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Mon Laferte encontró su voz lejos de casa

Conocé a la cantante chilena que inició su carrera en un talent show, estuvo en el centro de la escena pop de su país y escapó a México para poder darle forma a su identidad musical

Por Yamila Trautman

"Ahora estoy nerviosa", confiesa Mon Laferte. La fragilidad sincera de esta chilena residente en México se trasluce en su voz del otro lado del teléfono días antes de su primera presentación en Buenos Aires. Dice que sufre la ansiedad lógica por no poder imaginar cómo será su público argentino. Hasta que se suba al escenario de Groove el 7 de julio no lo sabrá.

La carrera de Mon (nacida Monserrat Bustamante Laferte hace 34 años) comenzó de manera muy temprana entre Viña del Mar y Valparaíso, donde interpretaba canciones en bares y eventos, pero dio un giro cuando ingresó al reality televisivo Rojo, fama contra fama. Entonces era adolescente, todavía no había elegido su álter ego artístico y la vorágine de la industria la colocó sin preguntarle en el centro de la escena pop chilena. Hasta que un día lo dejó todo para mudarse a México y forjar una nueva personalidad musical.

Además de tener que irse a miles de kilómetros de su casa, para alcanzar la identidad definida que hoy demuestra -una chica folk de vestidos vintage combinada con una pin up de flequillo tupido y brazos tatuados- tuvo que librar una batalla interna. "Un día me levantaba, me vestía de negro y me pintaba los ojos y escribía una canción metalera, con influencia de música extranjera. Y tal vez otro día me sentía Violeta Parra, y luego quería ser una chica superpop y así... Pero poco a poco fui tomando forma", cuenta. A su voz dulce pero poderosa, que por momentos remite a la de la Björk de Gling-Gló, le sumó letras rabiosas y la libertad como principio artístico: "Ser desprejuiciada es parte de mi esencia, trato de ser versátil a la hora de contar una historia sin encasillarme en un estilo musical: mi manera de crear música es instintiva, más vinculada con la emoción", agrega.

Su nuevo disco, La trenza (el quinto de su carrera, recientemente editado en Argentina), pone en evidencia esa capacidad de deambular a través de los géneros. "Musicalmente me remonta mucho a la infancia, de cuando visitaba a mi familia en Valparaíso o iba con mi abuela a los bares y cantábamos y bailábamos tango... Este trabajo tiene un poco de todo eso: boleros, folclore, incluso algo andino", describe. Con colaboraciones de Enrique Bunbury (en la desgarradora balada retro "Mi buen amor") y Juanes (en la cumbia colorida "Amárrame"), funciona como excusa para tocar por primera vez en Argentina. Y a pesar de la imposibilidad de predecir cómo será su debut, la actitud de Mon es siempre positiva: "Cualquier cosa que pase, será a favor."

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