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Adentro de los últimos días de Chris Cornell

Fue un dios del grunge y uno de los cantantes más poderosos del rock & roll. Canalizaba su costado oscuro a través de sus canciones... hasta que, finalmente, se llevó lo mejor de él

 
Foto: Mark Seliger

La última vez que Serj Tankian vio a Chris Cornell, todo parecía bien. El 25 de marzo, los dos amigos -Tankian, cantante del grupo de metal alternativo System of a Down, y Cornell, el fundador, cantante y guitarrista de Soundgarden, el grupo pionero del grunge de Seattle- habían sido invitados a una gala en Los Angeles repleta de estrellas por el cumpleaños número 70 de Elton John. "Tuvimos una charla muy larga, sentados uno al lado del otro", recuerda Tankian. Cornell y él hablaron acerca de componer música para soundtracks de películas, y del proyecto de Cornell de hacer conciertos cantando acompañado por una orquesta. Tankian, a punto de salir de tour con System of a Down, le preguntó a Cornell si estaba cansado de girar. "Para mí, es divertido, pero siempre lo mismo", admite Tankian. Para Cornell "era completamente lo contrario: 'Estoy muy contento. Estoy haciendo una gira con Soundgarden. Tengo ideas nuevas'. Tenía planes, man".

Después, el 12 de abril en la misma ciudad, Tankian y Cornell asistieron al estreno, con alfombra roja, de The Promise, un drama histórico acerca del genocidio armenio. "Estaba muy bien, haciendo prensa, peleando la buena batalla" para el proyecto, dice Tankian. Cornell era "uno de estos tipos", agrega, que "trataban de hacer que todo el mundo se sintiera cómodo consigo mismo. En ese sentido, era generoso, con sus emociones y con el tiempo".

Apenas un mes más tarde, el 17 de mayo, Soundgarden -Cornell, el guitarrista Kim Thayil, el bajista Ben Shepherd y el baterista Matt Cameron- tocó ante 5.000 personas en el Fox Theatre, en Detroit. Tras el show, un rato después de la medianoche, la policía recibió un llamado acerca de un aparente suicidio en el hotel y casino MGM Grand. Encontraron a Cornell en su habitación, tendido en el piso del baño, con una banda elástica para hacer ejercicios alrededor del cuello.

El cantante, de 52 años, fue declarado muerto en la escena. En un comunicado emitido la tarde del 18 de mayo, la oficina de exámenes médicos del Wayne County confirmó la muerte de Cornell como un suicidio por ahorcamiento. La respuesta de Tankian a la noticia: "Descreimiento", dice, hablando apenas 24 horas después. "Pensé: 'No puede ser'."

Ciertamente no hubo señales alarmantes el 19 de abril, cuando Cornell tocó "The Promise", su canción para la película, en The Tonight Show con Cameron, una sección de cuerdas, y el productor Brendan O'Brien en la guitarra. Cornell y O'Brien habían trabajado juntos en el estudio desde mediados de los 90, cuando O'Brien mezcló Superunknown, el disco multiplatino de Soundgarden editado en 1994. O'Brien produjo también el último disco solista de Cornell, Higher Truth, de 2015, y recientemente había hecho sesiones con Cornell para un posible disco de covers.

"No lo vi para nada diferente", dice O'Brien acerca del ánimo de Cornell en The Tonight Show. "Sentí que lo habíamos pasado bien ahí. Estaba bien de ánimo." O'Brien señala que le habían subido el volumen de la guitarra por error durante la grabación. "Al día siguiente le mandé un e-mail: 'Cantaste muy bien. Perdón si toqué muy fuerte'. Y él me respondió: 'Todo bien. Te quiero. No te preocupes'."

El guitarrista Tom Morello tocó con Cornell entre 2001 y 2007, cuando Cornell formó Audioslave con Morello, el baterista Brad Wilk y el bajista Tim Commerford, la columna vertebral instrumental de Rage Against the Machine. Morello vio a Cornell por última vez el 20 de enero, cuando Audioslave se juntó en Los Angeles para el Anti-Inaugural Ball, un concierto de protesta la noche de la asunción del presidente Trump.

"Chris se reía de toda la cosa del dios del rock", dice Cameron Crowe. "Nunca pensé que iba a meterse de lleno en el lado oscuro."COMPARTILO

En ese recital, Cornell "brilló", en palabras de Morello. "Después del show, estuvimos juntos un rato; nos reímos, nos sacamos fotos. Lo último que me dijo fue: 'Lo pasé muy bien. Me encantaría hacer esto de nuevo. Avisame'. Yo le dije: '¡Sí, hagámoslo!'."

"Es increíble", dice Morello acerca de la muerte de Cornell. "No sé cuáles son las fases del duelo, pero yo estoy en la primera. Todavía espero que esto sea una suerte de error." Morello cree que Cornell pronto le va a mandar un mensaje de texto o lo va a llamar "y decir: 'Estoy bien. Perdón. Fue un susto. Todo va a estar bien'".

A las 7:06 p.m. del 17 de mayo, después de llegar a Detroit para el show de Soundgarden, Cornell disparó un mensaje de alegría en Twitter -"¡Por fin de vuelta en Rock City!"- con una foto del nombre de la banda en la cartelera del Fox Theatre. Cuatro horas más tarde, Cornell terminó los bises como lo hacía habitualmente, cerrando una versión épica de "Slaves & Bulldozers", del disco de Soundgarden de 1991, Badmotorfinger, con un arreglo vocal desgarrador de "In My Time of Dying", de Led Zeppelin.

El resto de la lista de 20 canciones recorría todo el legado de metal progresivo de Cornell con Soundgarden, desde la furia de hardcore angular de su single debut, "Hunted Down", de 1987, hasta King Animal, de 2012, el regreso triunfal de la banda después de una pausa de más de una década. Soundgarden también tocó casi la mitad de Superunknown, su disco más vendido y -en la aventura oscura y psicodélica y el autoexamen doloroso de los hits "Fell on Black Days" y "Black Hole Sun"- el salto cualitativo de Cornell como compositor.

Las imágenes grabadas con celular del último concierto de Cornell son perturbadoras pero inconcluyentes. En Detroit, las diatribas que soltó entre tema y tema varían entre agradecimiento e incongruencia, incluyendo una referencia bizarra a unas cruces prendidas fuego sobre el pasto. Por momentos, su canto -en su mejor versión, una tensión dramática entre el aullido de un dios del rock clásico, el aplomo y la furia melódica del blues, y una amenaza empalagosa- suena demasiado a destiempo, siempre más lento que la banda. Y en esos bises, Cornell suelta golpes al aire victorioso justo antes de darle la espalda al público, mientras Thayil y él quedan de frente a los amplificadores, desatando una última tormenta de feedback.

Después de firmar autógrafos afuera del Fox, Cornell fue a su habitación en el hotel, donde habló con su esposa, Vicky, por teléfono. "Noté que hablaba raro, estaba diferente", dijo en una declaración emitida el 19 de mayo. "Cuando me dijo que quizás había tomado uno o dos Ativan de más, contacté a la seguridad y les pedí que lo chequearan." Martin Kirsten, guardaespaldas de Soundgarden, pateó la puerta de la habitación y encontró a Cornell "con sangre saliéndole de la boca y una banda roja para hacer ejercicios alrededor del cuello", según un informe de la policía.

A Cornell le habían recetado Ativan, un medicamento para la ansiedad que ha sido usado por adictos en recuperación. Las reacciones adversas, especialmente cuando se toman dosis altas, incluyen mareos, cambios de ánimo, confusión y pensamientos suicidas. En una entrevista con Rolling Stone en 1994, Cornell confesó haber sido "un consumidor diario de drogas a los 13" y haberlas dejado a los 14. Pero luego tendría otras batallas con el alcohol y el abuso de sustancias, que llevaron a Cornell a entrar en rehabilitación en 2002. Tankian da fe de que Cornell llevaba sobrio las últimas semanas: en la fiesta de Elton John, Cornell participó del brindis -levantó su copa- pero no tomó el champagne.

Los miembros sobrevivientes de Soundgarden se negaron a declarar para esta nota. En el momento de su publicación, aún no habían salido la autopsia ni el informe de toxicología. Pero en la declaración del 19 de mayo, Vicky Cornell y Kirk Pasich, abogado de la familia, disputaban el veredicto del suicidio. Chris "quizás tomó más Ativan que la dosis recomendada", dijo Pasich. Pero, aseguró Vicky, "yo sé que él amaba a nuestros hijos" -la pareja tenía un hijo y una hija, Christopher y Toni- y "no los lastimaría quitándose la vida intencionalmente". Chris también tenía una hija, Lily, de su matrimonio anterior con la ex manager de Soundgarden, Susan Silver. Se divorciaron en 2004.

 
Soundgarden en 1992, Cornell formó la banda en 1984, mucho antes de que explotara el grunge. Foto: Jay Blakesberg

Hasta ese miércoles en Detroit, Cornell era "el último tipo sobre la Tierra del cual habría pensado que le podría pasar eso", dice Jerry Cantrell, el guitarrista del grupo de Seattle Alice in Chains, quienes perdieron a su cantante original, Layne Staley, por una sobredosis de drogas en 2002. "Esa no era la forma en la que tenía que terminar el libro. Y no es como el libro se estaba desarrollando."

En Seattle y más allá, Cornell era un habitante muy respetado: un prócer y sobreviviente del underground de los 80, la época pre-grunge -Thayil y él empezaron Soundgarden como un trío en 1984- y su boom comercial turbulento después del gran éxito de Nirvana con Nevermind, de 1991. Dave Grohl recuerda haberse sorprendido por el futurismo abrasador de Soundgarden y los modales pensativos y suaves de Cornell fuera del escenario, la primera vez que se conocieron, en una fiesta en la casa de Krist Novoselic, el bajista de Nirvana. "Estaba toda la pandilla de Seattle ahí", dice Grohl, "y Chris parecía tan tranquilo comparado con el resto de los maníacos".

Pero Cornell era franco y temerario en sus canciones, reflexionando sobre las lecciones de desazón que sacudieron a él y su ciudad natal repetidas veces. En marzo de 1990, Andrew Wood, el cantante de Mother Love Bone, y ex compañero de cuarto de Cornell, murió de sobredosis de heroína. La muerte seguiría cautivando la mente de Cornell a lo largo de los años. Al poco tiempo compuso un par de homenajes atronadores para Wood, "Say Hello 2 Heaven" y "Reach Down", que se transformaron en emblemas de Temple of the Dog, de 1991, una colaboración con miembros de los entonces desconocidos Pearl Jam, que llegó al Top 5.

Wood también apareció en "Like Suicide", un tema de Superunknown que se cargó de significado con el suicidio de Kurt Cobain en 1994, un mes después del lanzamiento del disco. "Las posibilidades emocionales" de ese disco "eran ahora realidades emocionales", dijo Cornell en 2013, recordando sus propias batallas internas en canciones como "Let Me Drown" y "Limo Wreck". Describió "Like Suicide" como una canción "sobre todas esas vidas hermosas que hay alrededor de nosotros, el doble de brillantes y la mitad de largas, que van corriendo contra las paredes". Pero, continuaba Cornell, "después de los funerales, nos sentimos mejor cuando somos capaces de levantarnos al día siguiente".

Cornell era franco, tanto en las entrevistas como en las letras, acerca del encanto del abismo. Parte de ello, dijo una vez, venía de "haberse criado en el Noroeste. Siempre estás moviéndote entre el horror de la vida cotidiana y esa belleza natural que te rodea todo el tiempo". En un fascinante intercambio con Rolling Stone en 1999, Cornell confesó un hábito -"algo que hago desde que era chico"- que consistía en abrir ventanas e imaginarse cómo sería saltar. "Pero nunca me lo tomé en serio", agregó de inmediato.

"Siempre sentí que Chris tenía un lugar solitario dentro de él, al que se acercaba de manera creativa", dice Cameron Crowe, director de cine y veterano periodista de Rolling Stone, quien le dio un cameo a Cornell haciendo de sí mismo en Singles, el drama romántico de Crowe de 1992 ambientado en la incipiente escena de Seattle. "A veces se reía de toda esa cosa del dios del rock, como en 'Big Dumb Sex' [la canción de Soundgarden]. Tenía esa cosa como si dijera: 'Yo sé cómo imitar esto'."

"Nunca pensé que Chris -considerando su familia y cierta luz, el humor y la alegría con la que hablaba sobre su vida en privado- se metería de lleno en ese lugar oscuro", dice Crowe. "Pensé que entraría, escribiría sobre eso, y después lo imitaría demasiado bien."

Tankian señala que "The Promise", la última canción que editó Cornell antes de su muerte, "trata sobre la supervivencia: sobrevivir y prosperar... Yo vi gente en un mal momento. Uno quisiera que encontraran un camino y paz consigo mismos". Cornell, insiste Tankian, "no era esa persona. Era amable, tenía luz".

Hasta Detroit.

Cornell nació con el nombre de Christopher John Boyle en Seattle el 20 de julio de 1964; fue el cuarto de seis varones. Su padre, Ed, era farmacéutico; su madre, Karen, contadora. Chris abandonó la escuela a los 14 años, después del divorcio de sus padres (Cornell es el apellido de soltera de Karen), y trabajó de cocinero de pescados y mariscos. Cornell también se acercó a la música en busca de un alivio, empezando con la batería a los 16. Su primer grupo preferido fueron los Beatles. Más tarde describió la diversidad de texturas y la agresividad de Superunknown como "el período Album Blanco" de Soundgarden.

A principios de los 80, Cornell tocaba en un grupo de covers llamado The Shemps, que en diferentes etapas incluyó a Thayil y a Hiro Yamamoto, bajista y fundador de Soundgarden. "Cuando conocí a Chris", dijo Thayil en 1992, "mi primera impresión fue que era alguien que acababa de salir de la Marina o algo así. Tenía pelo corto y se vestía muy elegante". Cornell también tenía lo que Thayil describe como "una gran voz".

En 1984, los tres empezaron Soundgarden acuñando un heavy metal único, que combinaba el carácter hípersurrealista de grupos hardcore como Minutemen y Meat Puppets con el existencialismo post-punk de Wire y Joy Division. Shepherd, que se volvió el bajista de Soundgarden en 1990, ya era fan; vio el segundo recital del trío original, taloneando a Hüsker Dü. "No tocaban el punk-rock habitual", dijo en 2013. "Y no eran rock ni heavy metal, como solía etiquetarlos la gente porque usaban el pelo largo. Para mí, su música era negra, triste y como un relámpago." Cameron se sumó en 1986, después de que Cornell -quien también tocaba la guitarra y emergía como el compositor principal- se volviera el líder de Soundgarden a tiempo completo.

 
Eddie Vedder y Cornell, en 2014. Foto: Steve Jenning/Wireimage/Getty Images

"Soundgarden agarró el rock de riffs que siempre me gustó y lo volvió inteligente", dice Morello, recordando el profundo impacto que tuvo la banda en el primer sonido y la primera dirección de Rage Against the Machine. "El intelecto oscuro y poético de Cornell no era algo que uno pudiera encontrar en el heavy metal."

Grohl recuerda vívidamente la primera vez que vio a Soundgarden tocando en vivo, justo antes de migrar a Seattle, en un club en Baltimore en 1990. "Era como si todos nuestros sueños de punk-rock y rock clásico se hubieran vuelto realidad juntos", dice Grohl. "Todo el mundo en Washington admiraba a Soundgarden y veían al grupo como una potencia natural."

La primera banda en editar un single con el icónico sello Sub Pop Records, y el primer grupo del under de Seattle en obtener un contrato discográfico con un sello grande, los Soundgarden eran "un faro a seguir", dice Cantrell, para los grupos locales que venían detrás. "Nuestra ciudad no es tan grande. Todo el mundo prestaba atención a lo que hacían esos tipos. Y era inspirador." Durante un tiempo, Alice in Chains compartía manager con Soundgarden. "Nos prestábamos dinero los unos a los otros para poder salir de gira", explica Cantrell. "Teníamos el mismo productor de remeras. Era todo muy íntimo."

Cornell, en particular, representaba "una presencia fuerte en nuestra ciudad. Fue siempre muy honesto, desde que lo conocí", dice Cantrell. "Yo compartía un montón de los problemas que comunicaba Chris" en sus canciones. "Y hay una gran fuerza en compartir tu debilidad con la gente que necesita escuchar eso, para que puedan pensar: 'A la mierda, ese tipo está lidiando con esto'. Así no te sentís tan solo."

"El gran arte viene de la generosidad", dijo Stone Gossard, el guitarrista de Pearl Jam, el año pasado, recordando la génesis de Temple of the Dog. Gossard y el bajista de Pearl Jam, Jeff Ament, que tocaba en Mother Love Bone, quedaron devastados después de la muerte de Wood. Cornell escribió las canciones para Temple of the Dog, "desde el lugar más puro que te puedas imaginar", continuó Gossard. "Y después nos dejó entrar."

Gossard, Ament y el guitarrista de Pearl Jam, Mike McCready, se volvieron el grupo de Cornell en Temple of the Dog, sumados a Cameron, de Soundgarden. Cornell también desarrolló un interés paternal por el cantante de Pearl Jam, un emigrado de San Diego recientemente llegado, de nombre Eddie Vedder. "Ed era súper tímido en esa época, estábamos empezando a conocerlo", dijo McCready en 2016. Cornell llevó una canción llamada "Hunger Strike". Mientras mostraba un arreglo, Vedder se metió e hizo la melodía más grave junto a la voz de Cornell.

"De repente, era una canción de verdad", señaló más tarde Cornell. "Hunger Strike" se volvió el single revelación de Temple of the Dog; también fue la primera vez que la voz de Vedder apareció en un disco. "El corazón de Chris era lo suficientemente grande", dijo McCready, "como para dejarlo hacer eso".

Soundgarden se separó en 1997, abrumado por tensiones internas y juicios privados; Cameron al poco tiempo se sumó a Pearl Jam. Cornell reconoció más tarde que estaba tomando alcohol para "poder lidiar con cosas de mi vida personal" (su primer matrimonio se estaba disolviendo amargamente) y se estaba volviendo "un pionero", como dijo con remordimiento, en el consumo de OxyContin.

"Fue lo más difícil de mi vida. Tengo suerte de haberlo superado", admitió Cornell en 2009. "No estoy seguro de si era el mejor lugar para mí", agregó, en referencia a la rehabilitación. "Pero funcionó."

"Me pasé la última semana y media en una habitación sin ventanas, haciendo demos para Soundgarden", me dijo Cornell en una entrevista para Rolling Stone en agosto de 2015. "Ibamos a encontrarnos en cuatro días y pasar una semana juntos. Para el final de esa semana, teníamos un montón de cosas, un montón de ideas para trabajar."

Ese mes, Cornell también se estaba preparando para el lanzamiento de su quinto disco solista, Higher Truth, y para unos conciertos en ese otoño: el último tramo de su Songbook Tour, una gira de shows de él solo, en la que tocaba material nuevo, grandes éxitos y covers sorpresa, y contaba historias en un plan muy relajado, que empezó en 2011. "Ahora entiendo un poco a Neil Young", admitió. "Sale de gira con Crazy Horse, después sale con Booker T. & the MG's. Después sale de gira solo con siete guitarras. Ahora para mí tiene sentido. No está tratando de descubrir quién es."

Young es, sugerí yo, todas esas cosas. "Y todas esas cosas", respondió Cornell, "soy yo".

Thayil le confirmó a Rolling Stone el año pasado que Soundgarden seguía trabajando en su nuevo disco de estudio, el primero desde King Animal, mientras giraban y armaban una campaña de proyectos de archivo deluxe. Los últimos meses salieron versiones extendidas de Badmotorfinger y el primer larga duración de Soundgarden, Ultramega OK, de 1988. Cornell, por su parte, había empezado a grabar el disco de covers con O'Brien. Y Paul Buckmaster, quien creó los arreglos de cuerdas de "The Promise", dice que Cornell estaba "muy bien en el estudio", y "totalmente fascinado" con el proceso de grabar con una orquesta: "Nunca había visto algo así en su vida". Buckmaster revela que la sesión de 2016 para la película salió tan bien que, en las semanas recientes, "habíamos tenido charlas para que yo le hiciera arreglos orquestales" para material de Soundgarden en vivo, posiblemente con la banda.

En los últimos años, Cornell "parecía estar en una misión de trabajar todo el tiempo", dice O'Brien. "Y digo todo el tiempo en serio. Siempre parecía estar haciendo algo, y muchas cosas diferentes. Chris también era alguien", agrega O'Brien, "al que le gustaba estar activo. Le gustaba que la gente lo viera así".

Hubo algunos fracasos. Scream, el disco de 2009 de Cornell, hecho con Timbaland, el productor de hip-hop, fue el primer trabajo solista del cantante en llegar al Top 10, pero fue maltratado por la prensa... y por algunos pares. "Ver a Chris hacer ese disco fue como un golpe para mí", dice Trent Reznor, de Nine Inch Nails. "Pensé: 'El está por encima de eso, man. Es uno de los mejores diez cantantes de nuestra época'."

Reznor lo hizo público y vapuleó a Cornell en Twitter, "de lo cual", dice ahora, "me arrepentí inmediatamente". Cinco años después, cuando Soundgarden y Nine Inch Nails estaban a punto de empezar una gira juntos, Reznor le escribió un e-mail a Cornell disculpándose por el exabrupto. "Estuvo muy tranquilo y fue muy generoso con el tema. 'Está en el pasado, a la mierda. Sigamos adelante.' El Chris que conocí en esa gira era un caballero que sabía lo que hacía."

Cornell vivió en varios momentos en Los Angeles, París y Miami. Pero siempre se hacía tiempo para Seattle. En enero de 2015, Cornell fue parte de un pequeño ejército de héroes locales -incluyendo a Duff McKagan, el bajista de Guns N' Roses, y miembros de Pearl Jam- en el Benaroya Hall de la ciudad, para un concierto homenaje a Mad Season, un grupo de corta vida de mediados de los 90 liderado por Staley y McCready. Cornell le pidió personalmente al baterista de Alice in Chains, Sean Kinney, que se sumara al grupo.

"No pensaba que sería capaz de aguantarlo", dice Kinney, en referencia al dolor por la muerte de Staley. "Pero Chris me convenció de salir. Sólo tocar un bongó", dice, riéndose. "Y fue algo hermoso. Me dijo lo difícil que había sido para él. Y yo le dije: 'A Layne le hubiera encantado'."

"Tengo mucha experiencia con lo que está pasando acá", dice Kinney acerca del fallecimiento de Cornell. "Cada vez que escriban sobre tu grupo de ahora en más, siempre será: 'X se murió'. Yo sólo voy a la música y a lo que queda. Tenemos suerte de tener eso."

"Va a haber gente que lo va a convertir en un mito. 'La maldición del grunge'", dice Tankian. "Yo no haría eso." Cornell "tenía 52 años. Logró atravesar cualquier cosa que estuviera sufriendo en su vida, su juventud y muchas más cosas".

"El admitía ser vulnerable", señala Crowe, "con un cierto orgullo de haber sido capaz de sobrellevar varios momentos. Nunca tuve una conversación con él en la que dijera: 'Estoy perdido'. Fue siempre como: 'Tuve un momento muy difícil, pero ahora me estoy divirtiendo'".

Cornell "siempre tuvo, al igual que la primera vez que vi a Layne, ese compromiso con la aventura", dice Cantrell. "Había algo que yo reconocí y a lo que aspiraba: tener tu propia voz y tu sonido. Nadie más suena como él. Nadie lo hará."

"Ahora hay un espacio vacío, y que será así para siempre", asegura Cantrell sobre la muerte de Cornell. "Jamás va a tener sentido. Nunca va a parecer justo. Y siempre va a doler."

David Fricke

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