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Entre Ríos mete al público en su proceso de producción

Antes de tocar el jueves 25, Sebastián Carreras cuenta cómo reformuló las presentaciones en vivo de su banda

Por Joaquín Vismara



Durante más de una década, Entre Ríos hizo su camino en la escena independiente, a fuerza de un pop electrónico con mismas dosis de efectismo y vanguardia. Plantado primero como trío con Sebastián Carreras, Gabriel Lucena e Isol Misenta en su formación inicial, con el pasar de los años el grupo pasó a tener una suerte de elenco rotativo mientras se sucedía una serie de EP's y discos publicados a través de Índice Virgen, el sello creado por Carreras. Pero desde hace algunos años, hubo un quiebre en el funcionamiento de la banda. Después de un receso de un tiempo después de la presentación de Era, su quinto álbum, la banda entendió que debía replantearse varios aspectos. Así fue como Entre Ríos comenzó a desarrollar su música pensada en torno a instalaciones e intervenciones montadas en museos o galerías de arte. Esta política de trabajo invirtió los roles: los shows ya no eran el espacio de presentación de un disco, sino exactamente al revés, con los álbumes pensados como postales o souvenires de perfomances audiovisuales.

"Con la música electrónica vos hacés tus propios sonidos. Estás ajustándolos, preseteando y eso lleva un tiempo de desarrollo. Mientras armaba todo eso pensaba '¿Por qué no estoy mostrando esto y sí algo que se supone que es el resultado final de un track en estéreo para ser publicado en un disco?'", explica Carreras sobre Sin, el último proyecto de Entre Ríos, que comenzó con una instalación al lado del Malba el año pasado y continúa con un show cuadrafónico este jueves 25 en La Tangente. "Lo que me pasó con eso fue pensar cómo hacer para que la audiencia pueda entrar en estos procesos de producción ya que no hay una idea de canción grabada como objeto final. Me propuse trabajar un proceso de construcción, que es trabajar la mezcla de la canción grabada, a la inversa, para atrás. Pensé con qué herramientas podía trabajarlo y di con esta idea de instalación".



¿Te acordás puntualmente cuándo te surgió esta necesidad?

Cuando me surgió la inquietud de hacerlo, venía con algo intuitivo que tiene ver con la gente que labura los procesos de producción de la música electrónica. El productor músico está trabajando solo, no tiene una situación grupal de quorum. A veces, el estudio de grabación sirve para eso, es como una especie de Cámara donde se sientan los representantes del grupo y toman decisiones, pero cuando laburás solo, eso no está. Sumado a eso, en el 2013 se me rompieron las compacteras en casa y me pasé directamente a Spotify, y ahí se me apareció el streaming como una especie de dictadura de representación de la música, que es una forma de escucha totalmente diferente. No lo percibís de inmediato, empezás a interactuar e incorporás modismos en tu vida, que cuando te querés dar cuenta, ya actúa de otra manera.

Se deja de escuchar discos de corrido.

No sólo eso, sino también que pasás a tomar los releases como información, directamente. El algoritmo empieza a identificar tus gustos, y de repente en la home tenés ocho discos que querés escuchar, pero no tenés el tiempo físico para hacerlo. En medio de toda esta situación, sentí lo obsoleto de seguir trabajando con un modo de producción que es de 1987. Lo que hicimos con Entre Ríos entre 2000 y 2010 fue incorporar el sonido digital porque previamente (y eso lo vi a través del sello), lo que imperaba era el sonido lo fi, indie. Pero eso tenía que ver con que no era posible acceder al hi fi, y eso convertía en estética al sonido. Cuando aparece la posibilidad de grabar en tu casa y usar algún software, la cualidad sonora es casi la misma, porque es información digital. Lo que hicimos nosotros en ese momento fue decir que accedíamos democráticamente a eso. Usar eso para hacer música, una actitud de rock, un viento de cambio. Con la idea de las instalaciones nos pasó lo mismo.

Les permitió deconstruir una versión terminada de su música.

Sí y no. Como sé que no va a haber versión terminada, busco maneras previas de composición o de grabación del sonido que puedan ser vistas en una instancia previa. Usamos sonido cuadrafónico, y lo usamos porque te saca del estéreo. Cuando vos tenés estéreo en un recital, en los auriculares o en los parlantes de tu casa, no podés jugar mucho con la mezcla. Podés poner más graves, más agudos, pero si vos recibís la misma información separada en cinco canales, depende a qué distancia estés de uno o de otro lo que vas a escuchar. Tengo cuatro emisores de sonido, en los cuales voy disparando los sonidos de maneras diversas, ahí ya no está la certeza de la mezcla final y puedo jugar con otras cosas. Ya que la idea de la instalación es citar a la gente a que concurra a un espacio para percibir tu música, uno se traslada con todos los sentidos que tiene. Viendo que era accesible producir imagen, incorporamos el recurso del mapping. Para Sin fabricamos unas pantallas de dos metros de altura con tres anchos diferentes, y eso se mappea en un espacio, es como un bosque de pantallas en el espacio de la instalación. Eso te va cambiando la percepción visual y también la sonora.

¿Sentís que les queda desactualizado el formato tradicional de show?

Con Entre Ríos queremos romper esquemas que son obsoletos. Si no podés hacer algo nuevo, lo único que podés hacer es deconstruir lo que ya está, y ese es un proceso que no digo que sea infinito, pero puede ser muy extenso. Cuando empezás a desarmar, aparecen partículas nuevas con las que podés volver a construir. Es un trabajo muy rico, pero para producir esto es muy caro y te lleva mucho tiempo. Para lo del Malba probamos algo que no habíamos hecho nunca, que es construir una estructura totalmente independiente de una sala. Desarrollamos esa ingeniería, salió bien y es otro formato que podemos explorar, que es montar una instalación en un espacio público, en un bosque, donde sea. Pero yo lo que percibo, después de cinco años de trabajo, es que esto no se termina de entender, y no puedo hacer nada contra eso.

Antes hablabas de Índice virgen. ¿En qué momento entendiste que la idea de un sello discográfico también se estaba quedando desactualizada?

El sello cumplía un rol, que era curador y editor de una escena, no era un sello productor. Por una cuestión periférica, me parecía más importante tratar de captar una escena que había y que tuviera una postura independiente, pero también con calidad de interpretación y producción. Después hubo una segunda etapa que nunca se llegó a completar, porque cumplidos los diez años del sello en 2008, vi que aparecía MySpace y la internet 2.0 que permitía traficar archivos de sonido. Lo que yo hacía como sello independiente ya lo podían hacer los artistas solos, pero la segunda etapa era más electrónica y más osada. Este es un tiempo en el que la realidad va más rápido que todos nosotros. La realidad empezó a cambiar, y sentí que era más parecido a tener un kiosquito que una editorial, porque la gente ya se estaba editando sola y no era necesario un sello.

Corrés el riesgo de quedarte afuera.

Te quedás en offside. Trato artísticamente que no me pase eso, pero eso no quiere decir tratar de ser el más moderno de los modernos. Simplemente es entender cuál es tu contexto, y el del músico independiente ya no es el de la banda de rock. El streaming es una mierda porque precarizó el trabajo de todos, pero es fascinante porque podés tener todo Miles Davis a tu disposición, y eso algo te tiene que producir. No es gratuito que vos puedas estar toda una semana escuchando los discos de Miles Davis, o los de Roberto Carlos o Julio Iglesias. Por eso vuelvo a la pregunta de qué haría si tuviera una banda de rock ¿Ir a tocar a un festival para que después de mucho golpear una puerta te pongan a las 3 de la tarde? Entre Ríos dejó de tocar en festivales en 2009 porque vino un productor y me dijo "Este año tocaron en todos lados porque volvieron con disco nuevo, pero el año que viene no va a ser así, y si quieren seguir tocando, van a tener que ceder derechos editoriales". Yo le dije que podría hablar con él de eso si me ofrecía algo que no tuviera. Ir afuera o abrir un mercado nuevo, pero no iba a ceder eso por algo que ya tenía. Me dijeron que nunca más iba a tocar en un festival, y dicho y hecho. No importa, si las cosas son así.

Pero en todo este tiempo el modelo de festival también cambió. ¿No te interesa probarte ahí?

Los festivales están teniendo un problema, al menos los internacionales, que tiene que ver con las cabezas de cartel. No saben a quien meter, están poniendo a grupos cada vez más viejos. ¿Viste cuando se habla de que hay ocho tipos que concentran la mitad de la riqueza del mundo? Bueno, con el rock pasa lo mismo: hay ocho grupos que tienen esa mitad de la riqueza de la música. ¿Adónde está el update? ¿Adónde está el rock? Yo entiendo que es un buen entretenimiento ir a ver a Gorillaz. Te tomás medio éxtasis, te tomás una cerveza, te ves con amigos... Buenísimo, pero no difiere mucho de ir al cine y pagar una entrada cara y un balde gigante de pochoclos. Lo que se vende es la experiencia de entretenimiento. Salen tickets sin line up, y después cuando te llaman para el festival te dicen "Mirá que ya vendimos la mitad de las entradas y no saben que vos tocás", como diciendo "Necesito ocupar una franja horaria con tu música, pero no la están pidiendo". Cada una de estas cosas me inclina más hacia la búsqueda que tengo.

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