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01.05.2005 | 00:00

Hell´s Angels

Identidad cromada: Ahora reconocidos oficialmenete, los Angeles argentinos se sienten representantes de una hermandada motorizada

Hell´s Angels | Identidad cromada: Ahora reconocidos oficialmenete, los Angeles argentinos se sienten representantes de una hermandada motorizada

Están en la historia, en las páginas de Hunter S. Thompson, en la memoria de Hollywood y sus producciones, y también en San José y Pavón, barrio de Constitución, Buenos Aires, Argentina. Chicos rudos con chalecos de cuero y una calavera alada en la espalda. Son los Hells Angels (Angeles del Infierno, se traduce), que tienen su capítulo (así se llaman sus representaciones locales) aquí mismo, y aquí mismo tienen su club, sus motos, sus amigos…

Hace nueve años, después de varios contactos con los hermanos de Río de Janeiro (un Hell Angel llama a otro Hell Angel de esa única y sentenciosa manera: hermano), nacieron los Hells Angels Buenos Aires, que al principio no eran sino aspirantes al club, o a lo que ellos llaman “la hermandad”. Menos de una década más tarde, ya de manera oficial, el chapter Buenos Aires tiene siete miembros plenos (siete Hells Angles, vamos), cinco prospects (aspirantes que luego de dos años de probada fidelidad serán nombrados hermanos, si los votos de los veteranos los acompañan) y tres soportes, o amigos de la casa.

El viajecito que me regalaron, desde el estudio de fotografía en Pacífico hasta su local en Constitución, fue otra manera de cruzar la ciudad: de los treinta que debemos haber cruzado, hubo dos semáforos en los que sí paramos. Viajé sentado en la Harley Davidson de Rodrigo, secretario, músculo trabajado con paciencia bajo el cuero de la chaqueta, pelo rapado, rapadísimo. “Nuestro lema es el amor y el respeto. No provocamos al pedo, pero respondemos cuando hay que responder”, dice Rodrigo.

–¿Qué quiere decir “responder”?

–Que si te metés con un hermano tenés un problema.

Okey. Los pibes juegan a la dureza. El que habla ahora es Teté: “Cuando llegamos a Constitución estuvimos un mes hasta ganarnos el barrio, no se nos curaban las manos de una rosca que ya estábamos en otra. Todos nos querían desafiar. A veces podés ir y explicarle al pibe que te torea que no, que esto es otra onda, pero a veces no queda más remedio que ir y romper una costilla”.

Con Christian, Gaby, Gustavo el Pelado, Rodrigo y Teté terminamos comiendo pizza en el primer piso de The Other Place, la casona que funciona como club, el club que funciona como bar, con una barra, dos motos en el fondo y un tubo vertical donde las chicas bailan desnudas en las fiestas de los Hells. Les pregunto qué buscan. Me responde Rodrigo: “Sólo queremos disfrutar de la vida y sus placeres”.

Texto: Alejandro Seselovsky
Fotos: David Sisso y Guido Chouela