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'The Deuce' excava en los detalles del negocio del sexo

El equipo creativo de 'The Wire' logra una recreación brillante de las calles peligrosas de la Nueva York de los 70

Por Rob Sheffield



Times Square, 1971: en los alrededores de la calle 42 -conocida como The Deuce- el barrio está plagado de proxenetas y prostitutas, cines triple X, dealers, policías, putañeros y ladrones. Las leyes de obscenidad están cada vez más flexibles, abriendo el camino para que la industria del porno se vuelva mainstream y Nueva York se llene de lugares de masajes, cabinas privadas, sex shops. Los policías dejan que pase cualquier cosa, siempre y cuando reciban su tajada. Y todos en la calle tienen una historia difícil para contar. Una chica de la calle le mira un par de tacos a otra y le pregunta: "¿Cómo caminás toda la noche con eso?". La prostituta se encoge de hombros. "Antes era bailarina, estoy acostumbrada al dolor." Esto hace que las otras chicas en la vereda se rían. Una de ellas la carga: "Sí, ¡creo que te vi en Cascanueces!".

The Deuce es una de las cosas más sorprendentes que hayan aparecido en la televisión este año, un triunfo del equipo de The Wire, David Simon y el novelista policial George Pelecanos. Como The Wire en Baltimore, Treme en Nueva Orleans y Show Me a Hero en Yonkers, Nueva York, Simon se mete en historias interconectadas, en las luchas y las traiciones que construyen los invernaderos urbanos. Pero The Deuce tiene un alcance mayor. El ambiente de Times Square le da a Simon la oportunidad de desplegar su talento narrativo como nunca antes desde The Wire.

Después de ver los ocho episodios uno tras otro, vas a querer más, porque hay una gran historia, con personajes fascinantes y actuaciones magnéticas. James Franco hace de unos gemelos del hampa que comparten el mismo bigote sórdido. El gemelo más inteligente, Vincent, regentea un bar en la calle 42, mientras que su hermano más loco, Frankie, sólo acumula deudas por apuestas. Se asocian con un mafioso (Michael Rispoli) que tiene planes más ambiciosos para Times Square. Maggie Gyllenhaal ofrece una performance audaz en el papel de Candy, la prostituta que se esfuerza por llegar a otro nicho, el mundo relativamente más seguro del porno, donde, como dice ella: "La cámara es el cliente".

The Deuce excava en los detalles cotidianos sucios del negocio del sexo en los 70: una "prostituta del túnel" regatea viajes a Jersey ("Hey, acabo de tener tu pija en mi boca ¿y me vas a discutir por 10 dólares?"), y una estrella porno masculina que termina demasiado rápido le asegura al director: "No te preocupes, soy bueno para eso". (El director dice, con un suspiro: "Mankiewicz nunca tuvo que esperar para una erección".) Simon y compañía retratan este mundo subterráneo oscuro con humor y empatía, lo cual le da vida a la podrida Gran Manzana de una manera que Vinyl y The Get Down no lograron. Los excelentes títulos bailan sobre "(Don't Worry) If There's a Hell Below, We're All Going to Go", de Curtis Mayfield, y establecen el tono para The Deuce del mismo modo que "Way Down in the Hole", de Tom Waits, lo hacía para The Wire. Pero a nadie en las calles le preocupa el infierno que hay abajo, porque ya están viviendo en él.

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