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Cigarettes After Sex crea su clímax de pop narcótico

Después de flotar en el under neoyorquino, la banda del texano Greg González la pega con canciones noctámbulas

Por Federico Martínez Penna

 
En diciembre, la banda de Greg González toca en el BUE. Foto: Gonzales/Mathias Eis Schul/Avalon Via Zuma Press

Podés hablar sobre sexo sin quedar totalmente expuesto ni perder impacto real", explica Greg González, cantante, guitarrista y compositor de Cigarettes After Sex. "Mi secreto es trabajar con experiencias que me pasaron de verdad." En "Truly", un tema del debut homónimo de la banda, González canta: "Sentados fumando en el jardín del departamento/Tomé tu mano y la besé mientras no estabas mirando". En esa búsqueda de la experiencia real, también logra despojarse de cualquier tipo de romanticismo, como en el preestribillo de "Young & Dumb", donde define a su amante como "la santa patrona de las chupapijas".

Ese discurso dark está montado sobre una base narcótica de dream pop y shoegaze minimalista -en sintonía con el arte de tapa del disco, que remite a bandas como The Smiths y Joy Division-, una fórmula que le valió a CAS más de 100 millones de reproducciones en YouTube. Pero lo que hoy parece un suceso instantáneo, en realidad tardó ocho años en construirse.

González empezó grabando canciones mientras estudiaba en su ciudad natal de El Paso, Texas, en 2008, y experimentó varias encarnaciones sonoras antes de editar el EP I., de 2012. Un año más tarde, se mudó a Nueva York. "Pensé: 'OK, es la ciudad de Lou Reed, Dylan, Scorsese, Warhol, Leonard Cohen'", dice. "Para mí, era donde estaba la acción." Sin manager ni sello, y mientras trabajaba como encargado de un cine indie, González editó Affection (2015) y entonces el mundo empezó a prestarle atención. Sus canciones llegaron a la serie A Handmaid's Tale y al thriller Gypsy, lo que terminó de preparar el terreno para el lanzamiento de su primer LP, que salió en junio.

Desde entonces, González y su grupo están agotando entradas en shows alrededor del mundo -tocan el 15 de diciembre en el BUE-, ofreciéndole a su audiencia un espacio de catarsis profunda para corazones rotos. "Hace poco, estaba cantando en Mánchester y vi a una chica sumergida en llanto. La expresión de su rostro era tan intensa y a la vez tan hermosa, que cuando la vi se me cerró la garganta y no pude terminar la canción. Estaba a punto de llorar yo también", dice González. "Es una locura generar esa reacción simplemente con la música."



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