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01.03.1999 | 00:00

No traicionarás

Con su disco debut, Montevideo agoniza, transformado en clásico, Traidores se reunió para grabar En la profunda noche, un acústico en vivo que estuvo entre los álbumes uruguayos más vendidos de 1998.

Traidores y estómagos fueron los grupos más visibles del rock uruguayo de la posdictadura de los 80, herederos de la actitud punk aunque con una inconfundible pátina tanguera. Hoy, a quince años de los primeros y revulsivos shows de Traidores, anécdotas hay muchas, pero basta una para pintar al grupo: en una mítica actuación en el Teatro de Verano cantaron su versión prohibida del himno uruguayo –titulada "Montevideo agoniza"– y lanzaron algún que otro insulto a la policía; luego de esto debieron pasar a una virtual clandestinidad. Durante todo ese período, el grupo sobrevivió a numerosas tempestades internas y externas y fue desarrollando una discografía intensa, siempre comandado por la dupla que forman Juan Casanova (voz) y Víctor Nattero (guitarra). Ambos recibieron a Rolling Stone en un viejo departamento de Cordón, barrio que en los 80 supo albergar punks vestidos de negro que deambulaban por la avenida Rivera.

"Cuando empezamos fue todo muy por casualidad", recuerda Casanova. "Y muy pronto quedamos metidos en medio de todo ese boom... Esos años se disfrutaron, más allá de que en cierto modo éramos un poco inocentes."

"No sé si definirlo como estrictamente punk; lo nuestro era punk criollo", afirma Nattero. "En el disco Montevideo agoniza captamos perfectamente el momento, y por eso continúa siendo el álbum de cabecera de muchos uruguayos. Captamos la desilusión, todo lo que se venía... De punk ni hablemos: era la postura de entonces; el disco fue bastante más allá de una etiqueta."

Estas palabras no quitan la certeza de que el rock montevideano de los 80 estuvo signado por la fuerte presencia del punk como referencia, y también como actitud. Mientras Traidores ofrecía altas dosis de nihilismo y alternaba canciones que incitaban al pogo con otras más tangueras que llevaban el sello evidente de los Clash, Estómagos revelaba una introversión gótica que lo acercaba a The Cure y a Joy Division. Casanova tiene su versión: "En verdad, nosotros veníamos de escuchar mucho a los Beatles, a todo el pop británico, pero fueron los Pistols y Clash quienes nos influyeron, sobre todo ese asunto de «hacelo vos mismo». Eso fue el punk para nosotros; de ahí aprendí a cantar mi propia desesperación, tomé la distorsión y usé ciertos ritmos… pero todo hecho a nuestra manera".

Refrescar el pasado es más que necesario para hablar de la nueva etapa de Traidores. El ya rutinario eterno-retorno en el que se vieron envueltos en los últimos años los encontró en una insospechada vuelta del camino. Desde que, la noche del 2 de julio de 1998, lanzaron su espectáculo acústico, no han parado de agotar localidades en teatros y pubs; el verano los encontró de gira por los balnearios de la costa, y el álbum En la profunda noche –que registra el primer show– llegó al disco de oro a sólo dos meses de su edición. Casanova y Nattero convocaron para esta cita al primer bajista del grupo, Pablo Dana; al ex batero de Níquel, Roberto Rodino; y al violoncelista Gerardo Babuglia. El espectáculo y el disco recorren lo más sosegado de la discografía de Traidores, desde clásicos como "Flores en mi tumba" y "La lluvia cae..." hasta canciones de su último álbum en estudio, Radio Babilonia.

Son pocas las canciones del rock uruguayo que han trascendido el tiempo, que fueron cantadas por varias generaciones y que siguen emocionando como la primera vez. Los Traidores pueden enorgullecerse de haber firmado composiciones que resumen la soledad existencial de los punks de la posdictadura y también la de los adolescentes de los 90. "Es que Montevideo sigue agonizando", afirma Nattero.

Quienes vivieron de primera mano la movida de Estómagos y Traidores pueden certificar que el punk fue y sigue siendo mucho más crudo y creativo en Montevideo que en Buenos Aires. "Acá los músicos somos bastante más sobrios y existe más profundidad a nivel poético", desafía Nattero. "Buenos Aires no tiene grandes poetas rockeros, salvando a Spinetta."

"La diferencia con los argentinos es que ellos siguen ciertos modelos y clonan directamente a los Stones o a los Ramones...", agrega Casanova. "Por algo una banda como Sumo marcó tanto, porque empezaron a tocar música más inglesa, sin imitar a nadie. Lo que me interesa ahora es todo el nuevo fenómeno del barrio, como La Renga; ya no es más el «sueño etéreo», es más concreto, es más lo que pasa en la esquina de tu casa."

"¿Qué diferencia hay ahora entre Andrés Calamaro y Silvia Süller?", ironiza Nattero, para quien el rock no debería ser un camino para alcanzar la farándula. Pero ambos rescatan, más allá de los gustos personales, la obra de Los Abuelos de la Nada, de Fito Páez y de los Redondos, entre otros. Cuando se le pregunta sobre la poca repercusión y presencia en Buenos Aires de grupos uruguayos como Traidores, Casanova desliza una reciente anécdota. "El otro día Willy Crook me contó que, en la época en que él estaba con los Redondos, la Negra Poly les rompía las bolas a todos los del grupo para que fueran a Montevideo a ver tocar a Traidores... Ahora, claro que nos gustaría tocar en Buenos Aires, pero para mostrarnos, nada más, porque el sueño del pibe ya fue." —gabriel peveroni

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