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Fidget Spinner: de objeto anti-estrés a adicción pop

El juego más popular de 2017 se alimenta por Internet, pero no es una app

"Es como cuando se masificó el Yo-yo o el Pokemón Go. Se parece mucho a ese fenómeno", dice Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, sobre el Fidget Spinner, que a casi 25 años de su creación para estimular a niños con autismo y déficit de atención se convirtió en el juego más popular del momento. Con un eje central y tres brazos con rulemanes en los extremos que lo hacen girar, conquistó a los más chicos y luego se instaló más allá de los patios de los colegios: hasta el presidente Mauricio Macri se grabó usándolo y compartió el video en su cuenta de Instagram.

El efecto hipnótico del Spinner tuvo como aliado a Internet. Con demostraciones de trucos y transmisiones de competencias, los gamers y youtubers son los predicadores de la adicción pop de 2017. "Muchos aprovecharon el momento viral del objeto", dice FoxFire Raúl, uno de los gamers mexicanos más populares. "Yo compré uno en la calle y subí un video para entretener, pero no tenía intención de alcanzar números muy altos", agrega. Luego de probarlo pocos días, aprendió algunos trucos: "El más básico es pasarlo de una mano a otra girándolo en el aire, otro es rodarlo sobre superficies irregulares y evitar que se detenga; todo depende de las creatividad de cada uno".



El Spinner se consigue en jugueterías, bazares, kioscos y mercados callejeros, pero la web es su principal punto de venta con sitios multiproducto o páginas de Facebook dedicadas a su comercialización. Aunque en su mayoría son importados ilegalmente de China, hay producción nacional. "Primero pegó en los pibes y después en gente de entre 20 y 30 años", cuenta Miguel Ángel Martínez, un técnico electrónico y diseñador gráfico que trabajó 14 años en Ideas del Sur y empezó un emprendimiento personal con una impresora 3D. En mayo, vio una publicación en Mercado Libre que había vendido 600 spinners en Córdoba y se le ocurrió hacer algunos en su impresora 3D. Su apuesta le salió bien: vendió 1000, a 180 pesos cada uno, en 10 días.

Gonzalo Bustos

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