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La tormenta acortó el show de John Mayer

Por la lluvia, el guitarrista debió cancelar su presentación en el Hipódromo de Palermo cuando todavía faltaba un tercio de su set

Por Diego Mancusi



"Perdón, Buenos Aires, por favor vuelvan todos a casa sanos y salvos. Nunca vi que una tormenta llegara tan rápido. En diez segundos pasamos de tiempo perfecto a caos total", decía John Mayer en su cuenta de Instagram mientras su público todavía peleaba cuerpo a cuerpo por taxis para escapar del Hipódromo de Palermo. La lluvia y el viento se desplegaron en tiempo récord, y el show que debía incluir unas 18 o 19 canciones terminó abruptamente después de "Vultures" y dejó trunco un tercio del set previsto.

Antes de la hecatombe climática, Mayer había ofrecido tres de los cuatro "capítulos" en los que divide los conciertos de esta gira. Con la banda completa abordó su veta de soul blanco y folk matutino en canciones como "Helpless" o "Who Says". En medio de ellas, una mini zapada funk con la melodía del "olé olé olé olé, Mayer, Mayer" que la audiencia le soltaba en cada intervalo ("es un gran cántico para llenar silencios incómodos, lo voy a incorporar a mi vida cotidiana", dijo después).

 
John Mayer en el Hipódromo de Palermo. Foto: LA NACION/ Patricio Pidal/AFV

Acto seguido, procedió a desalojar el escenario y quedarse solo con su acústica para demostrar dos de las cualidades que lo convirtieron en estrella: su sex appeal (la mezcla de vulnerabilidad y picardía que transmitió en "In Your Atmosphere" arrancó sendos alaridos) y su técnica (en "Neon" se permitió una coda marcando el bajo con la sexta cuerda en slap con la que dejó en claro que lo suyo no es sólo estético).

Finalmente, llegó la parte más sustanciosa del concierto, en la que el guitarrista se volcó a su pasión por el blues, en formato trío con las bestias sagradas Pino Palladino (bajo) y Steve Jordan (batería). El primer tema del capítulo ya es una declaración de principios: "Crossroads" de Robert Johnson, en una versión pariente de la de Cream, con un Mayer disparando riffs fibrosos de los que no hay en el resto de su set. Dos canciones después, sobre el groove relajado de la mencionada "Vultures", las ráfagas repentinas amenazaron las torres de sonido y las pantallas, el endeble VIP de sillas de plástico montadas apoyabrazo sobre apoyabrazo (con tickets a más $3.000) se convirtió en el ojo del huracán y la mayoría emprendió retirada (no faltó la fanaticada hardcore que intentó resistir al grito de "no nos vamos nada"). La cancelación oficial llegó poco después y no sonaron "Slow Dancing in a Burning Room", "Gravity" y otras canciones que venían siendo parte de la lista en este tour.

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