión que tomé desde los 16 años fue hecha en democracia. Sentía que era hora de tomar una decisión sobre el futuro... y quizás sin apoyarme en otros."

"Cada decisión que tomé desde los 16 años fue hecha en democracia. Sentía que era hora de tomar una decisión sin apoyarme en otros."COMPARTILO

Para ser una de las personas de 23 años más conocidas del mundo, Styles por sí mismo sigue siendo bastante desconocido. Detrás de su personalidad efervescente sobre el escenario, hay más chismes que hechos. Le gusta que sea así. "Con un artista como Prince", dice, "lo único que querías era saber más. Y ese misterio... ¡es por eso que esas personas son tan mágicas! Es como: mierda, no sé lo que come Prince para desayunar. Ese misterio... es lo que me gusta."

Styles hace una pausa, y saborea la idea de lo desconocido. Mira mi grabadora digital con desconfianza. "No es tanto: '¿me mantengo misterioso estando vivo?'. No es así. Me gusta separar mi vida personal y mi trabajo. Ayuda, me parece, compartimentalizar. No se trata de hacer que mi carrera sea más larga, como si yo quisiera ser 'un personaje misterioso', porque no lo soy. Cuando llego a casa, me siento como la misma persona que cuando estaba en la escuela. No podés conservar eso si mostrás todo. Está el trabajo y están las cosas personales, y pasar de una a la otra es lo que más me gusta. Me parece fascinante."

Al poco tiempo, nos vamos al estudio de Jeff Bhasker en Beachwood Canyon. Cuando llegamos, Styles sube las escaleras al estudio saltando, y pasa junto a un limpiador de piscinas aburrido. "¿Cómo estás?", saluda con una sonrisa seriamente alegre. El limpiador de piscinas parece perplejo, sin compartir del todo el gozo existencial de Styles.

Adentro lo espera la banda. Styles abre su cuaderno y se dirige al piano. Quiere terminar una canción que empezó más temprano ese día. Es obvio que la banda tiene una dinámica de fraternidad estudiantil, como los Beatles en Help!, dirigidos por Judd Apatow. Styles es, para todos, "H". Hay velas con olor a granadina centelleando en la sala. Bhasker entra, con su cabello de longitud gurú, una camisa multicolor, medias rojas y sandalias. Al principio estaba ocupado criando a un bebé con su pareja, la cantante y compositora Lykke Li, así que dirigió a Styles a dos de sus protegidos, Alex Salibian y Tyler Johnson, al igual que el ingeniero y bajista Ryan Nasci. La banda empezó a formarse. La última pieza del rompecabezas fue Mitch Rowland, el guitarrista de Styles, quien trabajaba en una pizzería hasta dos semanas antes de las sesiones. "Estar alrededor de músicos así tuvo un gran efecto sobre mí", dice Styles. "¿No ser capaz de pasar un instrumento, sin sentarme y tocarlo yo antes?" Sacude la cabeza. Era la primera inmersión completa de Styles en el mundo de los músicos talentosos, y claramente no puede estar más feliz.

 
"No descarto nada para el futuro", dice Styles sobre One Direction. Foto: Theo Wenner

Styles empieza a cantar una letra que compuso hace poco. Es una canción nueva llamada "I Don't Want to Be the One You're Waiting On". Su voz suena cálida, pulida e íntima, no muy diferente del primer Rod Stewart. La canción termina rápido, y la banda se junta a escuchar una versión del disco.

"¿Te molesta si lo pongo a volumen alto?", pregunta Bhasker. Es una pregunta retórica. Nasci lleva "Sign of the Times", el primer single, a un nivel sísmico. La canción empezó como un mensaje de voz de siete minutos en el teléfono de Styles, y terminó como una balada explosiva al piano, al igual que como un llamado a las armas. "La mayoría de las cosas que me molestan de lo que está pasando no son políticas, sino cuestiones fundamentales", dice Styles. "Igualdad de derechos. Para todos, de todas las razas, todos los sexos, todo... 'Sign of the Times' salió de pensar: 'Esta no es la primera vez en la que estuvimos en un momento difícil, y no va a ser la última'. La canción está compuesta desde la perspectiva de una madre que da a luz a un bebé y hay complicaciones. A la madre le dicen: 'El bebé está bien, pero vos no vas a sobrevivir'. La madre tiene cinco minutos para decirle al bebé: 'Adelante, conquistá el mundo'." El tema fue una revelación, tanto para el artista como para la banda. "Harry llevó la delantera en ese tema, y en el resto del disco también", dice Bhasker.

"Me gustaría que el disco se llamara Sign of the Times", declara Styles.

"No sé", dice Bhasker. "O sea, ya lo usaron."

Debaten un poco. Nasci pone más temas. Las canciones van de puro rock ("Kiwi") a pop psicodélico intrincado ("Meet Me in the Hallway"), pasando por canciones directamente confesionales ("Ever Since New York", una meditación desesperada sobre la pérdida y el dolor). Las letras están repletas de detalles y referencias -secretos susurrados entre amigos, piscinas vacías-, que están destinados a dejar a los fans hurgando por los hechos detrás del misterio.

"Por supuesto que estoy nervioso", admite Styles, jugando con las llaves. "O sea, nunca hice esto antes. No sé qué mierda estoy haciendo. Estoy feliz de haber encontrado a esta banda y a estos músicos, puedo ser lo suficientemente vulnerable y exponerme. Sigo aprendiendo... pero es mi lección favorita."

El disco es un alejamiento del dance pop que domina las radios. "Muchas de mis influencias, y las cosas que me gustan, son viejas", dice. "Así que lo que yo no quería hacer era sacar mi primer disco y que fuera: 'Intentó recrear los sesenta, setenta, ochenta, noventa'. Mucha música buena salió en esas décadas, pero no me gustaría vivir en esos años. Yo quería hacer algo que sonara como yo. Yo sigo yendo hacia adelante."

¿Quién dijo que las chicas tienen peor gusto que un hipster de 30 años? A las chicas les gustan los Beatles. ¿Me vas a decir que no son serios?"COMPARTILO

"Es diferente de lo que esperarías", dice Bhasker. "Me hizo dar cuenta de que el Harry [de One D] era como un Harry digital. Casi como un personaje. No creo que la gente conozca muchos aspectos de él que están en este disco. Cuando lo ponés, la gente dice: '¿Este es Harry Styles?'."

Styles sabe que su público más importante hasta ahora han sido mujeres jóvenes, principalmente adolescentes. Ante la pregunta sobre si pasa sus tardes preocupado por obtener credibilidad en un público más adulto, Styles se pone más animado. "¿Por qué pensar que las chicas jóvenes a las que les gusta el pop -un apócope de popular, ¿no?- tienen un gusto musical inferior que el de un hipster de 30 años? Eso no es algo que vos puedas decir. La música es algo que está siempre cambiando. No hay postes. A las chicas jóvenes les gustaban los Beatles. ¿Vas a decirme que no eran serios? ¿Cómo podés decir que las chicas jóvenes no lo entienden? Son nuestro futuro. Nuestras futuras médicas, abogadas, madres, presidentas, ellas hacen que el mundo siga andando. Las fans adolescentes no mienten. Si les gustás, están ahí. No les importa ser 'demasiado cool'. Si les gustás, te lo dicen. Y eso es tremendo."

Styles conduce hasta un restaurante tranquilo en Laurel Canyon, en un extremo de la Lookout Mountain Avenue, alguna vez hogar de muchos de sus héroes musicales de los setenta. Solía tener una casa por acá. Cuando las últimas giras de One Direction se pusieron más grandes, más largas y más frenéticas, él dice, con ironía: "Era muy rock & roll". No bebe mucho, dice, quizás algo de tequila con hielo o vino con amigos después de un show, pero en la última gira de la banda no había mucho tiempo ni siquiera para eso. John Lennon una vez le dijo a Rolling Stone que detrás de bambalinas, las giras de los Beatles eran como el Satiricón de Fellini. Styles retruca que las giras de One D eran más como "una película de Wes Anderson. Corte. Corte. Otra locación. Corte rápido. Otra locación. Corte. Corte. Show. Ducha. Corte. Dormir".

Después de encontrar una mesa, Styles se inclina hacia adelante y habla sobre su presencia en las redes sociales, o más bien sobre su falta. Styles y su teléfono tienen una relación madura y agridulce: pasan mucho tiempo separados. No se googlea a sí mismo, y chequea Twitter con poca frecuencia. "Te voy a contar sobre Twitter", sigue, en referencia a la lluvia de tuits, algunos buenos, otros cínicos, que despertó su apoyo a la Marcha de las Mujeres en Washington este año. "Es la mejor forma de comunicarte con la gente, pero no tan buena como en persona." Cuando se publicó la ubicación de su casa en Londres un par de años atrás, se puso nervioso. Su amigo James Corden le ofreció un lema acuñado por el primer ministro británico, Benjamin Disraeli: "Nunca te quejes, nunca expliques".

 
Harry Styles en Jamaica. Grabó gran parte de su disco ahí, transformando el complejo del estudio en una versión caribeña de Big Pink. Foto: Carl Aurand

Le menciono un par de bombas verbales que le lanzó Zayn Malik a la banda en entrevistas recientes. Aquí va una: "[One D no es] música que yo escucharía. Si tuviera una cena con una chica, pondría algo cool, ¿me entendés? Yo quiero hacer música que yo crea que es cool. No creo que sea algo demasiado difícil de pedir".

Styles se acomoda en la silla. "Creo que es una pena que se sienta así", dice, buscando ser diplomático, "pero yo no le deseo otra cosa que suerte a todo el mundo que haga lo que ama. Si no disfrutás algo, y necesitás hacer otra cosa, deberías hacer esa otra cosa absolutamente. Me alegra que él haga lo que le gusta, y le deseo buena suerte".

Apoyados sobre su cabeza tiene los mismos anteojos blancos popularizados por Kurt Cobain, pero las similitudes se terminan ahí. Styles, nacido dos meses antes de que Cobain se fuera de la Tierra, no se siente conectado con ningún género o época en particular. En el auto, puede poner música country de Keith Whitley, o el blues y soul esotérico de Shuggie Otis. Incluso compró una torta de zanahoria para regalarle a Stevie Nicks en un recital de Fleetwood Mac. ("Hice que escribieran su nombre en la cobertura. Le encantó. Qué suerte que le gustaba la torta de zanahoria".)

Hay una cosa clara: no le interesa hacer el clásico papel del artista torturado. "La gente romantiza lugares a los que no puede llegar", dice. "Por eso es fascinante cuando alguien se pone oscuro, como cuando Van Gogh se cortó la oreja. Uno tiende a romantizar a esa gente, a veces de manera desproporcionada. Pasa lo mismo con la música. Uno quiere una porción de esa oscuridad, sentir su dolor, y también poder retirarse hacia la vida [más segura] de cada uno. Yo no puedo decir que tenga eso. Tuve una infancia muy feliz. Me siento muy afortunado. Tuve una gran familia y siempre me sentí amado. No hay nada peor que una persona atormentada inauténtica. 'Me sacaron el dinero, así que tomé heroína.' Es como: no funciona así. Ni me acuerdo cuál era la pregunta."

Styles se mete en el Country Store de al lado. Es un negocio que conoce bien. Inspecciona las góndolas, y me pregunta si alguna vez comí budín de arroz inglés. Encuentra una lata que parece añeja. Agarra un paquete de Rowntrees Fruit Pastilles ("desde 1881"), chocolates Lindor ("irresistiblemente suaves") y una jarra de Branston Pickles. "Hay sólo dos tiendas en Los Angeles que tienen todas las comidas británicas. En esta zona es un poco lo que venga", dice, y apoya su colección de productos sobre el mostrador.

El empleado de la tienda empieza a atenderlo. Con la voz más cuidadosa y deferente, el joven trabajador le hace la pregunta. "Por casualidad, ¿vos sos... Harry Styles?"

"Sip."

"¿Puedo sacarme una selfie?" Styles acepta, y se inclina sobre el mostrador. Clic. Salimos a la tarde de Laurel Canyon.

"Hey", grita un tipo canoso en el banco fuera de la tienda. "¿Sabés a quién te parecés?"

Styles se da vuelta, esperando más de lo mismo, pero este singular habitante de la noche está en otra sintonía.

"A River Phoenix", anuncia el man, un poco triste. "¿Alguna vez escuchaste de él? Si no se hubiera muerto, yo habría pensado que eras vos. Un tipo talentoso."

"Sí, lo era", acepta Styles, quien en muchas maneras es el opuesto generacional de Phoenix. "Sí, lo era."

Comparten un momento silencioso antes de que Styles se vaya a su auto. Me da la bolsa repleta de comidas inglesas. "Esto es para vos", dice. "Eso fue mi infancia..."

Harry Edward Styles nació en Worcestershire, Inglaterra, de una manera muy del rock clásico, un martes a la tarde. La familia se mudó a Cheshire, un lugar tranquilo en el norte de Inglaterra, cuando él era un bebé. Su hermana mayor, Gemma, era la estudiosa. ("Siempre fue más inteligente que yo, y eso siempre me dio celos.")

Su padre, Desmond, trabajaba en finanzas. Era fan de los Rolling Stones, Fleetwood Mac, mucho Queen, y Pink Floyd. El joven Harry gateaba mientras sonaba The Dark Side of the Moon. "No lo entendía", dice, "pero me acuerdo de pensar: esto está jodidamente bueno. Después mi mamá siempre ponía Shania Twain, Savage Garden, Norah Jones. Tuve una gran infancia. Lo admito".

Pero de hecho, no todo era perfección con una banda de sonido cool y retro. Cuando Harry tenía siete años, sus padres le explicaron que Des se iba a mudar de casa. Ante la pregunta por aquel momento, Styles mira hacia adelante. "No me acuerdo", dice. "Honestamente, cuando uno es tan joven, puede bloquearlo... No puedo decir que me acuerde. No me di cuenta de lo que pasaba hasta hace poco. Sí, o sea, tenía siete años. Es una de esas cosas. El apoyo y el amor de mis padres nunca cambiaron."

 
Con One Direction en Miller Park, Milwaukee, 2015. Foto: Daniel Deslover / Zuma Press

Sus ojos se empañan un poco, pero, a diferencia del joven que lloró por un viejo conflicto con críticas en Internet -un momento poderoso en un viejo documental de One Direction, A Year in the Making- Styles hoy controla sus emociones. Sigue teniendo una relación cercana con su padre, y fue padrino de bodas de su madre cuando se volvió a casar hace un par de años. "Desde que tenía 10 años", reflexiona, "fue como: proteger a mi mamá a cualquier precio... Mi mamá es muy fuerte. Tiene un corazón enorme. [Su casa en Cheshire] es donde voy cuando quiero pasar un tiempo con ella."

En los primeros años de su adolescencia, Styles se juntó con algunos amigos de la escuela, y era cantante de un grupo que hacía sobre todo covers, White Eskimo. "Compusimos un par de canciones", recuerda. "Una se llamaba 'Gone in a Week'. Era sobre equipaje. 'Voy a salir durante una semana o dos/Para encontrarme a mí mismo en otra parte/No necesito camperas ni zapatos/El único equipaje que necesito sos vos'." Se ríe. "Yo pensaba: 'Tremendo'."

Fue su madre quien sugirió que se probara en el concurso de canto The X Factor, en Gran Bretaña, para competir en la categoría "Chico" solista. Styles cantó "Isn't She Lovely", de Stevie Wonder. La reacción reprobatoria de uno de los jueces, Louis Walsh, hoy es tristemente célebre. Al ver el video hoy es posible ver a un joven Harry dispuesto a lo que se viniera.

"En ese instante", dice, "estás en medio de un torbellino. No sabés lo que está pasando; sos un niño en un programa. Ni siquiera sabés si sos bueno en algo. Yo fui porque mi mamá me había dicho que era bueno cuando cantaba en el auto, pero tu mamá te dice cosas para hacerte sentir bien, así que uno lo toma con pinzas. Yo no sabía qué esperar cuando fui ahí".

Styles no avanzó en el concurso, pero Simon Cowell, el creador del show, percibió que podía ser un favorito del público. Juntó a Styles con otros cuatro que habían fallado en la misma categoría, y unió a los miembros de One D en un matrimonio exprés. El matrimonio funcionó. Y funcionó. Y funcionó.

Uno se pregunta como puede hacer un músico joven para llegar acá, a estos elevados picos, sin perder la cabeza. ¿Nada de videos sexuales, ningún desastre en TMZ, ningún libro revelador escrito por una enfermera de rehabilitación? En un mundo en el que un escándalo puede garantizarte cinco temporadas de un reality show exitoso... ¿cómo hizo Harry Styles para sobrevivir al monstruo?

"La familia", contesta Ben Winston. "Viene de su mamá, Anne. Ella educó a él y su hermana increíblemente bien. Harry prefería aburrirse a excitarse... Hay más chances de que yo vaya a Marte la semana que viene que de que Harry tenga algún tipo de adicción."

Estamos en Television City, Hollywood. Winston, 35 años, el productor ejecutivo, ganador de un Emmy, de The Late Late Show with James Corden, abandona su escritorio y se retira a un sofá para hablar sobre su amigo. Más que un amigo, Styles se convirtió en un inesperado miembro de su familia, después de volverse el invitado quizás más sorprendente del mundo.

Su amistad se forjó en las primeras etapas del éxito de One D, cuando la banda debutó en The X Factor. Winston, en ese entonces director y productor de cine asociado a Corden, pidió una reunión, e instantáneamente se llevó muy bien con el grupo. Se volvió un mentor familiar de Styles, aunque su amistad al poco tiempo debió superar una prueba. Styles se había mudado de la casa de su familia en Cheshire, a unas inconvenientes tres horas de Londres. Encontró una casa que le gustaba cerca de la de los Winston, en Hampstead Heath. La nueva casa necesitaba quizás dos semanas de arreglos. Styles le preguntó si se podía mudar brevemente con Winston y su mujer, Meredith. "Ella aceptó", dice Winston, "pero sólo por dos semanas".

Styles puso su colchón en el ático de los Winston. "A las dos semanas todavía no se había comprado la casa", sigue Winston. "No funcionaba. Entonces dijo: 'Me voy a quedar hasta Navidad, si no les molesta'. Después vino Navidad y ..."

Styles sabe que al menos dos canciones de Taylor Swift supuestamente son sobre él. "Es tan buena, esas canciones están por todos lados."COMPARTILO

Durante los siguientes 20 meses, una de las estrellas más deseadas del planeta durmió en un pequeño colchón en un ático. Su única otra propiedad en la casa era la guitarra acústica que repiqueteaba en el cuarto de los Winston. Mientras los fans se reunían en la casa vacía en la que él no vivía, Styles vivía de incógnito con una pareja 12 años mayor que él. El estilo de vida judío ortodoxo de los Winston, con un fuerte énfasis en la familia, lo ayudó a mantenerse cuerdo.

"Esos 20 meses fueron cuando pasaron de estar en un reality show, X Factor, a ser los artistas más vendedores del planeta", recuerda Winston. "En ese período, él vivía con nosotros en la situación suburbana más mundana. Nadie lo descubrió. Incluso cuando salíamos a comer, es un barrio tan familiar, que nadie ni soñaba que pudiera ser realmente él. Pero él hizo que nuestra casa se sintiera como un hogar. Y cuando se mudó, nos pusimos muy tristes."

Styles aparece alegre en la oficina del Late Late. Es claramente un visitante habitual, y Winston y él tienen una confianza fraternal.

"¿Te vas el sábado"?, pregunta Winston.

"Sí, tengo que comprar un cactus para el cumpleaños de un amigo", dice Styles.

"Creo que mi papá viaja en el mismo avión que vos", dice Winston.

"¿El de las 8:50? Eso sería tremendo."

Winston sigue con las anécdotas del ático. "Teníamos un chiste. A Meri y a mí nos gustaba ver las chicas que traías a casa. Eso siempre lo disfrutamos, porque nosotros éramos como una pareja vieja que ya estaba en la cama. Ya estábamos en piyamas, con cremas, y se abría la puerta. La escalera estaba justo al lado de la puerta de nuestro cuarto, así que esperábamos para ver si Harry había venido solo o con alguien."

"Venía solo", dice Styles. "Me daba miedo Meri."

"No estaba siempre solo", corrige Winston, "pero era excitante ver la variedad de personas notables que venían y dormían en el ático. O a veces venía y pasaba un rato con nosotros. Nunca hablábamos de trabajo. El actuaba como si no acabara de llegar de tocar para 80.000 personas tres noches seguidas en Río de Janeiro".

"Vamos a la playa", dice Styles, lanza su Range Rover a una Pacific Coast Highway empapada. Anoche fue su fiesta de cumpleaños, regada de tequila y repleta de amigos y karaoke y una visita sorpresa de Adele. Ahora tiene oficialmente 23 años. "Y no tengo tanta resaca", señala.

Styles encuentra un lugar en un restaurante de sushi sobre la costa. Mientras recorre el salón, repleto de gente, un hombre de negocios se gira, y lo reconoce con una cara que dice: ¡A mis hijos les encanta este tipo! Le pregunto a Styles qué es lo que más le dicen los padres de los fans. "Me dicen: 'Veo tu cara en un cartón todos los jodidos días'." Se ríe. "Creo que quieren que me disculpe."

El tema hoy son las relaciones. Mientras Styles dice que todavía se siente como un recién llegado a todo eso, hubo un par de affairs que lo afectaron profundamente. Las imágenes y los momentos robados se filtran de manera extravagante en las canciones nuevas: "Y las promesas se rompen como una cicatriz... Tengo heridas en los nudillos, gateando por el piso/No podía llevarte a casa a conocer a mi mamá con una pollera tan corta/Pero creo que eso es lo que me gusta de esto... Veo que le diste mi vieja remera a él, más de lo que alguna vez fue mío..." El cuaderno negro, uno se imagina, está repleto de cosas así.

"Mi primera novia propiamente dicha", recuerda, "tenía una risa increíble. También era un poco misteriosa porque no iba a nuestra escuela. Yo veneraba el suelo sobre el que caminaba. Y ella lo tenía claro, quizás demasiado. Fue difícil. Yo tenía 15."

"Solía vivir a una hora y media en tren, y yo trabajaba en una panadería, durante tres años. Yo terminaba los sábados a las 4:30 y había un tren a las 4:42, y si lo perdía no había otro sino en una o dos horas más. Así que terminaba y corría hasta la estación de tren. Me gastaba un 70 por ciento del salario en pasajes de tren. Más tarde, todavía me acordaba de su perfume. Pequeñas cosas. Olía ese perfume todo el tiempo. Estaba en un ascensor o en una recepción y le decía a alguien: 'Alien, ¿no?'. Y a veces les impresionaba y a veces los asustaba. 'Pará de olerme'."

Si bien Styles todavía no se adaptó a la atención de las redes sociales, tuvo una prueba en 2012, cuando conoció a Taylor Swift en una entrega de premios. En su segunda cita, una caminata en Central Park, los agarraron unos paparazzi. De repente la pareja estaba en las noticias del mundo. Se separaron el mes siguiente, supuestamente después de unas vacaciones desafortunadas en el Caribe; el romance, se dijo, terminó con al menos un corazón roto.

Esa relación es un tema que él famosamente evitó comentar. "Primero tengo que mear. Puede que ésta sea larga", dice. Se levanta p ara ir al baño, y después agrega: "De hecho, podrías decir: 'Se fue a mear y nunca más volvió'."

Vuelve un par de minutos después. "Pensé en dejarte esperando un rato", dice, riéndose, y después toma un sorbo de un jugo verde. Se sorprendió, dice, cuando las fotos del Central Park aparecieron por todo el mundo. "Cuando veo las fotos de ese día", dice, "pienso: las relaciones son difíciles, a cualquier edad. Y si agregás que no entendés exactamente cómo funciona, cuando tenés 18 años, tratar de hacerse un camino con todo eso no es fácil. O sea, yo estaba un poco incómodo, por empezar. Estás en una cita con alguien que te gusta. Debería ser así de simple, ¿no? Fue una experiencia de aprendizaje, seguramente. Pero más allá de todo, yo quería que fuera una cita normal."

Sabe bien que hay al menos dos canciones de Swift -"Out of the Woods" y "Style"- que se considera que tratan sobre su romance. ("Tenés ese pelo largo peinado hacia atrás, remera blanca", canta ella en "Style"). "O sea, no sé si son o no sobre mí...", dice, buscando discreción, "pero el tema es: ella es tan buena, que están por todos lados". Sonríe. "Yo escribo a partir de mis experiencias; todo el mundo lo hace. Tengo suerte si todo [lo que atravesamos] ayudó a crear esas canciones. Esas cosas llegan al corazón. Eso es lo más difícil de decir, y es de lo que menos hablo. De eso se trata ser dos personas. Nunca voy a decirle todo a nadie." (Los fans se preguntan si "Perfect", una canción que Styles co-compuso para One Direction, trataba sobre Swift: "Y si te gustan las cámaras cada vez que salimos/Y si estás buscando a alguien para componerle tus canciones de separación/Baby, yo soy perfecto".)

¿Fue capaz de decirle que admiraba sus canciones? "Sí y no", dice después de una larga pausa. "No necesita que yo le diga que son buenísimas. Son canciones buenísimas... Es el diálogo silencioso más increíble de la historia."

¿Hay algo que le quiera decir a Swift hoy? "¡Quizás ahora tenés que escribir que me fui!" Se ríe, y mira a otro lado. "No sé", dice finalmente. "Hay cosas que no funcionan. Hay un montón de cosas que pueden estar bien, y aun así no funciona. A la hora de componer canciones sobre cosas así, a mí me gusta sacarme el sombrero ante el tiempo que pasamos juntos. Celebramos el hecho de que fue poderoso y que nos hizo sentir algo, en lugar de decir 'esto no funcionó, esto está mal'. Y si te cruzás con esa persona, quizás es incómodo, quizás te tenés que emborrachar... pero compartiste algo. Conocer a alguien nuevo, compartir esas experiencias, es lo mejor del mundo. Así que gracias."

Señala una relación más reciente, que quizás ya haya terminado, pero que fue significativa durante los últimos años. (A Styles lo vieron muchas veces con Kendall Jenner, pero no quiere confirmar que sea de ella de quien habla.) "Es una gran parte del disco", dice Styles. "A veces uno quiere sacarse el sombrero, y a veces querés dar el sombrero entero... y que sepan que es para ellas."

A fines de febrero, 2016, Styles obtuvo un papel en Dunkirk, la inminente épica sobre la Segunda Guerra Mundial de Christopher Nolan. En Nolan, Styles encontró a un director igualmente interesado en el misterio. "La película es muy ambiciosa", dice. "Algunas de las cosas que hacen en la película son una locura. Y fue difícil, man, físicamente muy duro, pero me encanta actuar. Me encanta hacer de otra persona. Dormía muy bien a la noche, después me levantaba y seguía ahogándome."

Cuando Styles volvió a Los Angeles, se le ocurrió una idea. La idea era: Andate de acá. Styles llamó a su manager, Jeffrey Azoff, y le explicó que quería terminar el disco fuera de Londres y de Los Angeles, en algún lugar donde el grupo pudiera enfocarse y unirse. Cuatro días después de volver de la película, estaban camino a Port Antonio en la costa norte de Jamaica. En Geejam, Styles y su grupo pudieron vivir juntos, y transformar el predio del estudio en una versión caribeña de Big Pink. Ocuparon una casa de dos pisos repleta de instrumentos, y pasaban tiempo en Bush Bar, con estilo de casa de árbol, y tenían acceso a un gran estudio. Muchas mañanas empezaban con un chapuzón en una caleta secreta.

La vida en Jamaica era 10 por ciento fiesta en la playa y 90 por ciento expedición musical. Fue el perfecto ritual de pasaje para un músico que buscaba dinamitar el pasado y empezar un futuro nuevo. La ansiedad de lo que vendría después desapareció. Aparecieron capas de sentimientos que nunca lograban ser parte de las sesiones de One Direction, muchas veces con artesanos del pop que pulían las canciones luego de que se fuera Styles. En One D no se sentía reprimido, dice, pero sí interrumpido. "Estábamos todo el tiempo de gira", recuerda. "Empecé a componer más, sobre todo en los últimos dos discos." Hay canciones de ese período que le encantan, dice, como "Olivia" y "Stockholm Syndrome", junto con "Happily", una canción anterior. "Pero era difícil sumergirme y descubrir quién era como compositor, cuando todo era tan breve. Nunca nos tomamos seis meses para ver qué hacer. Tener tiempo para vivir con una canción, ver lo que te gusta como fan, trabajarla, pulirla.... es una bendición."

Cuanto más vulnerable la canción, aprendió, mejor. "El tema que más pega es el amor", dice, "ya sea platónico, romántico, amar, perder... siempre te pega. No creo que la gente me quiera escuchar hablar sobre bares y lo bueno que está todo. Descorchar un champagne... ¿quién quiere escuchar sobre eso? No quiero escuchar a mis artistas preferidos hablar sobre las cosas geniales que pueden hacer. Yo quiero escuchar: '¿Cómo te sentís cuando estás solo en ese hotel, porque elegiste estar solo?'".

Para relajarse en Jamaica, Styles y Rowland, el guitarrista, empezaron una obsesión diaria con comedias románticas en Netflix. Las personas que trabajaban en la casa muchas veces se iban a la noche y, al regresar a la mañana, encontraban a Styles adormecido después de una larga serie de comedias románticas. Se declara experto en Nicholas Sparks, a quien ahora llama "Nicky Spee". Después de casi dos meses, la banda dejó la isla con un botín de canciones y anécdotas. Como la vez que Styles terminó borracho y mojado por el océano, brindando con todo el mundo, y con un vestido que había intercambiado con la novia de alguien. "No me acuerdo del brindis", dice, "pero me acuerdo de la sensación".

Navidad, 2016. Harry Styles estaba estacionado afuera de su casa de infancia, sentado junto a su padre. Escuchaban su disco. Después de almorzar en un pub, manejaron por su vieja calle, y terminaron frente a la casa familiar. Contemplando el exterior de la casa en la que Styles se crio escuchando la copia de su padre de The Dark Side of the Moon, había mucho en lo que pensar. Había atravesado un largo camino en los años desde "Isn't She Lovely". Ya le había mostrado el disco a su madre, en una banqueta en el living, con parlantes baratos. Ella lloró escuchando "Sign of the Times". Ahora se sentó con su padre, quien prefirió la canción "Carolina".

Styles se conmueve cuando describe cómo se sintió. Estamos sentados en la oficina vacía de Corden, charlando antes de que él regrese a Inglaterra. "Pienso, como padre, especialmente con las cosas de la banda, fue una montaña rusa", dice. "Siento que ellos siempre pensaban: 'OK, este viaje se puede terminar en cualquier momento así que vamos a tener que estar ahí para él cuando eso pase'. Había algo en mostrarles el disco y en lo feliz que yo estaba que era como decirles: 'Si lo único que logro es hacer música, estoy satisfecho. Si nunca más vuelvo a tener un viaje así de grande, estoy feliz y orgulloso'."

"Siempre dije que lo único que quería era ser el abuelo con las mejores anécdotas... y los mejores estantes de artefactos y chucherías."

Mañana a la noche va a subirse a un vuelo de regreso a Inglaterra. Lo esperan ensayos. Hay que tomar decisiones sobre la tapa del disco. Agarra su cuaderno negro, se para y se da vuelta un momento antes de desaparecer en el pasillo, hacia el futuro.

"¿Cómo voy a ser misterioso...", pregunta, medio en broma, "cuando fui tan honesto con vos?".

Cameron Crowe

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Revista Rollingstone