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'La batalla de los sexos': Stone y Carell debaten el sexismo en la cancha de tenis

La recreación del histórico partido de 1973 entre Billie Jean King y Bobby Riggs resuena con la conversación actual sobre igualdad de género

Por Peter Travers



'La batalla de los sexos'

Emma Stone, Steve Carell. Dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris - Tres estrellas

¿Qué tiene para decirles a los millennials una película sobre un partido de tenis de 1973 entre Billie Jean King y Bobby Riggs cuando todos saben que la guerra entre las feministas y los cerdos machistas terminó el siglo pasado? ¡Ja! Imagínense a Hillary Clinton y Donald Trump con raquetas en la mano, y me van a entender. Con Emma Stone en una interpretación espléndida en el rol de King, y un sensiblemente extravagante Steve Carell como Riggs, La batalla de los sexos no es una película abiertamente política. Es una explosión de diversión absoluta acerca de dos campeones de tenis llegando al extremo para decir algo importante. Pero al hablarles a los marginados, el film también le habla al presente.

A partir de un hábil guión de Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire), los directores Jonathan Dayton y Valerie Faris (Pequeña Miss Sunshine) le dan energía a un contrapunto obligatorio, y por momentos torpe, que implica el pasaje constante de la historia de un personaje a la del otro.

Conocemos a King en su cima. Pero está enojada porque las mujeres no reciben el mismo dinero que los hombres. Su marido, Larry (Austin Stowell), la apoya, pero King, 29, apenas puede ocultar su atracción por su peluquera Marilyn Barnett (una tremenda Andrea Riseborough). Salir del clóset le podría costar a King sus auspiciantes, y su carrera.

Como Riggs, Carell hace que un payaso adicto a la fama sea un hombre complejo. Riggs tenía 55 años y estaba lejos de su época dorada como campeón de Wimbledon cuando provocó a King para hacer el partido. Exageró su machismo para promoverse. Aún peores son los dirigentes deportivos que se tomaron su basura en serio.

En el estadio Houston Astrodome, las pantomimas fueron evidentes y parte necesaria de un evento televisivo que alcanzó a 90 millones de personas y estuvo a la altura de la llegada a la Luna. Riggs entró en un carruaje; King, sobre un diván sostenido por cuatro hombres semidesnudos. Riggs jugó para parecer relevante; King se tragó su orgullo, en su cruzada por las mujeres. Fue un circo, pero uno que hizo historia. Ríanse todo lo que quieran de La batalla de los sexos, pero es un chiste del que no podemos olvidarnos.

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