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Sepultura: "No podés hacer nada en la vida si no tenés un concepto"

El guitarrista Andreas Kisser habla de 'Machine Messiah', el disco que vienen a presentar a Buenos Aires este viernes 20 en Groove

Por Diego Mancusi



Una banda puede reaccionar a la partida de su líder de dos maneras: reemplazándolo por lo más parecido que encuentre en el mercado para seguir exprimiendo lo logrado hasta ese momento, o permitiéndose mutar, avanzar y redoblar esfuerzos. Cuando Max Cavalera dejó Sepultura hace ya ¡21 años! (aunque parezca mentira, su último show con el grupo fue en diciembre de 1996), sus compañeros reclutaron al estadounidense Derrick Green y siguieron adelante, grabando discos más o menos logrados, pero nunca durmiendo en la nostalgia. En enero editaron Machine Messiah, su álbum número 14, tomándose por primera vez en toda su carrera más de tres años entre un trabajo y otro (The Mediator Between Head and Hands Must Be the Heart es de 2013). "La gente a la que se le complica seguirnos: es su problema, no el nuestro", dice Andreas Kisser, el guitarrista que no estuvo en la fundación pero llegó poco después y que ahora comanda este Sepultura que no descansa, no graba dos discos iguales y no parece extrañar demasiado a los perdidos. "No estamos en esto para gustarle a todos."

El concepto detrás de Machine Messiah es la tecnología, que puede ser progreso y a la vez dominación. ¿Cómo mantenés el equilibrio entre abrazarla y rechazarla para no terminar siendo un nostálgico?

Creo que el concepto de Machine Messiah viene de que con Sepultura tenemos la suerte de viajar por el mundo, conocer tantos países diferentes -ya llevamos treinta años en la ruta- y vimos muchos cambios. En nuestra primera gira por Europa teníamos que llamar por teléfonos públicos a casa una vez por semana. Las cosas son muy distintas. Vimos pasar todos esos avances tecnológicos: el CD, las computadoras, los celulares... Y por todo eso, mucha gente está perdiendo el contacto con la realidad, con el prójimo, con la naturaleza, y creo que Machine Messiah intenta defender el equilibrio. Sólo podemos hacer equilibrio con disciplina. Es como educar a tu hijo. Volvés de la escuela, comés, hacés la tarea, hacés deportes, y recién entonces jugás un rato a los videojuegos. Podés tener lo mejor de ambos mundos. No estamos en contra de la tecnología, por supuesto. Está acá y ayuda en muchos aspectos, con cosas que antes eran imposibles. Pero al mismo tiempo, si perdemos contacto con la naturaleza somos esclavos de las máquinas. Las máquinas no nos están ayudando a desarrollar nuestro intelecto. Hay tantas energías y frecuencias alrededor que no podemos explicar ni manejar y terminamos no usando nuestro cerebro. Según la ciencia, sólo usamos una parte de las posibilidades de nuestro cerebro, y de alguna manera la televisión y toda la tecnología nos aleja de ese desarrollo. Así que tenemos que encontrar este equilibrio entre lo que somos como humanos y parte de la naturaleza y a la vez usar la tecnología.

Machine Messiah parece un disco más planeado que The Mediator Between Head and Hands Must Be the Heart, más estructurado. ¿Fue así?

No tanto. De hecho Machine Messiah fue más rápido que Mediator.... Era el primer disco con Eloy en la batería, recién nos estábamos conociendo. Creo que la producción tiene que ver con eso que decís. Ross Robinson es un productor más orgánico, más espiritual, y eso creo que aporta esa espontaneidad que vos nombrás. Esta vez trabajamos en Suecia con Jens Bogren y él también trajo sus sugerencias. Teníamos el demo y el 99% de la música lista porque nos gusta trabajar así: no pasar tanto tiempo en estudio. Dejar un poco de lugar para la improvisación en estudio pero ir con casi todo terminado. Así que estuvimos dos o tres meses juntando ideas, grabando cosas en mi estudio casero, intercambiando ideas y trabajando en la preproducción. Así que cuando llegamos al estudio estábamos listos. Veníamos del tour por los treinta años, tocamos cosas viejas, pasamos por varios festivales y nos sentimos mucho más conectados, lo cual nos facilitó componer. Y el concepto también ayudó.

Aunque grabó en el disco anterior, ésta parece la primera vez que aprovechan todo el potencial de Eloy Casagrande en la batería.

Definitivamente. Es un músico increíble que trajo infinitas posibilidades para mi forma de tocar la guitarra y componer. Pudimos componer cosas más técnicas, más difíciles, porque él puede tocar cualquier cosa. Y de la misma forma, trajo loops de batería en las instancias iniciales de composición que me inspiraron a hacer otras cosas en las que nunca habría pensado. Esta química entre Eloy, Derrick, Paulo y yo está realmente equilibrada. Conocemos todas nuestras posibilidades y trabajamos en base a eso. Paulo se preparó mejor que en cualquier otro disco: a él siempre le da pereza practicar con el bajo pero esta vez está al tope de su performance y llegó mucho más preparado a grabar. Y de nuevo, el productor nos ayudó a ser los mejores que podíamos ser. Nos preparamos técnica, mental y físicamente, porque era un disco muy demandante para grabar. Necesitábamos estar bien y al final la pasamos muy bien. Si no estás ahí sintiendo que estar en el estudio es una presión. Igual la presión es buena porque te mueve hacia adelante, no siempre es cuestión de peleas. Pero es bueno tener una atmósfera agradable en el estudio, ser disciplinados y al mismo tiempo tener sentido del humor. Todo eso es importante para grabar un disco como éste.

Solés trabajar con conceptos a la hora de hacer discos. ¿Te ordena las ideas?

Creo que si no tenés un concepto no podés hacer nada en la vida. Vos trabajás en una revista: tenés un concepto. En el arte es lo mismo: si tenés algo para expresar, eso es el concepto en sí mismo. La gente se encierra en el tipo de álbumes conceptuales como los que hacían los Who, pero todo es un concepto. Pensá en los Beatles y el amor: si les sacás el amor, no hay Beatles. El concepto es el amor. Cada cosa que tiene un mensaje fuerte, como por ejemplo Bob Marley y su concepto religioso, necesita un concepto para unirse. Es para organizar distintas ideas y ponerlas en este pequeño grupo que conocemos como un álbum. Pero al final, todo en el arte tiene concepto.

Cuando las bandas pierden miembros importantes, muchas veces se las menosprecia injustamente. ¿Sentís que les pasó cuando se fueron Max e Igor?

Las bandas cambian. Con todo respeto, bandas como Judas Priest llevando a Ripper Owens que era muy similar a Rob Halford... eso no lo quisimos para Sepultura. Cada miembro que llegó a la banda cambió el sonido de la banda. Cuando llegó Derrick cambió el sonido, porque tuvo toda la libertad. Sería estúpido que le pidiéramos que fuese otra persona. Esto es arte, no son negocios. Por eso respetamos a todos los miembros que tuvimos. Lo mismo con Jean Dolabella [el baterista que reemplazó a Igor Cavalera y se fue en 2011], o con Eloy: no estaban para ser Igor. Por supuesto que tienen un gran respeto y están influenciados por la música de Sepultura, pero traen sus ideas, su manera de tocar. Por eso nuestra música cambia tanto. Y ese siempre fue el espíritu del grupo: la libertad. Aún cuando teníamos a Max e Igor con nosotros, podés ver que los discos anteriores a Roots son muy diferentes entre sí. Estábamos cambiando como personas y como músicos, nos casamos, tuvimos hijos, y es natural que cambiáramos. El arte es una expresión natural de lo que somos.

Se les pregunta mucho por una posible reunión. Pero por esto que nos contás, para vos hacerlo sería volver a un lugar adonde ya no están. ¿Por qué el rock está tan obsesionado con el pasado?

De nuevo, es su problema. No hay mucho para decir, deberías preguntarle a ellos, je. No es algo que se nos cruce por la cabeza. Nosotros trabajamos hoy, 2017, y hay tanto pasando en el mundo de Sepultura. Tenemos un gran disco nuevo, un gran sello, una película que acaba de salir [el documental Endurance, estrenado en mayo] y que se va a ver en la Argentina pronto en la que contamos nuestra historia y por qué seguimos acá con tantos cambios de por medio. Nosotros respetamos nuestro pasado, tenemos una gran historia, hicimos cosas buenísimas juntos, Max e Igor siempre van a ser parte de esta banda y Jean Dolabella también. Pero acá estamos nosotros hoy: somos Derrick, Paulo, Eloy y yo, hacemos lo que hacemos y tratamos de llevar a Sepultura a nuevos lugares.

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