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01.02.2002 | 00:00

Erica Garcia Mejor Cantante Femenina

A las dos y media de la mañana, el departamento de Erica García parece el chill-out de una discoteca.

A las dos y media de la mañana, el departamento de Erica García parece el chill-out de una discoteca.

¿Qué? ¿Nunca te invitó a cenar a su casa una chica hermosa que canta rock y sale en la tele, por la radio y en todas las revistas?

Erica García, la sex-symbol del rock argentino, la "bestia" que le puso curvas y sensualidad al rock-puro-huevo-nacional, la boca más grande y hot de los últimos años, la del todo muy bien o todo como el orto y también la que promete "yo te todo" en la balada grunge más calentona y romántica de 2001...

Cocinó pollo con arroz al curry y una especie de guacamole, todo bien sabroso, y sacó un par de cervezas de la heladera. Es raro pero aquí estamos, en penumbras, los dos solos, echados en cómodos puffs, escuchando a Syd Barrett, bebiendo y charlando sobre su "carga sexual" y los problemas de ser linda y hacer rock. Entonces Erica sorbe de su chop y desafía.

–Eso es una mentira total. Todas las chicas que cantan son lindas. Ponéte a pensar.

Me pongo a pensar.

–De verdad, es un rollo que se inventan los periodistas. No existe eso. Buscá una cantante que no sea linda.

–(Pienso y no encuentro. Digo un nombre sólo para no darme por perdido aun perdiendo) Barbra Streisand.

–Es divina, dejáte de joder. Es decir, para mí una persona es linda... No sé: Claudia Puyó es preciosa, Fabi Cantilo es linda, María Fernanda [Aldana, de El Otro Yo] es linda, Celeste [Carballo] es linda, Daniela Herrero es linda. ¿Quién es fea? No hay chicas feas.

–Tenés razón. Pasemos a otro tema.

–No sé, yo genero como una polémica... La verdad es que no sé qué les provoco a los periodistas (risa Erica).

–Será que algunas chicas tienen una carga sexual más alta que otras.

–¡Ah! ¡Eso es! Ahí vamos llegando. Yo sé que tengo una carga sexual. Algo que les explota la cabeza y entonces vienen y me dicen: "Y a vos te parece que si no fueras así, no sé qué y no sé qué...". ¡Loco, no me rompas las pelotas! Yo soy así y hago canciones y toco, y bancátela... Pero esa carga sexual debe ser como una electricidad que hace que digan: "No, no, esto no puede estar pasando, esto no es correcto, no está previsto..." (risa Erica).

–Es un arma.

–Sé que la tengo. Pero yo soy muy ingenua.

–Bueh...

–No ingenua: inocente. Tengo una inocencia que tal vez la gente no puede imaginar. A veces me pasa: cuando entro en confianza con alguien, me dicen: "Ah, pero vos no sos...". Como que se relajan.

–Los periodistas varones te preguntamos sobre tu imagen sexy. ¿Y las periodistas mujeres?

–Ellas van más a lo guerrero: las chicas y el poder femenino. Pero con lo que estás diciendo me doy cuenta de una cosa: que el escenario es... O sea: uno toca como coge.

–¡Qué lindo esto que decís..!

–Eso es. Algo se dispara. Se ve que yo me debo soltar de alguna forma que revela algo, no sé... A mí me pasa eso cuando veo a alguien tocar. Lo veo en el escenario y le saco la ficha de cómo es su sexualidad, y todos estamos viendo eso todo el tiempo en todos... Pero bueno, no tengo más reflexiones (risa Erica).

Después nos vamos por las ramas del sexo. La sensualidad de las rock stars, la seducción del escenario, la atracción que ejercen sobre ella los guitarristas. Erica asegura que todos los novios que tuvo tocan guitarra. Uno de ellos, con quien convivió durante casi diez años, es uno de los mejores del rock de acá: Ricardo Mollo, el cantante y guitarrista de Divididos. Su novio actual, con quien comparte su hogar desde hace cuatro meses, se llama Máximo Celada, tiene 19 años y no sólo toca la guitarra: es el guitarrista de la banda de Erica.

–No pueden no ser músicos (risa Erica). Tienen que tocar la guitarra y hacer canciones. Si no, no me atraen. Debe ser el edipo con mi papá, no sé, hay un rollo ahí que no me interesa desarmar porque me gusta que sea así, que mis novios toquen la guitarra y hagan canciones.

A Erica no le preocupa la diferencia de edad que existe entre ella y Máximo (es trece años mayor que él), y se divierte contando cómo lo conoció. Fue a través de un aviso en el diario Clarín. A mediados de 2001, Erica convocó músicos para formar su nueva banda (la que tuvo hasta 1999 se desarmó cuando ella fue a Los Angeles a tocar y grabar) y respondieron doscientos. Máximo ganó el puesto de guitarrista y el corazón de Erica la misma noche.

La convocatoria de músicos a través de un aviso no fue algo raro para ella. En 1989 llegó a un grupo de poesía que comandaba el periodista Tom Lupo por medio de un aviso. Y antes, cuando todavía no se atrevía a cantar en público, Erica buscaba bandas de rock en la revista Segundamano: llamaba, se proponía como cantante y guitarrista y, ahí sí, cantaba sus canciones.

–¿Por qué buscabas banda a través de avisos? ¿No tenías amigos con quienes tocar?

–No. Yo no tenía amigos. Nene, yo era una loca, una ostra. Yo era una chica muy tímida, con graves problemas de comunicación. Siempre en un rincón. Era una chica-problema.

Su madre es masajista, y su padre, personal trainer y músico. "Mi papá toca todo: guitarra, piano, clarinete; tiene mucho oído, es muy bueno. Mi forma de tocar con la mano derecha, que es mi fortuna, la tomé de verlo tocar a él." A los 4 años, la niña Erica escuchaba El lado oscuro de la Luna, de Pink Floyd. A los 11 sacaba temas de oído y componía algunas canciones. Dibujaba, tocaba la guitarra, pero no conversaba con nadie. Y ni hablar de cantar.

–¿Tu papá te inhibía?

–Sí, claro. No podía. No hablaba. Tenía problemas. No podía tener amigos. Tenía mi mundo privado. A los 5 años vivía en Medrano y Paraguay, en Palermo, enfrente de una plaza. Mi mamá me cruzaba y yo me volvía. Le pedía que me llevara a la plaza de noche. Era un caso. En el secundario tuve amigas. Ellas sabían que tocaba, pero no podía cantarles: jamás les iba a tocar una canción mía.

Luego llegó la etapa "Erica-habla-con-el-mundo", tal como la propia chica-problema la define. Fue entonces cuando se anotó en el grupo de poesía, recorrió el conurbano con la Segundamano bajo el brazo, y formó una banda que no fue a ninguna parte. Hasta que en 1991 conoció a la baterista Karina Tamburini, con quien engendró Mata Violeta, un trío femenino de punk rock que duró cuatro años y que recorrió casi todos los bares del circuito under de Buenos Aires. En 1997 llegó el debut solista (titulado El cerebro), en 1998 salió La bestia (que contenía el mini-hit "Vete destino"), y en 1999 comenzó la historia de Amorama.

si la casa de erica es un chill-out, la discoteca debería llamarse La Juguetería. Una cortina de lo más simpática, como de juguete, con bolitas de colores que cuelgan y hacen ruidito, separa la cocina del living. La luz –tenue, que es ahora azul pero luego será rosada, de nuevo azul, después verdosa, y así– proviene de un velador de lo más bonito, como de juguete, de esos que tienen dibujitos multicolores en la pantalla. Sobre una biblioteca desordenada hay juguetes de verdad: un boxitracio a cuerda, otro bichito que salta y cae parado, también a cuerda... Los marcos y los zócalos están pintados de dorado, hay una puerta que no funciona como puerta sino como mesa para compu, sintetizador, porta-estudio y demás cuestiones. Preside el living un par de viejos sillones de colores que no hacen juego pero que igual quedan bien. Hay también dos bicletas todoterreno estacionadas en un rincón. Pero para cuando estés leyendo esto, quizás la casa de Erica ya no sea así. Y no sólo porque el depto está en plena remodelación: Erica no sabe bien qué pasará mañana. Erica no hace planes. Los planes que hizo, dice, se han ido deshaciendo prolijamente.

Un ejemplo. Su último proyecto había sido instalarse por un buen tiempo en Los Angeles, una ciudad que le encanta por la onda, por el paisaje y por lo bien que la tratan cada vez que va. Allí grabó Amorama; allí dio conciertos solita con su guitarra y mal no le fue; allí se hizo amiga de Beck y de sus músicos y armó una banda con ellos; allí es donde se cocina de verdad el guiso del dichoso "rock latino" de exportación, la base para despegar en serio hacia el Primer Mundo.

Pero de regreso en Buenos Aires, Erica se enamoró de Máximo y a la mierda con los planes.

–No me quiero poner una idea fija. Me la pasé planeando tanto que me iba a Los Angeles y ahora... Qué planes voy a hacer. No podés planear nada, y eso es lo maravilloso. Cuando me digan "Vamos para allá", vamos... La ansiedad es algo que tuve que curar en mí. Sacar toda la ansiedad... Porque todo se hace siempre como vos no querés. Es una regla universal. Las cosas no son como vos querés. Vos ideás algo muy genuinamente, y cuando se produce la magia, no es en el horario en que vos querías...

–¿Mucho psicoanálisis?

–No, nunca hice. Pero es así. Siempre estás sujeto a todas las alteraciones posibles del universo. Y hay que contar con eso. Entonces te entregás. Aunque es dificilísimo (risa Erica). Yo te digo eso, y después... (risa Erica). Pero yo lo uso como arte, es el combustible para hacer una canción, vivo de esa emoción extra, es lo que me nutre. Y si esta época es de resistencia, bueno, será eso. Nunca nada se da como vos querés. A veces hay chispazos de deseo: deseás mucho una cosa y pasa, pero después se realiza de una forma que te sorprende. Porque si no serías Dios.

Jeans pata de elefante, zapatillas Adidas, remerita –cuando se habla de Erica, no se habla de remera ni de t-shirt; mucho menos de chomba: siempre será una remerita– y vincha. Tiene una cruz que le cuelga del cuello.

–Creo en las imágenes, en los símbolos. Creo que te protegen, y que si vos le das poder a ciertas cosas, esas cosas te devuelven una protección. Lo creo por el poder de la mente, la fe y el espíritu. Uno le da poder a lo que quiere. Por eso no me gusta hablar mal de nadie. Para mí, todo tiene un valor, y todo lo que diga otro tiene un valor. Cuando escucho que alguien habla mal de algo, me voy, me hago la boluda, no me gusta meterme en eso. Obviamente, todos somos diferentes, y de uno a diez, podés tener 9 de conexión con alguien, y con otro menos 10, pero tenés que buscarle el hilito porque está bueno buscarlo...

el 7 de diciembre no fue un buen día para programar recitales. Era el primer viernes tras el anuncio de las medidas económicas que precipitaron el fin del no-gobierno del suegro de Shakira; el famoso corralito que prohibía y aún prohíbe sacar dinero de los bancos, y que provocó la desaparición del poco dinero que circulaba. La bronca y la angustia comenzaban a ser intolerables –eran los días previos al estallido de saqueos y cacerolazos–, y mucha gente decidió quedarse en su casa mirando la tele y no gastar un peso en absolutamente nada. El Showcenter de Haedo (una mezcla de shopping con cines y kermés electrónica en el oeste del Gran Buenos Aires), siempre insoportablemente lleno, esta vez estaba casi desierto. Casi no había familas de paseo ni niños a los gritos. Pocas cosas más deprimentes que un parque de diversiones vacío.

El primero de una serie de shows compartidos entre Erica y Leo García (el otro solista estrella de 2001, la otra gran apuesta al pop y rock argentinos de una multinacional) fue previsto para la noche del viernes 7 de diciembre. Todo mal. La sala de conciertos de Showcenter, un lugar muy cómodo para 800 personas, estaba cubierta en apenas un 10 por ciento de su capacidad. Fueron pocos, aunque entusiastas, los fieles que se animaron a gastar 12 de los escasos 250 pesos semanales disponibles en el corralito, el último obsequio que nos legó Domingo Cavallo (hoy ex ministro de Economía). Primero cantó Erica con su trío de chicos rockers; después fue el turno de Leo con su guitarra y sus maquinitas. El show de Erica fue más contundente que el que había dado para la presentación de Amorama en la disco Niceto. Se la veía más relajada y segura que en su debut oficial con nueva banda y nuevo disco. Y Leo repasó sus hits –los conocidos y los que se mueren por serlo– con solvencia y convicción. Fue una lástima que hubiera tan poca gente. La combinación era buena y merecía mayor atención. De hecho, es probable que se repita durante el verano.

Seis horas antes del recital, frente a una simpatiquísima cajera del McDonald’s de Showcenter y con As Meninas como ruido de fondo, le ofrecí a Erica algo de comer (el McDonald’s fue una propuesta suya).

–No, gracias.

–¿No querés tomar nada?

–No, gracias. Estoy haciendo ayuno.

–¿Estás a dieta?

–No, estoy de ayuno. No como nada durante varios días. Ya llevo dos. Está buenísimo. Te purifica, te renueva, te pone en un estado muy interesante.

Dos horas después, no resistió la tentación y se compró un juguito de naranja en cajita. Eso fue todo lo que ingirió en el día. "Me gustaría llegar al momento en que estuve cuando empecé a grabar el disco...", decía, y recordaba lo tranquila y concentrada que se sintió cuando llegó a Los Angeles, al estudio de su amigo y productor Gustavo Santaolalla.

–Nada que ver con la anorexia. A mí me encanta comer, cocinar... Pero leí muchos libros sobre el ayuno, y hay algunos que te vuelan la cabeza. De hecho, no soy budista pero me encanta leer sobre eso, tengo amigos budistas y adhiero a sus preceptos. Para mí, lo oriental no es algo ajeno ni una moda. Desde muy chica, el taekwon-do me llevó a la filosofía oriental. Soy primer dan de cinturón negro.

–¿Si me das una patada me lastimás?

–Puedo hacerte daño, sí. Una vez me rompieron la boca. Pero nunca lo usé para eso. Me encantaba romper madera con la patada. Es hermoso porque volás, das patadas, girás en el aire, saltás... Me encantaba. Lo hice durante seis años, durante la adolescencia. Y me quedaron cosas: me paro de esa forma, naturalmente. De hecho, después de eso, hice danza porque quería volver a lo femenino.

En 1985 se recibió de bachiller en Ciencias Biológicas en el Normal 6 de Palermo y se puso a estudiar Educación Física. Llegó a dar clases en un gimnasio, pero no terminó la carrera. Trabajó hasta 1993, cuando decidió que...

–...no me iba a levantar a las siete de la mañana para ser explotada por un sorete y dar una clase de gimnasia. Yo tenía mi guita ahorrada y tenía una guita que heredé de mi abuelo, así que tenía mi plata... Además, con Ricardo [Mollo] éramos millonarios, para qué íbamos a... (risa Erica).

Erica conoció a Ricardo Mollo en 1989. Una ex compañera del secundario, por entonces novia de Diego Arnedo (ex bajista de Sumo y actual Divididos), invitó a Erica a un show de Divididos. La banda cumplía recién su primer año y lo celebraba en la disco Cemento. Erica se enamoró del tipo que cantaba y tocaba la guitarra. Vivieron juntos durante casi una década, tiempo en el cual Divividos se transformó en una de las bandas más creativas y populares de la Argentina. Ricardo participó como productor y guitarrista invitado en los dos primeros discos de Erica, y también en un álbum de Mata Violeta que se grabó pero nunca fue editado. A su vez, Erica tocó varias veces como invitada en los shows de Divividos. Los fans de Divididos y de Erica pueden seguir las alternativas de la pareja a través de canciones como "Qué ves" y "Sos mi mal".

–¿Es pura coincidencia que tu mejor momento artístico haya comenzado tras tu separación de Mollo?

–No, tiene mucho que ver. Obviamente, fue un cambio absoluto cuando decidí separarme. Más allá del amor que nos tuvimos y nos tenemos, en un momento me di cuenta de que tenía todo, y eso no me bastaba, no era eso lo que quería. Dije: "¿Esto es la vida?". Yo me levantaba, tomaba sol en el jardín, tocaba, no sé... Más allá de las cosas de la pareja por las que decidimos terminar, cuando la vida se torna normal, para mí hay que cambiar...

–Tomar sol y tocar la guitarra tampoco es tan normal.

–Bueno, no. Pero a mí no me gusta la comodidad, lo cómodo no me gusta para nada. Cuando nos separamos y yo me fui, comenzó la vida nueva. Yo ya había sacado discos, pero me faltaba el vértigo, eso a lo que yo siempre aspiré. Escribía sobre eso, lo había tenido, pero en un momento se apagó.

–Inquietud, digamos.

–Inquietud sería la palabra. Tal cual. No podía no tener inquietudes. Y no tiene absolutamente nada que ver con Ricardo, porque él es un fuego. No tiene relación con la persona sino con el momento de cada uno y con la relación que tenés con tu pareja. Pero sí, a partir de ahí cambió todo. Como una canción del primer disco que escribí cuando me separé de un novio, justo en el momento en el que empecé a hacer música... Son momentos.

la tarea de erica hoy es tocar y hablar de las canciones de Amorama, su tercer disco. Producido por Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel, y grabado por músicos del Primer Mundo (Justin Meldal Johnsen en bajo, contrabajo y efectos; Víctor Indrizzo en batería; Joe Gore en guitarra; John Brion en guitarra, teclados, samples y efectos; integrantes de las bandas de Beck, pj Harvey y Tom Waits), Amorama suena que da gusto (véase RS 44).

¿Qué significa "amorama"? En su sitio en Internet, Erica escribe: "Amorama es todos los paisajes que uno ve por amor al universo. No hace falta estar enamorado para sentir amorama. Amorama es el conjunto de estímulos empecinados en llevarnos al mundo-amor. Amorama es el nivel de la armonía. (...) Amorama es el panorama del amor: ¿cómo andás de tu amorama? Amorama es la droga. Es el diagrama de las relaciones. Amorama es el parque donde jugamos en otra dimensión. (...) Todos vivimos en amorama pero muy pocos se dan cuenta. Porque amorama no está acá. Amorama está acá adentro".

Amorama significa también el lanzamiento argentino 2001 más importante de la multinacional Universal, y una de las apuestas del sello Surco en la que su dueño, Gustavo Santaolalla, ha depositado muchas expectativas. En su última visita a Buenos Aires, a fines del año pasado, entre las muchas actividades que mantuvieron ocupado al productor (véase RS 45), apoyar la salida de nuevo disco de Erica fue una de sus prioridades. Santaolalla dio reportajes, resolvió estrategias de promoción, cantó y tocó con ella. En la presentación oficial en Niceto, en el barrio de Palermo, no sólo trabajó arriba del escenario: en el salón vip, entre cervezas y canapés calentitos, se encargó de arengar a todos los invitados. "¡Vas a ver! ¡Va a estar impresionante! ¡Tremendo!". Unos días antes, en plena campaña de prensa, el productor de rock en español más prestigioso del mundo daba su opinión sobre Erica.

–Para mí, en lo que ella hace hay distintos niveles. Lo unique, lo peculiar de su composición, que tiene que ver con la forma en que estructura su cadena de acordes y sus melodías, y también con la manera en que escribe sus letras, que es superpersonal. Pero aparte hay un filo, un edge muy rocker que combina con una modernidad que no tienen otros artistas. Pero siento que está aprendiendo. Su nivel artístico está a la altura de cualquiera de los más grandes del mundo. En lo otro no, pero porque toda su vida la manejó en un nivel de cabotaje. No lo digo de manera peyorativa sino de situación geográfica y de tamaño. Ese es el cambio que está haciendo ahora. Es mi agenda de siempre: creer que en Latinoamérica existen artistas con un potencial como para llegar a muchos lugares. Desde siempre sentí que ella tenía eso. En el mundo alternativo hispano no hay otra artista como ella, y no es un juicio de valor.

Para Amorama, Erica compuso unas cuarenta canciones. Entre ella y su productor eligieron las once que, creyeron juntos, mejor representaban las múltiples caras de Erica: la romántica, la irónica, la sensual, la pop, la grunge, la alternativa, la militante del girl power. Amorama contiene todo eso en forma de canciones, algunas (como "No insistas", "No se detengan en nosotros" y "Yo no tengo la culpa") francamente admirables. En vivo, Erica agrega una dosis de electricidad que el disco evita para ganar en matices. Cuando la banda logra el equilibrio, Erica se luce como cantante y sus colitas y sus medias caladas ceden a una voz que puede ser violenta y cálida a la vez.

–El show es más rockero, y me encanta. Es lo que busqué. Para mí es básico. Si no es más rockero que el disco, la banda fue; sería un desastre. Es que todo lo que sale de esa energía salvaje es un diamante. Después podés ir puliendo hacia el lado que quieras, pero si eso no está, no hay nada...

Su aspecto de nena grunge mañera tiene una explicación. Para vestirse, Erica opta por mezclar lo que refleja su casa y su placard con el estilo de Tank Girl, el personaje de historieta creado por Jamie Hewlett (el padre de Gorillaz), una heroína sexy-punk de 2033 que tiene un canguro por novio, vive en un tanque, bebe cerveza y es muy pero muy zarpada. Las fotos que ilustran esta producción, entonces, tienen bastante que ver con el espíritu de Erica por estos días. Para los shows, dice, no estudia con excesiva premeditación su vestuario. Como toda chica coqueta, se pasa un buen rato frente al espejo antes de salir, pero termina siempre hecha un harapo. "Me gusta jugar con mi ropa y con la ropa que encuentro y me gusta. Divertirme, bah."

–¿Te molesta haber sido conocida por tu imagen antes que por tus canciones?

–No. Es lógico que si no se escuchan los temas por la radio, se conozca más a una chica porque aparece en la tele y hace rock, pero no me molesta. Esa soy yo, también. Pero en La bestia no busqué ser sexy. Yo me creía que era un animalito.

–En las fotos de aquel disco aparecés semidesnuda, con el cuerpo pintado como una cebra...

–Te lo juro por mi vida. No me sentía sexy. Las fotos no me resultan sexies. La bestia era agresivo. Esa es una parte mía, pero también está la otra, suave, tierna. Y ahora quise permitirme ser la no-bestia, la dulzura, la amorosidad. Y eso está en el disco: en un tema digo que todos los hombres son cuervos y en otra los amo con dulzura. Es como una mujer más real. La chica tiene una licuadora en la cabeza (risa Erica).

–¿Eso va acompañado de una nueva imagen?

–No sé... Es que mi personaje es tan fuerte, llamativo, no sé qué nombre ponerle, que a las canciones les cuesta mucho llegar a ser más famosas que yo. Pero después nos dimos cuenta de que no era cuestión de ropa ni nada, porque es un componente que yo tengo. Tendría que no aparecer, directamente. Pero no. Si sos eso, listo. Y es bueno, no hay que tomarlo como un obstáculo sino como un vehículo. Es lo mejor que te puede pasar: que la gente te busque, que seas atractivo... "Ay, no, no quiero que me llamen...". Mentira, qué no vas a querer. Además, es un rollo que no hay que tener. Las canciones se conocerán por sí mismas, y si la gente te conoce antes porque les gustó tu sonrisa, bueno, listo, perfecto. No es malo. A mí no me interesa dejar de ser sexy, no tengo problema. A las canciones hay que dejarlas correr. Se conocerán solas...

–¿El sueño es conquistar el mundo?

–Totalmente, yo quiero conquistar el mundo. Y lo voy a hacer. Sí, es algo que lo siento como un mandato. Está en mí. Tarde lo que tarde, no hay ningún problema... Mi plan es conquistar a todo nivel, yo vivo en esta casa que me encanta, pero no sé cuánto tiempo más voy a estar...

–¿No buscás dinero?

–No, es una ambición. Yo no conquisto dinero, es una conquista de espíritus, de almas. Yo conquisto en base a eso. Tengo esa filosofía. Quiero eso, y voy a hacer todo lo posible y lo mejor para llegar hasta eso.

–Hasta ahora viene saliendo.

–Sí, y es muy alentador para la gente que está poniendo guita.

–¿Te hacés cargo de esas ansiedades?

–A mí no me las manifiesta nadie, pero sé que existen. Tengo la suerte de que pase esto. Pero está atado al estar bien y al espíritu. No creo que lo material y lo espiritual en el universo corran por distintos lugares. Creo que si vienen giras y una carrera genial será porque hay un espíritu para hacer eso. A nadie le pasa que tenga un espíritu chiquito y grandes cosas. Entonces, me baso en cultivar mi espíritu. Lo demás no me preocupa porque sé que viene. No me preocupo por el gas si me lo cortan. Cuanto menos te preocupás, estás más sonriente y mejor. El mundo provee. En un momento como éste es muy raro que te diga esto, pero realmente lo pienso. No puedo decirte: "Tenés que estar pendiente de adónde está la plata que tenías en el Banco de Galicia". Yo también tengo la plata en el Banco de Galicia, pero no sé, me lamentaré, qué sé yo... Y cuando pienso en la conquista del mundo, en tocar en un lugar mejor y crecer, no lo pienso en términos materiales, tantas entradas vendidas, tantos discos venidos... Es un todo: no lo veo aislado del amor, de la alegría, de hacer un canción. Tengo una confianza absoluta en que lo que tiene que ser, se va dando. Y tengo también algo que tenemos todos, que es la magia de desear algo y que se produzca. Yo lo ejercito mucho, porque al principio me sorprendía pero ahora lo tomo como parte de la vida. Deseo algo y pasa, porque estás en una red donde sos escuchada. No estamos solos, acá. Hay un montón de entes que nos están escuchando... "Ah, estos chicos, están charlando... Bueno, les vamos a dar esto..." Nada es casualidad, entonces es lógico que alguien que se comporta de cierta manera tenga ciertas magias. Es como una recompensa por confiar en eso. Y a la gente que está preocupada todo el tiempo porque no se puede comprar esto o lo que sea, si tiene eso como prioridad, no le cabe ninguna magia.

erica dice que no tiene ídolos ni los tuvo nunca, que ninguna canción ni de rock ni de nada le cambió la vida. Pero hay un poema, dice, que sí.

Más allá de la curva del camino tal vez haya un pozo y tal vez un castillo, o tal vez tan sólo continúe el camino.

No lo sé ni pregunto.

Mientras voy por el camino que hay antes de la curvasólo miro el camino que hay antes de la curva,porque no puedo ver más que el camino que hay antes de la curva.

De nada me habría de servir el mirar a otro lado o hacia lo que no veo.

Impórtenos nada más que el lugar donde estamos.

Hay belleza suficiente en estar aquí y no en otra parte.

Si alguien existe más allá de la curva del camino, quienes se preocupan por lo que hay más allá de la curva del camino ahí tienen el camino que es el suyo.

Si ahí hemos de llegar, al llegar lo sabremos.

Por ahora tan sólo sabemos que ahí es donde noestamos.

Aquí no hay más camino que el de antes de la curva, y antes de la curva el camino que hay no tiene curva alguna.

El poema pertenece a Alberto Caeiro, uno de los heterónimos del escritor portugués Fernando Pessoa (1888-1935), y llegó a Erica en papel de fax.

–Al principio no entendía. Pero a la cuarta vez que lo leí se me empezaron a caer las lágrimas. Y a partir de ahí quedé conmovida, una semana llorando de la emoción por ese momento de revelación.

Fue en 1997, pocos meses antes de que Erica comenzara a grabar La bestia. Había sido convocada para leer un poema en 20 años, 20 poemas, 20 artistas, el documental en homenaje a los veinte años de las Madres de Plaza de Mayo del que participaron, entre otros, Manu Chao, Bono, David Byrne, Sting, León Gieco, Eduardo Galeano, Cecilia Roth, Antonio Gala, Chico Buarque, Augusto Roa Bastos y Mario Benedetti. A Erica le tocó "Más allá de la curva del camino". La producción se lo envió y, sin saberlo, dio en el clavo.

–Fui a filmar y lloraba, lloraba, los de la la producción pensaban que yo estaba actuando pero no, yo estaba así... Después no encontré más ese poema... No sé, no debe ser de los mejores que escribió porque no está en ninguna antología. Pero a mí me cambió la vida.

–¿Qué quiere decir eso?

–Que de repente se abrió todo de una forma tan clara... Te sentís una idiota por preocuparte por las cosas que te preocupás... Es decir, es un poema que... Porque la poesía no tiene que ser aleccionadora, uno no hace una poesía o una canción para enseñarle algo a alguien, pero el tipo escribió su visión y a mí me enseñó a mirar las cosas de otra forma. Me inventó el new age, digamos...

El remate, como casi siempre, es una risa, esa risa Erica: mentón hacia arriba, bocaza bien abierta, ojos casi cerrados, carcajada corta. ¡Ja! Ahora, en el depto de Erica, de fondo suena Velvet Underground.

A esta altura, la segunda botella de cerveza está casi vacía. Hora de irse.

Por Fernando Sanchez