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Charly García sorprendió en el Coliseo con un show controlado y emocionante

Con la voz rota al frente y una avalancha de clásicos, el artista dejó otra marca histórica que no estaba en los planes de nadie

Por Pablo Plotkin

 
Charly García en el Teatro Coliseo. Foto: RollingStone/ Agustín Dusserre

"Cuánta civilización", dijo Charly García después de cantar "Lluvia", el corte fuerte de Random, el disco que lanzó hace un año. Fue una declaración que captó con algo de sorpresa y sarcasmo la escena del teatro Coliseo, que algún tiempo atrás se hubiera leído como una ucronía: un show ordenado y potente de Charly García en el centro de Buenos Aires, mes de febrero del año 2018. ¿En qué dimensión paralela estamos?

Un minuto antes, su garganta se había vuelto caverna para cantar eso de "el colchón me chupó...", y era la segunda demostración de fuerza luego del comienzo emocional con "Instituciones", el clásico de Sui Generis. Sobre el bajo robusto de Carlos González y la base de teclados de Zorrito von Quintiero, Charly revisaba esa grabación sinfónica de 1974 desde su estatismo forzado, y soltaba un aullido celebratorio luego de cantar "y a los viejos romper la voz". Cuando sonó "Cerca de la revolución", el segundo tema, el dato principal era que Charly estaba cantando las canciones completas, con un expresionismo controlado, mientras desde su set de teclados filtraba arreglos lúdicos, alternando tonos melancólicos y burlones, climas cinematográficos y de videogame.

La banda -además del Zorrito y González, Kiuge Hayashida en guitarra, Toño Silva en batería y Rosario Ortega en voz- se ajustaba al reglamento, dándole un marco previsible a cumbres como "Rezo por vos", "Reloj de plastilina" y "Yendo de la cama al living". "Esta canción está dedicada a Tesla", dijo Charly antes de tocar el tema que le dio título a su debut solista. "Ustedes dirán qué mierda es Tesla. ¡Averígüenlo!"

 
Según su bajista, Charly tiene una conexión conceptual con Nikola Tesla, el pionero del electromagnetismo. Por eso llamó al espectáculo como La Torre de Tesla. Foto: RollingStone/ Agustín Dusserre

Anunciado dos días antes y agotado en media hora de venta online, el concierto se tituló La Torre de Tesla, precisamente, y una torre de energía ocupaba el centro del escenario mientras en la pantalla se proyectaban rayos, fragmentos de cine sci fi y clásicos como Toro salvaje, El resplandor y Los productores. En una entrevista previa al show con la FM chilena Futuro, Toño Silva había dicho que hay una conexión conceptual entre Tesla (Nikola) y Charly, o que Charly ve al pionero del electromagnetismo como una especie de John Lennon. Probablemente Charly no está al tanto -ni le importa- que Tesla es un ícono de la era de internet, o que una marca de autos que lleva su nombre acaba de lanzar un convertible eléctrico al espacio. Este es el universo de Charly García (esa antena representada en la torre): todo se mueve bajo sus reglas y se reinicia cuando él lo decide.

El Coliseo, un teatro en el que tocó con Sui Generis (74), La Máquina de Hacer Pájaros (77) y Serú Girán (la histórica serie del 81), y que había pisado por última vez en 2001, fue el ámbito perfecto para este concierto que bien podría ser una prueba piloto o un disparo excepcional. Hubo momentos Kill Gil ("King Kong", "In the City That Never Sleeps") y versiones fieles de Random ("La máquina de ser feliz", "Lluvia", "Rivalidad"), pero fueron los clásicos los que lo volvieron una experiencia irrepetible para los fans sub-30 que recibían la seguidilla como una especie de milagro. Ver a este Charly sobreviviente cantar "Promesas sobre el bidet" con el lamento gutural de "estoy tan down" como si estuviéramos en 1984, sencillamente no tiene precio. Fue el punto cúlmine junto con el otro himno de Piano Bar que le siguió: una versión explosiva de "Demoliendo hoteles" que bajó el telón con una sensación de triunfo bastante parecida a la euforia.

 
El show del jueves por la noche fue el primero en 11 meses y el segundo desde que lanzó Random, su último disco. Foto: RollingStone/ Agustín Dusserre

Había pasado apenas una hora, pero faltaban los bises: "Los dinosaurios", con imágenes en pantalla de la dictadura y el Juicio a las Juntas (y una pequeña modificación en la letra: "La persona que amas no puede desaparecer"), "No importa", "Fanky" y el gran final luego de una breve conversación por lo bajo con Ortega y von Quintiero, convertido en el subcomandante de la operación Tesla. "El Zorrito me convenció", dijo Charly y la banda atacó con "Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)". A esa altura cantaba menos y lo que se escuchaba era el coro masivo del público. Llegando al final de ese hit de Clics modernos que inauguró una nueva era del rock nacional, Charly murmuró "ya está; gracias, chicas" y se tocó el sombrero de cowboy en señal de despedida. El gesto decía "no me pidan más nada". Mientras se bajaba el telón alguien se acercó para ayudarlo a levantarse, y los fans se quedaron coreando clásicos de fogón que habían quedado afuera del setlist ("El fantasma de Canterville", "Inconsciente colectivo"...).

Más allá de la fragilidad de su salud, la impresión que quedó es que podría seguir haciendo esto al menos eventualmente. Lejos de los sabotajes performáticos de la fase Say No More, el Charly que se vio el jueves fue el más conciso y nítido en mucho tiempo. No sabemos qué pasará de aquí en más, pero lo del Coliseo fue una hora y cuarto de puro presente, un regalo extraordinario que no estaba en los planes de nadie.

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