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El fanatismo de Gilles Peterson por el Gato Barbieri: "Siempre le encontrás algo nuevo"

Antes de visitar Buenos Aires para actuar en el festival Sónar, el DJ estrella de la BBC habla del saxofonista argentino y cuenta cómo se vaciaban las pistas de las raves cuando ponía tracks de jazz y soul

Por Federico Martínez Penna



Cuando Gilles Peterson tenía quince años, a principio de los 80, su meta no era convertirse en mod, punk o heavy sino encontrar la señal justa en su jardín de la casa de sus padres en Londres para transmitir un programa de radio pirata con música soul, disco, funk y jazz. Aquellos principios domésticos lo iniciaron como presentador de nueva música y al mismo tiempo lo empujarían años más tarde a ser DJ en tiempos donde las primeras raves, con el acid house como emblema, eran el génesis de la cultura dance. Pero su búsqueda no terminó ahí. Gracias a él, muchos británicos escucharon por primera vez a Jamiroquai como también a BadBadNotGood, pasando por The Roots, Madlib, Kamasi Washington y Amy Winehouse, entre tantos otros.

Ahora con 52 años, su agenda obedece a un ritmo renacentista: viene de producir a la cantante cubana Daymé Arocena para su sello Brownswood, hizo DJ sets en varios festivales europeos (Sunfall y Boomtown), grabó unas emisiones para su programa en la BBC y cerró la agenda de los próximos meses para su nueva radio Worldwide FM, que, fiel a su estilo multi-tasking, le da también nombre a un festival propio e, incluso, a una entrega de premios.

En su primera visita a Argentina, para actuar en el festival Sónar Buenos Aires el 26 de noviembre, Peterson se enciende y manifiesta su interés por Latinoamérica: "Soy fanático del Gato Barbieri", dice entusiasmado acerca del saxofonista argentino. "Pasé muchas canciones suyas en la radio, sobre todo 'Fiesta', que fue un disco muy importante para nosotros los DJs. También algunas de las cosas más pesadas que hizo para el sello Impulse. Era un salvaje, ¿no?".

¿Pudiste ver en vivo al Gato Barbieri?

¡Si! ¡Fue increíble! Lo vi hace diez años en Japón, creo que en el Blue Note, y eso que no estaba dando muchos shows entonces. Pero si, un músico salvaje. Y a pesar de que Argentina no haya tenido jazzeros tan reconocidos a nivel mundial, por lo menos él fue uno de ellos. Lo que me gusta también es que se movía entre el límite del jazz convencional y el free jazz, porque es un poco más abierto y tiene como más sorpresas. Siempre le encontrás algo nuevo.

¿Que cosas fueron las que más te cautivaron de la música latina en primer lugar?

Para mí fue a través de la música brasileña con Brazilian Love Affair de George Duke, que fue un hit pop en Reino Unido y me generó bastante curiosidad. Lo compré, y me di cuenta que el disco era bastante distinto al single, y tenía invitados como Milton Nascimento, Floria Purim y Airto Moreira. Aparte de eso, yo iba a ciertos boliches en Londres donde había DJs que pasaban jazz, música brasileña y latina. Ahí fue cuando escuché por primera vez a la Fania All-Stars, Irakere, Daniel Ponce, Eddie Palmieri; ese tipo de funk-jazz afro-cubano bien denso. Así me metí con la música latina.

Tenés una colección de más de 50.000 discos. ¿Está entre ellos Tam... Tam... Tam...! de José Prates, para que el que publicaste una solicitada para conseguirlo?

¡Sí! Egon [Alapatt, del sello Now Again Records] me consiguió una copia. No fue barato, pero lo valió. Está en buen estado y huele bien [risas]. Pero todavía me faltan unos cuantos más por encontrar.

A principio de los 90 hacías el ciclo Dingwalls, donde la gente iba a ese tipo de fiestas de latin-jazz y afro-funk como una suerte de after de las raves de acid house. Pero en la actualidad, es más común ir a un boliche y escuchar algo de eso como parte de un setlist principal. ¿Cómo era para vos insertar esa música entonces?

Era brillante porque nosotros éramos parte de un movimiento. La gente nos seguía a mí y otros que me inspiraron como Bob Dones, Colin Curtis, que eran unos revolucionarios. Ellos iban a tiendas viejas y recuperaban cosas oscuras de jazz-fusión polacos, discos independientes editados en Estados Unidos, y decían: "Ey!, Voy a pasar este tema en el boliche", y conseguían que el público negro, quizás 50 chicos, bailaran y compitan entre ellos. Así como la gente habla sobre Larry Levan y los 'New York Classics', para la escena del house inglés, estos que yo te menciono, mis maestros, armaron una playlist de 500 discos que eran esenciales para el movimiento dance-jazz. Muchos suenan increíbles hoy en día. Y te digo más, hace poco hice un show con Four Tet en un festival frente a 5000 personas. En el medio del set puso una canción de Jackie McClain y Michael Carvin, que es de un disco de jazz pesado de los setenta con una percusión africana muy densa. ¡Y Kieran [Hebden, el nombre real de Four Tet] pasó el track entero!. Eso que hizo es un movimiento clásico de Dingwalls.

Como pasar "The Creator Has a Master Mlan" de Pharaoah Sanders entero...

Si. Yo no me acuerdo mucho de eso, pero Questlove [baterista de The Roots] sí, así que yo le creo [risas]. Pero eso es interesante como DJ, que ahora la gente está más abierta a escuchar espacios en un set. Por supuesto que si tengo que tocar en un boliche mayormente techno, por ejemplo en el Sónar Buenos Aires, no sé si me sentiría cómodo con pasar algo así. De hecho, no quiero pasar temas de jazz enteros, pero si quiero incorporar mi historia entre cosas que sean contemporáneas. Le da dinámica.

¿Recordás momentos en que la gente no haya entendido esa dinámica y la pista quedara vacío?

¡Seguro! ¡Eso me pasa todo el tiempo! [Risas]. Antes me pasaba más. En Alemania me contrataban mucho para tocar en galpones de Dusseldorf o Frankfurt. Mi nombre era conocido, pero cuando yo llegaba y pasaba estos discos raros de funk y free-jazz, literalmente nunca vi tanta gente vaciar tan rápido un lugar, fue muy gracioso. En otra rave de acid house pero en Londres, toqué "Soul to Soul" que es como un disco de soul sencillo, y, literalmente, se fueron todos. Pero estaba con Andrew Weber, que me dio un fuerte apretón de manos y me dijo: "Gilles, es por cosas como estas que te amo" [risas]. Igualmente ahora tengo un recorrido hecho, entonces creo que la gente espera que yo sea así de freak o avant-garde.

Alguna vez dijiste que un presentador se hace un nombre cuando es el primero en pasar una canción. ¿Cómo fue introducir a Jamiroquai, Amy Winehouse y The Roots a las audiencias británicas?

Fui muy afortunado de trabajar con organizaciones que siempre me permitieron ser yo mismo e impulsar nueva música a través de mi programa. Creo que también me empuja a mantener una suerte de rol de productor, A&R para un sello, porque si querés ser un buen representante de la música, tenés que entender todos los aspectos de ella. Por eso me encanta hacer todo lo que hago, me da una visión mucho más global de la representación de la música. Siempre estoy representando la música que sale de la cultura de Reino Unido, y la cultura del boliche, y al revés, del mundo a la audiencia británica. Esto es súper importante para mí, ya sea que en Reino Unido descubran a Gotan Project o tener un demo de Amy Winehouse y ser parte de su recorrido, eso es un aspecto muy excitante de lo que hago.

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