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Brian Wilson habla de la depresión, las drogas y los Beach Boys

A los 75, redobló sus giras, aprendió a 'romperla en la vida' y cuenta que todavía se emociona cuando escucha 'Pet Sounds'

 
Wilson en su casa en Beverly Hills. Foto: Mark Seliger

En las largas y tediosas horas entre la prueba de sonido y el momento del show, a Brian Wilson le gusta quedarse al costado del escenario, escondido detrás del telón, en una enorme silla negra. La silla viajó con él desde Tokio hasta Tel Aviv, y de vuelta al Pantages Theatre en Hollywood para esta noche. Vestido con una camisa de color lavanda, pantalones de jogging y Nikes blancas, Wilson se sienta impasible en su trono de cuero falso, comiendo rolls de sushi envuelto en el ruido y el ajetreo previo al concierto. ¶ Cuando un promotor o un invitado VIP se acerca a saludar, Wilson muchas veces cierra los ojos y finge estar durmiendo. Después de 56 años de ser un Beach Boy, admite que las horas antes de un recital pueden seguir siendo algo que "te jode la cabeza totalmente", repleto de preocupaciones y dudas de uno mismo. Así que le gusta desaparecer en lo que llama "la Zona", donde puede meditar, vencer los nervios y quizás rezar un poco. "Siento cosas, capturo vibraciones de mi banda y del equipo", dice. "Me pongo nervioso, y después me digo: '¡No estés nervioso, Wilson! ¡Con confianza!'."

A los 75, y ya sobre el final de su carrera, Wilson está en medio de una racha altamente improbable y ampliamente exitosa. Desde que lanzó su gira de 2016 para celebrar el 50 aniversario de Pet Sounds, el emblemático disco de los Beach Boys, Wilson dio 165 recitales en 24 países, y más fechas se siguen agregando en 2018. Es un trajín agotador, a prueba de toda zona horaria, que podría castigar al músico aun más disciplinado, por no hablar de un ciudadano de tercera edad que sufre de un trastorno psíquico grave y de dolor de espalda, y como si fuera poco, de una aversión a los recitales durante toda su carrera.

Y podría no haber ocurrido nunca. Antes de esta gira, el grupo estelar de Wilson había perdido un miembro clave, la venta de entradas había disminuido, y Wilson me dijo que estaba cansado, y que se acercaba su retiro. Pero después algo cambió. La biopic de 2015, Love & Mercy, despertó un interés nuevo en este genio atormentado del rock, y en algún momento del invierno de 2016, Wilson notó que su depresión posfiestas habitual había desaparecido. "Se disiparon las nubes", dice. "Fue una bendición." A Wilson también le preocupa cuánto tiempo más van a aguantar su voz y su cuerpo, y quizás lo motive el miedo para seguir mientras pueda.

Acompañado del Beach Boy original Al Jardine y su hijo Matt (quien la rompe en las partes agudas que Wilson cantaba en los sesenta, y hace la voz líder en "Don't Worry Baby", entre otros temas), y junto con el gran Blondie Chaplin en guitarra y voces, Wilson y su banda encontraron sobre el escenario un estilo más relajado y duro al mismo tiempo. En dos conciertos épicos en el Pantages en mayo, Wilson lideró al grupo de 10 miembros a lo largo de una versión en vivo de Pet Sounds, más 25 éxitos de Beach Boys y una selección de canciones que Wilson armó revisando las partes menos conocidas de su catálogo. La voz de Wilson era por momentos áspera, pero dirigió a la banda con emoción y un sentido del humor excéntrico. Parecía como si realmente se estuviera divirtiendo ahí arriba.

"Honestamente, no sé lo que pasó", dice Wilson en su camarín, encogiéndose de hombros y sonriendo. "Pensé que iba a retirarme. Pero después cambié de opinión. Dije: '¿Qué voy a hacer? ¿Sentarme a mirar televisión? ¡De ninguna manera!'. En Los Angeles no pasaba nada, así que pensé que mejor salir de gira. Sencillamente dije: 'Bueno, a la mierda, mejor voy a levantar el culo y salir de gira'. Así que levanté el culo y salí de gira."

Mientras hablamos, Wilson come sushi sobre la tapa de un envase de plástico que tiene apoyada en la falda. Se manda la última pieza de atún y tira la bandeja al otro lado de la sala, errándole al tacho de basura por varios centímetros. "¡Estoy viejo!", casi grita. "Soy un hombre viejo, y tengo que pensar: '¿Qué mierda voy a hacer con esto?' No se puede hacer nada. Cuando me miro al espejo, no me gusta lo que veo. Pero después lo pienso, y veo que Paul está de gira, Mick y Keith siguen de gira, al igual que Mike y Bruce [sus colegas de los Beach Boys]. Mirá, estoy más viejo pero no me importa. Todavía puedo cantar como un hijo de puta. Sólo tengo 74 años. [Cumplió 75 un mes después de esta entrevista, el 20 de junio]. Es una edad jodida, pero no me importa. Cuando canto sobre el escenario, no tengo 74. ¡Sueno como un treintañero! Se siente bien. Es como tomarme unas pequeñas vacaciones de tener 74.

"Me veo viejo, pero canto joven", continúa. "¿Quién lo hubiera pensado? Ya te digo: nadie."

***

Dos horas antes del show, la zona del backstage está repleta de familiares, entre ellos siete de los hijos de varias generaciones de Wilson, viejos amigos y conocidos de la industria de la música. Brian tiene una actitud parlanchina, quizás extravagante. Cuando un viejo amigo, el compositor de bandas de sonido Peter Leinheiser, se le acerca, Wilson le espeta: "¿Cómo va tu vida sexual, man?".

Leinheiser chisporrotea: "Yo ando en bicicleta. Es difícil levantarse mujeres en bicicleta".

"Oh", dice Wilson, y agrega: "Bueno, te ves bien. Si fueras una chica. ¡no sé lo que haría!".

"No compongo una canción desde hace más de cinco años", dice Wilson, y después suelta dos risotadas estilo Pato Donald. "Ando falto de melodías. Pero creo que empiezo a estar listo para componer."

Al Jardine, el otro único Beach Boy original en la banda, acerca una silla para ver cómo anda el jefe. "Hey, es Al Hard-On [pito duro]", dice Wilson con seriedad, un chiste que probablemente haga desde que los dos eran niños creciendo en Hawthorne, California. Jardine, cuyo tenor radiante es tan fuerte hoy como cuando cantaba "Help Me, Rhonda" en 1965, es una presencia gentil y generosa en la gira. Es fácil darse cuenta de que a Wilson le gusta estar cerca de él.

"¿Cómo andás, Alan?", pregunta Wilson.

"Bueno, cansado, pero feliz", dice Jardine, con su traje de solapa ancha, el mismo estilo con el que se viste para tocar desde los setenta. "Vos sabés cómo es esto, le damos duro hasta el final."

Wilson asiente, y dice que esa frase le recuerda una canción, "It's O.K.", de 15 Big Ones, el disco de Beach Boys de 1976.

"Oh, sí", dice Jardine. "¿Me la refrescás?"

Wilson empieza a cantar el estribillo, y Jardine se suma:

Gotta go to it

Gonna go through it

Gotta get with it

Cuando Wilson y su primo Mike Love compusieron esa canción, era una arenga para el regreso de los Beach Boys, una década después de su último gran éxito, en un momento en el que Wilson luchaba contra una adicción a las drogas y el grupo estaba atrapado en la disfunción. "Sigo creyendo en ese mensaje: trabajar duro es la única forma", dice esta noche Wilson. "Así lo vivo yo."

"Sí, creo que yo también", dice Jardine.

"Alan, estoy muy orgulloso de vos", dice Wilson. "Tu voz es una maravilla natural. Hemos pasado por muchas cosas, y mirá dónde estamos: seguimos acá, y seguimos rompiéndola. Te amo, man."

"Bueno, gracias, Brian, es todo por vos. Yo también te amo."

***

La tarde antes de su segundo recital en Los Angeles, Wilson está sentado en una mesa apartada en una esquina en su deli preferido de Beverly Hills, con una ensalada cobb y un licuado de vainilla. "Extraño este lugar", dice. "No hay ningún lugar como casa. Pero para mí, no hay ningún lugar como las giras. ¿Retirarme? De ninguna manera. Ni loco. Ni en pedo. ¡No hay chance! Tengo que seguir. Me encanta mi banda, me encanta mi bus, me encanta mi vida. Extraño el deli, pero puedo aguantarme eso."

Wilson parece relajado, con una chomba rosada y su cabello plateado tirado atrás. Se queja de que es difícil hacer dieta durante la gira, y de que no está haciendo la suficiente actividad física. Me pregunta qué hago yo como ejercicio, y le digo que juego al tenis y que levanto pesas (muy livianas). "¿En serio?", pregunta. "¿Como con los pectorales? ¿Estás trabajando bien tus tetas?"

"Te voy a dar un consejo", sigue. "Si querés agregarte algo de definición en el pecho, acostate en un banco y" -haciendo la mímica de levantar una pesa- "levantá las pesas, de acá hasta acá, funciona en serio. Empezás a fortalecer, vas a notar la diferencia cuando te mires al espejo, como diciendo: '¡Hey! ¡Estoy trabajando los pectorales!'. ¡Eso hice yo! En 1990 yo estaba en un gran estado físico."

En septiembre, va a lanzar una retrospectiva de su trabajo solista, con dos canciones nuevas, y ya está planeando sus siguientes jugadas: quiere ir de gira a China por primera vez; grabar un disco con sus covers favoritos de rock & roll; y dice que le encantaría tener su propio programa de radio, dedicado a la música de Phil Spector.

"Para tener éxito en la vida, tenés que ponerle un poco de fuerza. de fuerza mental", dice. "No estoy seguro de dónde viene eso, pero yo lo tengo. Soy una persona orientada al éxito. Tenés que programarte para ser exitoso. Romperla en la vida."

 
Con su primo y cofundador de los Beach Boys Mike Love, en la grabación del clásico Pet Sounds, en 1965. No se hablan desde la gira de reunión de la banda en 2012. Foto: Michael Ochs Archives/Getty Images

Faltan algunas semanas para su cumpleaños número 75 y parece sorprendido con este hito que se aproxima. "Maldición, 75 años", dice. "Malditos 75. Todavía no lo puedo creer." No dice esto con rechazo sino maravillado, como un chico que un día se despertó siendo un hombre viejo. En el pasado, un cumpleaños así podría haberlo hecho caer en picada, admite, pero "ya no tengo mesetas ni picos. No me siento muy arriba ni muy abajo. Hace mucho tiempo que no tengo una depresión grave, ni una gran euforia. En general, estoy placenteramente deprimido".

Recuerda una tarde de hace un año, el día después de su cumpleaños 74, cuando él y yo dimos una vuelta por el Central Park para visitar un edificio en el que alguna vez vivió su ídolo George Gershwin. "¡Que me parta un rayo si no visitábamos dónde había vivido Gershwin!", dice Wilson. "Las vibras eran fantásticas. Sentí su presencia. Mierda, y vaya que la sentí, absolutamente."

"Para mí, Gershwin es enorme", dice Wilson. "Mi primer héroe musical. ¡Yo escuchaba su maldita música cuando tenía tres años! ¡'Rhapsody in Blue' me voló la cabeza cuando tenía tres! El tenía 26 cuando la compuso. No se parecía a nada que se hubiera hecho antes."

"Con Gershwin no se jode", continúa. "Su música es demasiado genial. Me hace sentir maravilloso, cálido, espiritual, es el sentimiento del amor. Me hace viajar hacia todos esos lugares."

Le menciono que Wilson tenía solamente 23 cuando empezó a trabajar en Pet Sounds, tres años más joven que Gershwin cuando compuso "Rhapsody in Blue".

"¿Qué se puede decir de Pet Sounds?", dice con una risa liviana y avergonzada. "Es un gran álbum, ya lo sé, pero hay más discos de rock & roll que Pet Sounds. Pet Sounds es algo más... ¿cómo decirlo? Es un disco introspectivo, espiritual."

Wilson tiene una relación complicada con su obra maestra. Lo cohíbe la angustia del joven de las letras, y también su falsete. Y si bien Pet Sounds se volvió uno de los discos más celebrados de la historia del rock (el puesto 2 entre los Mejores Discos de Todos los Tiempos de Rolling Stone), en 1966 fue un fracaso comercial que expuso una ruptura irreparable entre Wilson y su grupo. Mientras Love quería seguir sacando canciones pop a granel sobre chicas y la playa, Wilson se dirigía hacia un territorio más turbulento.

El grupo nunca se recuperó del todo de aquella discordia, incluso cuando sus miembros sobrevivientes se reunieron para una gira de 50 aniversario en 2012. Ese tour terminó cuando Love eligió seguir de gira con su propio grupo en lugar de extender la reunión con su primo más allá de las 75 fechas pactadas inicialmente, haciendo que Wilson escribiera un editorial para el diario L.A. Times titulado it kinda feels like getting fired [Se siente un poco como que te echen]. Los dos no se dirigen la palabra desde hace cinco años. Ante la pregunta sobre si se imagina a los miembros vivos del grupo original reuniéndose otra vez, Wilson dijo: "Los Beach Boys pueden volver a juntarse, pero no conmigo".

"[Pet Sounds] me trae muchos recuerdos, en su mayoría buenos", dice Wilson, "pero me desequilibra. Extraño a mis hermanos, extraño escuchar cantar a Carl, y extraño demasiado a mi papá, aunque murió en 1973. Me lleva de nuevo a esos lugares, y es algo demasiado emocional".

Wilson dice que le cuesta relacionarse con su viejo yo. "Me siento como el mismo tipo, pero no soy el mismo tipo", dice. "Tengo el mismo amor en mi corazón como cuando era chico, pero soy más viejo, y pasé por muchas cosas. Me voy a sentar ahí diciendo: '¡Soy un hombre! ¡Soy un hombre!'. Es un viaje demasiado pesado intentar volver a meterme en el cerebro de mis 23 años."

El director musical de Wilson, Paul Von Mertens, dice que a la hora de interpretar las canciones de Pet Sounds, Wilson muchas veces juega con las frases vocales. "No quiere ser un tipo de 75 años con bermudas y ojotas", dice Von Mertens. "Quiere cantar las canciones como las siente ahora."

En sus shows del Pantages, el segmento dedicado a Pet Sounds no pareció ser la parte favorita del setlist para Wilson. Se lo veía distraído por momentos, apurando algunos pasajes, cortando líneas vocales de manera discordante. En ambas noches, salió del escenario un minuto antes del final de la última canción, "Caroline, No", de modo que cuando Pet Sounds llegara a su majestuoso final, con los sonidos grabados de la bocina de un tren y de los ladridos de Banana y Louie, los perros que tenía el propio Wilson en 1965, el maestro ya está de vuelta reposando en su silla, bebiendo una Dr. Pepper Diet.

Le recuerdo a Wilson que Pet Sounds, para muchas generaciones de fans de Beach Boys, significa tanto como para él "Rhapsody in Blue": "Siento el amor de la gente, una parte. Pero, sabés, me pregunto si a la gente realmente le gusto o no. Si les gusto yo como intérprete. No tengo idea a quién demonios le gusto y a quién no. Yo quiero creer que mi música ayuda a la gente en un nivel espiritual, que los ayuda con sus problemas, les alivia la mente, les hace sentir amor. Pero a fin de cuentas, ¿cómo puedo saberlo?".

***

La tarde siguiente, nos dirigimos al norte en la autopista 101 en el nuevo y elegante bus de giras de Wilson, camino a Santa Bárbara. Sus tres hijos más chicos -Dylan, 13, Dash, 8, y Dakota, de siete años- se suman al viaje, comiendo Oreos y jugando con sus spinners mientras el bus avanza por el paisaje de California que Wilson convirtió en un mito a través de muchas canciones: montañas rocosas mojando sus pies en el azul del Pacífico, playas esculpidas por el viento, surfers y una vaina de delfines saltando en la superficie del mar.

 
Sobre el escenario en agosto de este año. Foto: AFP/ Starpix/APA-Picturedesk

Si Wilson nota algo de todo esto, no lo demuestra. Está sentado junto al chofer, con las Nikes blancas sobre el panel y los ojos cerrados durante la mayor parte del viaje. Dice que se siente cansado luego de haber hecho cuatro shows en los últimos siete días, y que no ve la hora de que lleguen las dos semanas libres antes de que la gira continúe por Hawái, y después Europa. "Extraño mucho a mi familia", admite. "Cualquier buen momento que puedas tomarte para pasarlo con tu familia, tenés que aprovecharlo. Vale la pena todo el dolor y la confusión y la mierda que tenés que atravesar en la vida, por tener esos momentos. Pero no quiero quedarme sentado sin hacer nada más tiempo de lo necesario. Quiero mantenerme en actividad."

Admite que la depresión todavía puede llegarle. "Vengo de una noche difícil. La pasé para la mierda", dice. "Tenía miedo de morirme y que me pasaran un montón de cosas, pero una canción me ayudó a atravesarla. ¿Conocés 'Black & White', de Danny Hutton [con Three Dog Night]? Si algún día estás mal, poné 'Black & White' en tu celular. Te vas a sentir mejor de inmediato."

"Elton John tenía esa canción, 'Someone Saved My Life Tonight' ['Alguien salvó mi vida esta noche'], y eso es exactamente lo que me pasó a mí. Alguien me salvó la vida. Pensé que me estaba muriendo. Pero no me pasaba nada, me había metido en una cosa mental. ¡Pero la atravesé!"

En el Santa Barbara Bowl, sobre una colina exuberante frente al océano, hay una generosa barbacoa preparada para el grupo en el backstage. Wilson parece pensativo, y prefiere sentarse a comer separado de su crew, en su silla al costado del escenario con sus hijos alrededor. Nos sentamos en silencio por un rato, y tengo la sensación de que ya es hora de darle su espacio para que se meta en "la Zona" antes del show.

Cuando me despido, Wilson me toma de la mano por varios segundos, después se inclina y la besa. "Espero poder ofrecer un buen show esta noche", dice tranquilo. "Y espero irme al cielo."

Jason Fine

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