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Aqui está... la afroperuana

El gato y la cantante

David Byrne en Lima y Susana Baca en Nueva York. Y viceversa. Una amistad contada desde el otro lado del océano y reconstruida como un viejo álbum de fotos.

Por Daniel Flores

Puede que las fotos mientan, pero los recuerdos no. Al final tú eres lo que los otros recuerdan de ti. Memoria voluntaria e involuntaria. Esta historia comienza con una exposición de fotografía en Dallas, Texas, en 1994. Lorry Salcedo, fotógrafo peruano, exponía el legado de Africa en América Latina. Sesenta fotos tomadas en El Carmen, Perú, y en Bahía, Brasil. David Byrne caminaba ese día y a esa hora por el African American Museum ubicado en la Grand Avenue en Fair Park, de pronto se detuvo frente al cartel de la exposición a la que entró empujado por la curiosidad que siente por la cultura negra. Ocho años atrás había quedado deslumbrado con la voz de una cantante llamada Susana Baca que vivía en un país lejano llamado Perú. A Susana la escuchó cantar "María Lando" durante unas clases de español en la casa de su amigo y profesor de castellano, Bernardo Palomo, en Nueva York. David reparó, el día de la exposición en Dallas, que Lorry era peruano como Susana, y que quizá él podía poner fin a esta búsqueda de ocho años y conducirlo al paradero de esta cantante amante de la poesía que tanto admiraba. Días después Lorry recibió una llamada de Nueva York y dijo sí. Sí la conozco, sí sé su dirección y sí sé cuál es su teléfono.

"Un día fui a visitar a una amiga que estaba enferma. Sus dos hijos rockeros me escucharon contarle a su mamá que David Byrne me había llamado desde Nueva York y abrieron sus ojos como platos", cuenta Susana. Estamos en la sala de su casa, una habitación llena de cuadros y desde cuya ventana se ve el azul del oceáno Pacífico. Llegar hasta allí es llegar a la bajada a la playa Agua Dulce en el distrito de Chorrillos. Su casa se encuentra justo debajo de un puente y más que una casa con jardín es un jardín con casa. Fue adquirida a un hombre que se hizo rico en el negocio de los materiales para la construcción de las vías del tren. Construyó aquella casa en 1945 con la imagen de lo que debía ser una residencia ideal. A Susana y a su esposo Ricardo Pereira, lo que más les gustó de ese lugar no fue la casa sino el maravilloso jardín que daba a la puerta falsa. Luego de adquirirla, los nuevos propietarios convirtieron esa puerta que da al gran jardín en el ingreso principal.

Le he pedido a la famosa intérprete de "María Lando" que muestre su álbum de fotografías en donde aparece junto a David Byrne por el mundo. Pero Susana me acaba de confesar que no tiene fotos junto a David. Ni siquiera una miserable polaroid de ellos y sus músicos en Nueva York, Atenas, Londres, Madrid, París o Lima, ciudades en los que han coincidido durante estos casi diez años de amistad que los une. Casi disculpándose, Susana me repite que "todas las fotos las tienen los periodistas". Por eso le he pedido que me cuente los recuerdos voluntarios e involuntarios más importantes que tiene de David Byrne. Recuerdos como fotografías de un viejo álbum con el que uno pasa revista al pasado.

Gente como uno. Lima, 1995.

Ese verano hacía mucho calor en Lima y Susana sabía que David Byrne era una persona famosa que había ganado un Oscar junto a Ryuichi Sakamoto y Cong Su por la banda sonora de El último emperador, pero no había bailado sus canciones ni había visto sus videos. "Los hijos de mi amiga y una larga lista de amigos sí, y poco a poco fueron llegando a mi casa con historias, discos y videos del ex Talking Heads". De la boca de ellos se fue enterando quién era este señor delgado, de cabellos oscuros, cuyo tema favorito desde su época de estudiante eran las máscaras y las esculturas africanas. Un artista a contracorriente de una generación desesperada por llamar la atención que elegió vestirse de la manera más anti-star posible. Traje, pantalón formal y peinado con raya al costado. Un músico que en el año 76 haría delirar a su audiencia en un antro llamado CBGB de la ciudad de Nueva York, acompañado tan sólo por una guitarra acústica mientras cantaba "Psycho Killer".

Casi veinte años después el mismo Byrne con el pelo largo estaba cenando con Susana Baca y su esposo Ricardo Pereira en su departamento en Miraflores, cerca al mar. Desde su descubrimiento de la música negra afroperuana, David había rastreado todos los discos existententes que se habían editado en el Perú. Una cantidad de material suficiente como para llenar un gran baúl que luego guardó en algun lugar de su casa como un tesoro y que le sirvió de material para hacer su propia antología, The Soul of Black Peru.

Días antes de la llegada de David a Lima llamaron a Susana para decirle que el ex Talking Heads se alojaría en el Hotel Bolívar. Le pidieron que eligiera un restaurante a donde ir a comer. Susana pensó que no era necesario darse ese trabajo. "¿Para qué? Si podían venir a mi casa y yo podía preparar la cena". Inmediatamente preguntó si alguno de los acompañantes que venían con él eran vegetarianos. Le respondieron que no. Como le gusta cocinar, se esmeró en preparar un rico pastel de choclo de entrada, un pollo a las hierbas de plato de fondo y un arroz frito de guarnición. David y compañía llegaron puntuales a la cita. "En ese entonces Bembón -el boxer encantador de Susana- era chiquito y tenía que sacarlo al parque tres veces al día". Luego de saludarse y bromear con la carátula de un video de Talking Heads, Susana les dijo que tenía que sacar a Bembón de paseo. Mientras tanto su esposo Ricardo atendió a los invitados. Les sirvió un trago y se quedaron conversando. Al regreso, Susana les preguntó si preferían comer en la sala o en la terraza. Hacía un calor terrible. Arriba en la terraza era bien lindo. Había una buganvilia, un jazmín, una hamaca. Una mesita de comer. Era muy simpático. Todos dijeron que preferían comer arriba. "Entonces me ayudan a subir las cosas", dijo. "Lo hubieras visto a David con su fuente subiendo las escaleras. De lo más normal, de lo más simpático", me comenta. "Esa noche conversamos mucho sobre los lugares que habíamos visitado. Coincidíamos en nuestros gustos. El se quedaba cada vez más admirado de esto. Yo había estado en Bahia, en el Pelourinho, en la fiesta de la Inmaculada Concepción. El también. Lo que más me había llamado la atención de esa ciudad era el bar en donde todos los músicos terminaban tocando. A él también. Ambos habiamos viajado a Uzbekistán. A la zona de Bakú en donde está la ciudad vieja cuyas costumbres no pudo cambiar ni siquiera la revolución rusa. Cuba era otro lugar cuya admiración compartíamos. La habíamos visitado en diferentes épocas. Lo mismo que Sudáfrica y Soweto, la ciudad desde donde comenzó la lucha contra la segregación racial. Esa noche, conocer a David fue conocer a una persona con los mismos intereses". Unas semanas después, Susana recibió la invitación del ex Talking Heads para dar tres conciertos en Estados Unidos. Dos en Miami y uno en Nueva York.

Sábado por la noche en una iglesia gótica. Brooklyn, 1995.

"Llovía como no tienes idea. Había gente que llamaba y llamaba por teléfono, pero las entradas estaban agotadas. Luego de presentarnos en Miami habíamos llegado a esa maravillosa iglesia gótica ubicada en Brooklyn". Una iglesia con más de cien años de antigüedad con una capacidad para quinientas personas. Eran los primeros conciertos de Susana en Estados Unidos luego de que Byrne lanzara al mercado anglosajón The Soul of Black Peru, una antología de los clásicos de la música negra editados a través de su sello discográfico, Luaka Bop. "Esa noche tocamos sin guitarra. Estaba David Pinto en el bajo, Juan Medrano Cotito en el cajón, Hugo Bravo en la percusión y yo. En un rincón de aquella iglesia estaba David Byrne y yo podía decir con los ojos cerrados en qué parte exacta se encontraba. Lo sentía. Después del concierto, David bajó del palco y estuvimos con todos los músicos bromeando en los camerinos. Fue una noche muy bella en donde comenzó otra etapa de mi vida".

Al día siguiente Susana y compañía partieron temprano de Nueva York rumbo a Lima. Ya en casa encontraron dos faxes. Uno con la cita de un periodista del New York Times que le dedicaba palabras elogiosas a esta virtual desconocida en Perú, que agotó las entradas ese sábado por la noche en Brooklyn. El otro era de David, que le había escrito: "Te invito a mi sello". Susana me dice "Recién allí entré a Luaka Bop".

Cuenta conmigo. Chorrillos, 1998.

"Me emocionó mucho cuando invité a David a venir al Perú y aceptó. Fue para la presentación de Susana Baca, mi primer álbum dentro de su sello. El nos confesó que tenía sólo tres días. Recuerdo que vino con el pelo cortísimo a diferencia de su primera visita". Susana lo alojó en la biblioteca, que era la única habitación disponible que tenía. Me cuenta que el único problema en ese momento es que faltaba una cama. "Felizmente el hijo de una amiga me prestó la suya. Ese verano hacía calor y por eso le compramos un ventilador". En las mañanas David bajaba a hacer sus ejercicios antes de desayunar. "David corre, nada y monta bicicleta como no tienes idea. ¿Tú lo has visto en sus conciertos? No para de saltar. Una mañana salió a correr a la playa y vio a Bembón -mi boxer- y le dijo «Vamos Bembón», le puso su correa y Bembón feliz se fue corriendo con David por el circuito de playas. David corría como si nada, cuando a la mitad del camino Bembón se tiró al piso. ¡Plom! Sonó. Un grupo de mujeres que no sabían quién era David se le acercaron asustadas y le dijeron: «Señor su perrito se ha muerto». David se asustó, se acercó a Bembón y escuchó el latido de su corazón. Las mujeres, más recompuestas por el perro todavía vivo, le pidieron entre súplicas que lo subiera cargado". David tuvo que desandar todo lo andado y subir todo lo bajado, regresar todo lo avanzado con un tremendo boxer al hombro hasta llegar a la casa de Susana. Felizmente lo único que tenía Bembón era un cansacio mortal. "Al día siguiente Bembón miró a David y no quería saber nada de él. Un día estábamos en París en una radio muy linda y nos preguntaron a los dos por una anécdota mutua difícil de olvidar. Yo conté que preparé una comida en su casa en Nueva York y que él después hizo una sopita con mucha calidez, pues David no cocina, y que la comimos con un gusto exquisito. Luego David contó la anécdota de Bembón en Agua Dulce. A veces cuando me escribe un e-mail me pone al final «besos para Bembón»".

Eco de sombras por Europa.

Madrid, 2000.

Luego de la gira Global Divas 1998 que llevó a Susana por más de treinta ciudades de Estados Unidos junto a Tish Hinojosa y la cantante africana Stella Chiweshe, la peruana y su grupo recibieron en Chorrillos la visita de Craig Street, el mismo productor de Cassandra Wilson y Norah Jones. Craig había recibido el encargo de Byrne de producir el segundo disco de Susana dentro de Luaka Bop. El primero había sido un éxito en el mercado norteamericano. En esta ocasión este trabajo contaría con la participación de los músicos Marc Ribot [guitarra], Greg Cohen [contrabajo] y John Medeski [piano y teclados] y el propio David Byrne en el charango. La grabación iba ser en un estudio en Lima, pero a Greg no le convenció ninguno y al final fue en la propia casa de la cantante. "Cubrimos con colchones las ventanas y nos instalamos en esta sala para grabar el disco", me cuenta. Un periodista de GQ vino siguiendo a Craig y David para saber quién era esa cantante que los convocaba desde un país tan enigmático como el Perú. Fue una locura que todos disfrutaron. Terminado el disco, David Byrne y Susana iniciaron su primera gira juntos por varios países de Europa. "Fuimos a Londres, París y Madrid. En cada lugar recibimos decenas de periodistas y éramos sometidos a sesiones maratónicas de entrevistas que comenzaban en la mañana y terminaban en la noche. En esta gira europea David presentaba el catálogo de Luaka Bop y luego nos presentaba a nosotros. El primer concierto en Londres estaba tan nervioso que no subió al escenario para acompañarnos. En París los chicos lo subieron a la fuerza para que tocara algo con nosotros. En Madrid hicimos una presentación en un lugar muy bonito. Había una cola de tres cuadras que daba la vuelta a la manzana. Primero cantaba yo y luego David oficiaba de pinchadiscos o DJ como le dicen aquí. Mezclaba una música bien loca. Cotito, que le pone apodos a todo el mundo, ¿sabes cómo le puso? Gato extraño".

En el Pub de Joe, 2000.

El Joe's Pub está en el 425 de Lafayette Street en Nueva York. Es un lugar fundado por Joseph Papp, que con los años se ha convertido en un importante referente del mundo de la actuación y la música en esta ciudad. Luego de la gira por Europa, Susana, sus músicos y los músicos neoyorquinos recalaron aquí para dar unos conciertos. "Craig me preguntó si faltaba un músico, porque David quería tocar con nosotros. Le dije que sí. Ese ha sido uno de los momentos más emotivos que he vivido junto a David. Esas noches cuando lo presentaba tartamudeaba de la emoción. Todavía hoy me emociona recordar su rostro feliz, su sencillez y su amor para tocar nuestra música".

Templo de Poseidón. Atenas, 2002.

"La primera vez que vi a David cantar solo en un concierto fue en Atenas. En un Festival. Llegamos antes de la fecha de una presentación que teníamos programada. Almorzamos juntos cerca del templo de Poseidón. Yo me acercaba a los linderos de la colina desde donde se veía el abismo y me aterrorizaba ver las profundidades de las peñas. David en cambio se la pasaba fotografiando todo. Tomó montones de fotos. Elegimos un restaurante cerca de la playa. Pedimos un pulpo a la parrilla con aceite de oliva y unos calamares que son una maravilla. Nos reímos mucho, conversamos de todo. En eso un hombre africano se acercó vendiendo unos discos piratas.

-A ver ¿qué discos tienes? -le dijo David-.

El africano le enseñó los discos, dentro de los cuales estaba uno suyo.

-¿Cuánto cuesta? -le preguntó-.

-Dos dólares -respondió el africano-.

"Entonces David comenzó a reírse. «Todo lo que cuesta hacer un disco para que lo vendan a dos dólares. ¿Te imaginas?», me decía. El africano, por supuesto, no sabía quién era él ni por qué se estaba riendo ese señor".

La casa. El Village, 2002.

"La casa de David es un lugar de encuentro. Allí se hospedan desde Caetano Veloso hasta Virginia Rodríguez. Siempre que voy a Nueva York me quedo allá", me cuenta Susana. "La casa está ubicada en el Village y tiene como cinco pisos. El sótano es su lugar de trabajo y en donde está su compañía. En el siguiente piso está Luaka Bop, que por estas fechas se está mudando. Le sigue su casa propiamente dicha, que es un lugar lleno de discos, muchos de ellos regalos de músicos de todo el mundo. La decoración es especial. En su sala tiene varias maletas tipo James Bond, una encima de otra y arriba de todas una lámpara. Su mesa de comedor es una mesa china con un tablero que da vueltas". Cuando David vino a Lima, Susana y Ricardo lo llevaron al centro de la ciudad a pasear y a comprar esos muñequitos vestidos de novios que van encima de la torta nupcial. "El colecciona parejas de novios. Tiene montones de diferentes partes del mundo".¿Por qué a una persona tan independiente como él le seducen estas parejas de muñequitos agarradas de los brazos? Me pregunto.

Espíritu vivo en Nueva York, 11 de septiembre de 2002.

Susana caminaba por la sexta avenida cuando vio estrellarse al primer avión en una de las Torres Gemelas. "Fue una cosa alucinante". Nueva York es una ciudad de jóvenes inmigrantes cuyas familias están en sus respectivos países. Días después la cantante y los músicos que se encontraban terminando de grabar Espíritu vivo, se preguntaban el por qué de aquel desastre. Una canción de aquel disco los ayudó a asimilar el dolor de la tragedia. Es un tema de afirmación que se titula "Si me quitaran totalmente todo". Su primera estrofa dice: Si me quitaran totalmente todo, si por ejemplo, me quitaran el saludo de los pájaros, o los buenos días del sol sobre la tierra, aún me quedaría una palabra donde apoyar la voz". A través de esta experiencia, Susana, David y los demás músicos redescubrieron la razón por la que siguen haciendo canciones, por la que se encontraron por el mundo para tocar juntos. Pudo ser el azar o la música con la que uno le canta a la vida y se sobrepone dulcemente a la pena y a la muerte.

Te doy una canción. Nueva York, 2003.

De manera involuntaria, Susana me cuenta que las últimas imágenes que tiene de él es muy preocupado separándose de su pareja y que un día estaban en su casa y de pronto escucharon un ritmo espantoso. "Todos dijimos ¿Qué cosa es eso? David movía la cabeza en señal de resignación. Su hijita estaba bien chiquita y escuchaba una música espantosa. De esas que no soportas ni un minuto. Imagínate que te pase eso y a un melómano como David. Pero él no se hacía problemas; qué se iba a pelear con su hijita por sus gustos musicales. Ella era libre como él y él libre como ella".

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