Grammy 2018: Por qué no debería sorprenderte que Bruno Mars le haya ganado a Kendrick Lamar - Música - Rolling Stone Argentina
 
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Grammy 2018: Por qué no debería sorprenderte que Bruno Mars le haya ganado a Kendrick Lamar

Cómo fue que la desconcertante ceremonia del domingo ratificó una gran tradición de los premios

Por Rob Sheffield



Un momento: ¿vos pensás que el Grammy debería ser para el mejor disco del año? Qué ingenuo. Los Grammy nunca funcionaron así, literalmente, ni nunca lo harán, así que dejá de hacerte ilusiones. Obviamente Bruno Mars le ganó a Kendrick Lamar. Todo el mundo sabía que sería así. Los Grammy son comiquísimos, y darle el Disco del Año a Bruno en lugar de a Kendrick va a quedar en la historia como uno de los mejores chistes de su historia. Pero es parte de una gran tradición de los Grammy. El premio al Disco del Año jamás va al mejor disco del año. Siempre se lo lleva otro disco -en general uno muy bueno-, y la gente se enoja durante un par de días, después, otra vez, nadie se acuerda de quién ganó. Y así siguen los Grammy.

La sorprendente victoria de Bruno cerró una ceremonia extremadamente rara: el tipo de noche en la que te lo pasás preparándote para esas ominosas seis palabras: "¡Bienvenido otra vez al escenario, Sting!". Estaba Lorde, pero no la invitaron a tocar sola, a diferencia de todos los nominados masculinos al Disco del Año. De modo que ella se quedó sentada en el público, con un poema de Jenny Holzer cosido en la espalda de su vestido. Mientras, los Grammy parecían decididos a subir al escenario a cualquier intérprete que no fuera Lorde. Sting y Shaggy apestando en "Englishman in New York?". ¿Patty LuPone castigando una balada de Evita? Para cuando Bruno Mars se subió para aceptar el premio al Disco del Año, tan confundido como todo el mundo, ya estaba en los libros como una de las noches más bizarras de la historia de los Grammy.

La mayoría de los años, uno mira la ceremonia por la música en vivo, e ignora los premios en sí mismos. Pero este año eso no fue posible, porque los ganadores eran demasiado disparatados. Jay-Z y SZA quedaron afuera; Kendrick perdió en todas las categorías que no eran de rap. Me hizo acordar a la ceremonia de los Grammy de 1992 -el año en que explotó el punk, cuando el aire estaba cargado de grunge y gangsta rap-, pero todos los premios importantes fueron para "Unforgettable", un dueto de Natalia Cole con su fallecido padre, una canción que ya tenía 40 años de edad. Irving Gordon, el viejo compositor de "Unforgettable", dijo algo gracioso cuando ganó esa noche. "Es lindo que una canción de mediana edad haga algo", dijo Gordon. "También es lindo que acepten una canción que no te da una hernia cuando la cantás."

Por eso ganó Bruno. Pasa la prueba de la hernia. Hizo un disco no sólo excelente, sino que además tenía encanto para varios generaciones. Mirá, los votantes de los Grammy son viejos. No hay modo de que pase otra cosa, puesto que los miembros de la Academia son personas con carreras largas en la industria de la música. Una vida. Fans que hablan de sus recuerdos de Ray Charles y Frank Sinatra, pero no se acuerdan su contraseña de Netflix. Si querés que los Grammy reflejen a una franja etaria más joven, sería más fácil crear un premio nuevo que cambiar mágicamente todos los certificados de nacimiento de los miembros de la Academia. El disco más vendido de 1968 fue Are You Experienced, de Jimi Hendrix. Jimi no sólo no pudo ganar el premio al Disco del Año (fue para Glen Campbell), no ganó Mejor Artista Nuevo, que ese año fue para José Feliciano. Jimi nunca fue nominado a los Grammy en toda su vida. Tuvo más éxito comercial que Glen y José. Sólo que no aprobaba el test de la hernia.

Hagamos un flashback a antes incluso, 1966, el año en que el disco de rock explotó como forma artística, con clásicos como Blonde on Blonde, de Bob Dylan, y Dictionary of Soul, de Otis Redding, y Pet Sounds, de Beach Boys, y Revolver, de los Beatles. ¿Quién ganó Disco del Año? Frank Sinatra, por A Man and His Music. Al menos nominaron a Revolver; los otros quedaron afuera. Dicho sea de paso, Frank le ganó a Color Me Barbra, de Barbra Streisand, Herb Alpert's Tijuana Brass y la banda de sonido de Dr. Zhivago, todos probablemente muy lindos, pero no exactamente opciones que hayan pasado la prueba del tiempo.

De modo que no podés tomarte los premios en sí mismos muy en serio. Los trofeos son sólo una excusa para una fiesta televisiva plagada de shows en vivo. No hay modo que James Corden pueda conducir el programa mientras LL Cool J esté vivo, pero al menos Corden supo darse cuenta de que estaba fuera de su alcance, así que se mantuvo tranquilo. (Excepto el fragmento del "Subway Karaoke" con Sting y Shaggy, que era como una horrenda versión del viejo sketch "Sting en un ascensor" de SNL). Cardi B estableció las pautas para toda la noche en la alfombra roja, cuando le dijo a Giuliana Rancic, de E!, en vivo: "Tengo mariposas en el estómago y en la vagina".

Kendrick y Rihanna, con un look como si estuvieran yendo a un recital de My Chemical Romance en 2005, recibieron el primer premio de la noche de manos de Tony Bennett. (Tony les dio un doble pulgar arriba, un recordatorio de que es un prócer que viene haciendo lobby desde los noventa, cuando aparecía todo el tiempo en MTV para hacer duetos con Evan Dando o los Red Hot Chili Peppers). Kendrick acababa de empezar el show con un medley de Damn., con U2 y Dave Chappelle, pero estuvo especialmente agraciado en su tributo a Rihanna: "Vino y me superó en mi propio disco, en mi propia canción, man". Los discursos de Kendrick durante toda la noche fueron poesía pura, como cuando describió lo que significa el hip-hop para él: "Pasa por expresarte, poner la pintura en el lienzo para que el mundo evolucione, para el siguiente oyente, para la generación que viene después de la siguiente."

SZA ofreció una versión maravillosa de "Broken Clocks", con la voz encendida de montones de amor. Little Big Town hizo "Better Man", una gran canción de Taylor Swift que podría haber estado en Red. Childish Gambino se exhibió con "Redbone", que contó con la baterista más cool de la noche -una de las pocas instrumentalistas mujeres del programa-. Luis Fonsi y Daddy Yankee hicieron una "Despacito" dolorosamente intensa que fue como una coronación triunfante; Justin Bieber colaboró no participando. Elton John cantó "Tiny Dancer" con Miley Cyrus, aunque los dos parecían como si en realidad prefirieran estar haciendo "The Bitch Is Back".

Todo el mundo, excepto los votantes del Grammy, pensaron que Kendrick había hecho el mejor disco de 2018.COMPARTILO

Gary Clark Jr. hizo un tremendo homenaje a Chuck Berry, con lo que quizás haya sido el único solo de guitarra de la noche. El plano del hijo de Berry en el público cantando el torrente verbal acelerado de "Maybellene" fue un conmovedor recordatorio de lo que se trata el puro amor por la música. Aunque los grupos de guitarras no pararon de explotar artísticamente en 2017, el interés de los Grammy por las guitarras se reduje al punto en el que Dave Grohl no puede ser parte del show -incluso en una noche en la que los Foo Fighters ganaron un Grammy-. El fallecido Leonard Cohen ganó Mejor Interpretación de Rock (por "You Want It Darker"), y nadie habría disfrutado más del humor negro de ello que el propio Cohen.

Alessia Cara fue la sorprendente ganadora del premio al Mejor Artista Nuevo, puesto que ya lleva años quedando cerca -"Here" fue uno de los mejores singles de pop de 2015-. Sam Smith cantó "Pray", porque no hay nada mejor para una "pausa para ir al baño en una ceremonia de premios" que un cantante ligeramente aburrido pidiéndonos que recemos más. ("Pray" es lo que cantó Bieber en los VMA el año que fue con Selena Gomez y llevó una serpiente a la cita, una catástrofe en la alfombra roja que me traumatizará hasta que me muera). Kesha lo superó fácilmente con su enorme interpretación de "Praying", junto a un coro de hermanas que incluyó a todo el mundo, desde Cyndi Lauper hasta Camila Cabello -uno de los momentos más emotivos de la noche.

Chris Stapleton y Emmylou Harris cantaron "Wildflowers" en el inevitable tributo a Tom Petty . (¿Esperabas a Sam Smith?). En un homenaje mucho menos exitoso, a un par de estrellas de country -Maren Morris, Eric Church y los Brothers Osborne- las clavaron con un torpe tributo a las víctimas de la masacre de Las Vegas, sin que en ningún momento les dejaran mencionar que hubo armas involucradas. También tuvieron que cantar un éxito de Eric Clapton, en lugar de cantar una de las incontables canciones de country que tratan sobre llorar a los muertos. (Deberían haber hecho "I Still Miss Someone", de Johnny Cash, el preferido de Donnie Wahlberg). Otra porquería: "Wild Thoughts", en la que DJ Khaled sonó como un disc jockey de casamientos de Long Island extenuado con "Smooth" de Carlos Santana, y sin la menor pista de cuándo tenía que correrse y dejar de molestar a Rihanna. Fue tan gracioso como esa publicidad de Mamma Mia 2 con Cher cantando Fernando.

Camila Cabello hizo una presentación elocuente de la interpretación de U2 frente a la Estatua de la Libertad, una celebración de los soñadores y la inmigración de los Estados Unidos. Desafortunadamente, Camila no pudo cantar "Havana", su propia meditación brillante acerca de la diáspora de los inmigrantes. (No hay dudas de que Bono se habría sentido honrado de devolver el favor y presentarla). Lo más cerca que estuvimos de una interpretación de Camila fue cuando "Never Be the Same" -la mejor canción de su excelente debut solista- apareció en una publicidad de shampoo.

Para el gran momento de final de la noche, Bono y The Edge aparecieron para presentar el Disco del Año. Hace 30 años ellos lo ganaron por The Joshua Tree (la noche en la que Bono usó su discurso para quejarse de no haber recibido mucho respeto de los críticos del Village Voice). Habría sido poético verlos pasarle la antorcha a Kendrick. Pero no, no funcionó exactamente así. Cuando, en su lugar, ganó Bruno, manejó el momento con gracia, felicitando a los otros nominados y dedicándole el premio a Babyface, Teddy Riley, Jimmy Jam y Terry Lewis. Claro, todo el mundo, excepto los votantes del Grammy, pensaron que Kendrick había hecho el mejor disco de 2018. Yo lo pensé, vos lo pensaste. Rolling Stone lo pensó, todas las encuestas de críticos lo pensaron, tu mamá lo pensó, la mamá de Kendrick seguramente lo pensó. Dios, incluso el propio Bruno pudo haberlo pensado. Fue un momento definitivamente shockeante. Y de algún modo, eso fue lo que hizo que pasara como un capítulo más en la larga tradición de los Grammy. Hacer que la gente se enoje es de lo que se tratan los Grammy.

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