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Asuntos internos

Humala en los Andes

Fanfarrón, idealista, payaso, nacionalista, rebelde o bocón. ¿Quién es Antauro Humala? Este mayor retirado del Ejército Peruano planea declararle la guerra a Chile en caso de llegar al poder. La madrugada del 1 de enero tomó una dependencia policial en el sur del Perú exigiendo la renuncia de Toledo. Esta es su historia, la de su orgullosa familia y resentida ideología.

Por Daniel Flores

Aquí, allá, el miedo se acabó”, “guerra a los chilenos”, “Toledo vende patria”, corea un grupo de entusiastas seguidores de Antauro Humala que se ha congregado en la Plaza Manco Capac, en el popular distrito de La Victoria en Lima. Son las siete de la noche del sábado 8 de enero y el lugar está rodeado de policías que rompen las manifestaciones. El padre de Antauro no aparece por ningún lugar. El mitin convocado por el Movimiento Nacionalista Peruano que preside parece una comedia de errores. No llena ni la cuarta parte de la plaza, no hay un megáfono ni parlantes para escuchar a los oradores y por un lado desfila un grupo con una bandera del Tawantinsuyo y por otro se improvisa un discurso en donde la mayoría son izquierdistas, ex reservistas del ejército, desempleados, curiosos y habitues de la plaza. La estatua del fundador del Imperio de los Incas, que da nombre al lugar, parece señalar con su dedo el oscuro horizonte de este movimiento político.

De pronto, un inusitado despliegue de cámaras de video y reporteros gráficos anuncia con sus flashes la llegada de un personaje importante. Se trata de Elena Envida Tasso, madre de Antauro, quien declara que su esposo no ha podido venir a la reunión porque la fiscalía lo ha citado a la misma hora. Dice también que este no es un mitin sino una romería. Denuncia a la policía por haber detenido a unos seguidores del Movimiento Etnocacerista que traían un arreglo de flores para colocarlo al pie de la estatua de Capac. Ni bien termina de responder un par de preguntas a un canal de televisión, doña Elena sale en busca de un taxi, escoltada por sus amigos y una gran cantidad de periodistas.

Ese mismo dia en la mañana la señora Tasso me invitó a un jugo mientras entrevistaba a su esposo, Isaac Humala Nuñez, en su residencia en Valle Hermoso de Monterrico, un distrito de clase media. Llegué a las ocho de la mañana para conocer de boca del ideólogo del Movimiento Nacionalista Peruano quién era su hijo Antauro Humala, cuáles eran sus ideas y por qué había llevado a cabo la toma de una dependencia policial en Andahuaylas, que había acabado con la vida de cuatro policías y dos seguidores del etnocacerismo. Una empleada con uniforme azul acompañada de un perro boxer me abre la puerta y me escolta donde Humala. El patriarca de la familia y abogado laboralista me espera en su comedor mientras revisa unas citaciones que la fiscalía le ha cursado. Por la televisión lo escuché decir que el abogado francés de Sadam Hussein iba defender a su hijo. Le pregunto si eso es cierto y me responde que no, que se fue de boca con la prensa. “A veces soy un bocón. Sólo es un rumor, ya que no podría jamás costear a un defensor como él”, señala.

Don Isaac confiesa que su hijo Antauro es el que mejor lleva la línea rebelde de la familia. “Los Humala hemos vivido en tensión desde 1532 por haber estado en contra del poder de los españoles”, afirma. Sus palabras me llaman la atención y le comento que él no es un indio y que en su árbol genealógico debe tener descendientes blancos. Don Isaac no lo cree así. Según su visión todo aquel que tiene una gota de sangre indígena es cobrizo y como tal debe definirse. Además explica que su familia es natural de Ayacucho, un pueblo de la sierra peruana y que desciende de un curaca que fue llevado al Cuzco, para concluir sus estudios durante el imperio de los Incas. “Desde entonces mis antepasados mantuvieron esta tradición”. Lo que no me dice Don Isaac es que –según averigüé después– Antauro tuvo problemas de conducta en el colegio Franco Peruano en donde estudiaba y para evitar ser expulsado fue trasladado. Pasó así de un colegio caro en Lima a un colegio de clase media llamado Ciencias en la ciudad de los Incas. De un centro educativo en donde llevaba todos sus cursos en francés, a uno en donde no llevaba ningún curso en quechua.

Hay una vanidad inocultable en la manera como habla el patriarca de los Humala, que se refleja en varios detalles como el nombre de sus hijos: Ollanta, Antauro, Imasúmac, Ulises. Un orgullo intelectual en su manera de responder. No hace falta escucharlo mucho para darse cuenta que parece haberles asignado a cada uno de sus hijos un destino que forma parte de un plan maestro diseñado por él para llegar al poder. Según el psicoanalista Jorge Bruce, se trata de un fenómeno que Freud denomina la novela familiar del neurótico, “en donde simples ciudadanos tienen sueños de alcurnia y leyenda”. Esto último es más patente cuando sostiene que ha llegado la hora de los cobrizos [mestizos andinos] para tomar el poder no sólo en Perú, sino en Bolivia, Ecuador y el Norte de Chile. Le comento que esas ideas milenaristas con un fuerte sesgo racial se parecen a las de otro fanático de la Alemania de 1930. El ex catedrático de formación estalinista lo niega. “Me han mal interpretado”, afirma. El no cree en la superioridad de una raza. Lo que propugna es una lucha de reivindicación de los cobrizos sometidos por muchos años a los abusos y discriminación de los blancos o criollos, como los define.

A esta obsesión racial se le suma otra idea peligrosa. La de llevar a cabo una revancha contra Chile por la derrota sufrida durante la guerra del Pacífico. “Para nosotros Tarapacá y Arica es territorio peruano bajo ocupación chilena”, señala. Luego agrega: “Chile sostiene una guerra estratégica contra el Perú. Busca ganarla sin disparar un tiro. Primero penetrando la economía, política y cultura. Si lo consigue ya no será necesario llevar a cabo una guerra militar para ellos. Desde octubre hemos visto que Chile está desarrollando esta guerra bien planificada y dirigida contra nosotros”. Humala padre, aprovecha para citar cifras que le dan a su discurso mayor contundencia: “Los chilenos han invertido en Perú más de cuatro mil millones de dólares. Los peruanos menos de veinte millones en Chile. ¡Estamos perdiendo!”, comenta con pesar. Por eso para él Toledo es un delincuente y un vende patria por tener en el Palacio de gobierno a un asesor chileno [Esteban Silva]. Lo mismo piensa su hijo Antauro, secretario del Movimiento y director de su órgano oficial de difusión, el periódico Ollanta, aunque en su vida cotidiana, estas ideas racistas y revanchistas contra Chile formen parte de una larga lista de contradicciones.

Nora bruce es una mujer rubia, alta, blanca y con un apellido de familia tradicional de Lima. Su primo es actual ministro de Toledo y en su habitación tiene fotos con un alcalde y un ex ministro del régimen con los que se codea feliz. Le gusta llamar la atención, incluso algunos podrían calificarla de excéntrica. Ella se autodenomina ex relacionista pública y ex amante de Antauro Humala. Estamos en su departamento ubicado en el exclusivo distrito de San Isidro. Le he pedido que me hable del hombre que conoció y antes de lanzarme una ráfaga de adjetivos poco amables cuenta “aparte de culto es loco y los locos son realmente entretenidos”.

Nora conoció a Antauro luego de ver una entrevista que le hicieron en la televisión. Le llamó la atención el personaje y le propuso una cita de trabajo. Según cuenta llegó puntual a su oficina y esperó más de 15 minutos hasta que apareció el Mayor retirado del Ejército Peruano y le clavó un beso en la mejilla. Desde entonces comenzaron a trabajar juntos. Realizaban giras por el país y asistían a entrevistas en canales de televisión y emisoras de radio. La relación de trabajo, siempre según la versión de Nora, se convirtió en una relación amorosa. La infidelidad del líder etnocacerista a su esposa se hizo pública. La gringa, como le dicen, comenzó a ser fotografiada con Antauro. Nora me cuenta que un día un reservista se le acercó a Humala para decirle que la gente no veía con buenos ojos que el líder del Movimiento Nacionalista Peruano y padre de familia de dos hijos saliera con una gringa. Este le contestó que así como a Einstein le gustaba tomar sus traguitos a él le gustaba estar con esa gringa.

Un sociologo dice sobre el etnocacerismo que “se trata de un nacionalismo vinculado a la reivindicación de la raza indígena. Es un movimiento fascista porque tiene una estructura militar y señala a un enemigo común como un elemento unificador, en este caso a Chile. Otro detalle es la aparición de símbolos: el águila de los Nazis, la bandera con la chacana Inca, los uniformes de comando y la organización en batallones”. También ve en este movimiento una matriz familiar. “El padre es el presidente, Antauro el secretario, Ollanta un líder en la distancia. Los demás, Ulises, Katia, Alexis, son directores de los departamentos del Instituto de Estudios Etnogeopolíticos fundados por el papá”. Todo queda en familia.

Un periodista pregunta: “ ¿Si los reservistas no estuvieran en este movimiento qué estarían haciendo? " . Un taxista que me lleva a una entrevista con la madre de los Humala, me responde.

–Estarían pateando latas –lo dice con cólera, para referirse a los desempleados.

El taxista confiesa haber sido reservista y peleado en el Alto Cenepa durante el conflicto entre Perú y Ecuador en 1995. “Algunos compañeros incluso mutilados por la acción militar no han recibido ni sus pensiones ni tratamiento médico para su rehabilitación”. Diez años después de la guerra muchos sobreviven de cualquier cosa: taxistas, vigilantes, vendedores, guardaespaldas. Lo otro es ponerse el uniforme de comando, creerse una suerte de justicieros y hacer lo que mejor saben, enfrentarse al enemigo. Cualquiera.

El cuartel general del movimiento Nacionalista Peruano en donde Antauro editaba el periódico Ollanta queda detrás del Casino de Policía. Mientras los generales descansaban, los etnocaceristas a pocos pasos se preparaban para la acción del 1 de enero. El lugar es un edificio poblado en su mayoría por pequeños locales con nombres en inglés que se dedican a la venta de computadoras. En realidad esta no es la única ironía en la historia. Según el sacerdote Paliza, que intermedió en las negociaciones de la toma entre la policía y Humala, éste se entregó a las autoridades traicionando a sus reservistas. Según la madre de Antauro, el cura miente. La señora Elena dice que Antauro le contó de su propia boca que fue engañado por las autoridades para ser capturado: “Se violó el tratado de Ginebra al engañar a mi hijo dentro de un proceso de negociación”, comenta Doña Elena. Saber quién dice la verdad cuesta. Como cuesta saber si el fracasado golpe tuvo repercusiones: según una encuesta de la Universidad de Lima, 34% de los limeños aprobó la rebelión. Pero sólo 10% apoya a Antauro.

No es la única contradicción. Otra, es que el líder etnocacerista que quiere desterrar las inversiones chilenas en el Perú compra su ropa en la sucursal de la casa comercial chilena en Lima, según dice Nora Bruce. La lista sigue. Ollanta no está de acuerdo en el uso de su nombre para el órgano oficial del Movimiento Nacionalista Peruano. El ex militar piensa que la vinculación con este grupo lo ha perjudicado en su carrera, según su mamá.

El levantamiento etnocacerista ocurrido en una zona remota de la sierra peruana nos hace recordar lo que ocurrió en Bolivia con el levantamiento de miles de indígenas durante el gobierno de Sánchez de Losada y en Ecuador cuando apoyaron al coronel Lucio Gutiérrez. Perú, Bolivia y Ecuador tienen una extensa población indígena que se siente excluida del progreso y las decisiones políticas y económicas. La fresa que corona el helado es que, según Caretas y El Comercio, el presidente de Venezuela Hugo Chávez habría financiado el movimiento de Humala en una primera etapa.

Nadie sabe qué pasará con Antauro Humala. Puede que su rebelión inspire a otros. Tal vez quede confinado muchos años en la cárcel y su levantamiento se olvide rápido. Por ahora ha sido denunciado junto a 184 personas por los delitos de rebelión, homicidio calificado, secuestro y tenencia ilegal de armas y sus días en la prisión se parecerán al significado que tiene su nombre en quechua: crepúsculo.

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