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'Las estrellas': cinco mujeres bellas y fuertes buscan ganar el prime time

Pol-ka apuesta a una comedia con cinco hermanas de tres madres distintas que tienen que recomponer sus lazos familiares



Mientras Netflix penetra cada vez con más profundidad en el mercado y parece haber mirado con mejores ojos las producciones de Sebastián Ortega como El marginal que las de Adrián Suar, Las estrellas apela a la camaradería femenina que caracterizó a Esperanza mía y Guapas, los dos últimos éxitos de Pol-ka, para tratar de volver a ganar la pulseada del horario central desde El Trece. Marta Betoldi, guionista de Ciega a citas y Esperanza mía, se hace cargo del destino de estas cinco hermanas de tres madres distintas, forzadas a manejar juntas un hotel durante un año para heredar la fortuna del difunto Don Estrella. Es trillado, pero no por eso menos efectivo, que la relación entre ellas empiece de pésima manera, y que se haga rogar bastante la compasión entre las hermanas. Hay dos bandos: de un lado Celeste Cid y Violeta Urtizberea, y del otro Marcela Kloosterboer (¿qué dios malévolo diseñó ese cuerpo?) y Natalie Pérez, que se odian de entrada y solo parecen estar de acuerdo en la furia que les produce enterarse durante la lectura del testamento de que existe una quinta Estrella, interpretada por Justina Bustos. Cada una desarrolla su propia historia, pero la acción siempre está centrada en alguna situación que atraviesa -y de alguna manera une- a estas cinco mujeres bellas, fuertes e independientes de entre veintipico y treintipoco que, pasito a pasito, se permiten bajar un poco la guardia.

Los temas que enfrentan las hermanas Estrella no son originales ni mucho menos, pero se intenta adaptarlos al enfoque de jóvenes adultos que busca la telecomedia. Identidad de género, promiscuidad, infidelidades, prostitución y violencia de género son algunas de las piedras en el predecible camino que transitan las protagonistas. Todos los capítulos comienzan con un breve clip climático, donde por lo general se juega con lo abstracto y se resalta la saturación de los colores y la música electrónica de fondo, que ilustra un momento clave del episodio por venir. Enseguida la acción retrocede unas horas para mostrar, a lo largo del resto del capítulo, cómo fue que las chicas llegaron hasta esa situación casi siempre límite.

Esteban Lamothe, Gonzalo Valenzuela, Luciano Castro, Nazareno Casero y Nicolás Francella componen la indefectible constelación de chongos de otra galaxia que orbita siempre alrededor de las protagonistas, pero jamás pone en duda que ellas cinco son el centro de este universo. El ritmo dinámico, el tono de comedia constante y el libertinaje sexual de los primeros capítulos están bastante por encima de nuestra media televisiva, pero no se puede tapar el sol con la mano y ningunear la vergüenza ajena que produce la tira al jugar con el Síndrome de Tourette que padece el personaje de Violeta Urtizberea -que la lleva a gritar puteadas sin filtro-, por más desafiante que resulte ver en horario central cómo una chica le dice "yuta puta" en la cara a un policía.

Nazareno Brega

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