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Cómo fue el homenaje a Violeta Parra en el Teatro Colón

Cantantes argentinos y chilenos interpretaron los clásicos de la figura trasandina en clave sinfónica

Por Claudio Kleiman

 
Todos los músicos argentinos y chilenos que participaron del homenaje a Violeta Parra subidos al escenario del Colón. Foto: Natalia Espina/CNCA

¿Qué hubiera pensado Violeta Parra de ver sus temas interpretados en el Teatro Colón, a cargo de una orquesta sinfónica? Por supuesto, la pregunta es hipotética, pero a juzgar por su carácter antiautoritario y el tono de su obra, que bucea en las formas folclóricas de raíz y habla de amores desgarrados y luchas populares, se hubiera sentido algo incómoda.

Algo así ocurrió con los intérpretes de este concierto auspiciado por la Embajada de Chile en Argentina, que el miércoles 19 a la noche reunió una selección de artistas de ambos países, pertenecientes a distintas generaciones y variantes estilísticas, acompañados por una Orquesta Sinfónica (Asociación de profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón), conducida por el chileno Guillermo Rifo y con la dirección artística de Angel Parra Orrego, guitarrista y miembro fundador de Los Tres, y a la sazón nieto de Violeta.

El heterogéneo grupo de cantantes incluyó a Sandra Mihanovich, Loli Molina, Kevin Johansen, Soledad Pastorutti y Los Tekis por el lado argentino, y los trasandinos Javiera Parra (de Javiera y los Imposibles, nieta de Violeta y hermana de Angel), Beto Cuevas, Gepe, Camila Moreno, Roberto Márquez (del grupo Illapu) y Patricio Manns, figura de la Nueva Canción Chilena de los 70 y lo más cercano en el elenco a un contemporáneo de Violeta.

Casi todos ellos, cantantes populares, se encontraron con algunas dificultades para "seguir" a la orquesta, cuyos tempos y estructuras permanecen inamovibles, al contrario de lo que sucede en la música folclórica. Además, el marco majestuoso del Colón, pero también intimidante, sumado a la presencia de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y un nutrido grupo de figuras de la política y la diplomacia, no contribuía a un clima precisamente descontracturado.

 
Beto Cuevas y Soledad Pastorutti. Foto: Natalia Espina/CNCA

Igualmente, el Concierto tuvo varios momentos para destacar. Principalmente a cargo de Camila Moreno, cuya presencia alternativa y carisma natural derribó cualquier formalidad, y Javiera Parra, con una voz que tiene un color familiar que denota sus orígenes, y su identificación con el repertorio trasunta el amor y conocimiento profundo de la obra de Violeta.

El programa estuvo dividido en tres secciones, la primera con orquesta y solistas, una en el medio con un pequeño grupo acústico dirigido por Angel, y una parte final con el retorno de la orquesta y los cantantes alternándose en varios duetos. Previsiblemente, el recital tuvo su pico en la parte con el cuarteto folclórico, donde brilló un trío integrado por Sandra, Camila y Javiera haciendo esa obra maestra de la ironía que es "Mazúrquica Modérnica", y Angel y Javiera cantando a dúo "Pupila de Aguila".

Antes, había brillado Gepe con el "Rin del Angelito" y Camila en "De Cuerpo Entero". Para la sección final, donde la emotividad había conseguido derrotar en parte la rigidez, la Sole mostró su expresividad y profesionalismo en "La Lavandera", y Roberto Márquez encendió a la audiencia con un vigoroso "Maldigo del Alto Cielo".

El final fue con todos los artistas en el escenario, repartiéndose los versos del himno "Gracias a la vida". Pero quizás el momento más significativo de este acto de confraternidad argentino-chileno, fue cuando Los Tekis, Márquez y otros invitados se unieron para cantar "Los Pueblos Americanos": "¡Por un puñao´de tierra, no quiero guerra!".

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