Vicentico, Massacre y Miranda! brillaron en el Autocine de la Villa. García brindó uno de sus habituales números veraniegos.
Antes que nada, el momento del que habló todo el mundo, quien estuvo y quien no el viernes 20 de enero en el Autocine de Villa Gesell. Treinta minutos después de la medianoche terminó la presentación de Attaque 77. Para esa hora estaba previsto el show de Charly García que, fiel a su costumbre, aún no había llegado al lugar. A partir de ese momento, las especulaciones. Que ya salió de Pinamar, que está en la rotonda de entrada a Gesell, que se olvidaron de mandarle la limusina blanca que había pedido, que está demorado por un embotellamiento (¿?) eran algunas de las versiones que circulaban por el backstage, mientras que gran parte del público se iba del predio (vale recordar que hacía mucho frío y que durante los shows de Kapanga y Almafuerte había llovido) y otros “aguantaban” al bicolor. Pasadas las 2 am Charly hizo su irrupción y, botella de JB en mano, subió al escenario de forma directa. A partir de ahí, lo lógico: problemas de sonido (no hubo prueba), provocaciones (“Yo no llegué tarde, los demás llegaron temprano”), guitarras, micrófonos y vasos de whisky que volaban al piso, y un repertorio (que incluyó un estreno, “El holocausto”) que se armaba sobre la marcha. Tras cuarenta minutos de ¿concierto?, García decidió que era suficiente, que ya “había intentado” tocar. “Me merezco tocar solo”, fue una de sus frases antes de desaparecer, encerrarse en su camarín y retirarse en su limo, de la misma manera abrupta que había llegado. Say No More.
Más allá de García, hubo excelentes recitales en el Gesell Rock 2006. Un top 5 no puede dejar afuera a Vicentico (con Dani Buira y sus Chilingos al frente de una banda de apoyo cada vez más sólida, y encantadoras versiones de “Basta de llamarme así” más un medley Blades que incluyó “Desapariciones” en ritmo de tango y “El tiburón”), Massacre (otra exhibición memorable en vivo de Walas y compañía), Miranda! (actitud rock y simpatía pop para un fenómeno que se sustenta sabiendo que sus presentaciones en directo le otorgan un plus más que interesante), Las Pelotas (que con empeño y corazón se superpusieron al mal sonido del comienzo de su set) y Kapanga (a falta de los Decadentes, la banda festivalera por excelencia), con los escenarios temáticos (punk, metal y reggae) como bonus tracks.
Por último, el accionar de los agentes de seguridad merece un capítulo aparte. Todos los asistentes al espectáculo eran revisados de manera exhaustiva, pero muchas veces la policía (tanto bonaerense como Federal) se excedió en las búsquedas de pirotecnia u otro material que, luego de Cromañón, pudiera resultar peligroso para la convivencia pacífica de la multitud. Pero ¿qué sentido tiene que un hombre –uniformado o de civil– revise el atado de cigarrillos y la billetera de los concurrentes? Esa clase de requisa va contra las libertades individuales y cuanto menos resulta fastidioso. De todos modos debe decirse que, ya fuera por los controles o el autocontrol del público, no se encendió ninguna bengala o tres tiros durante el festival. Un dato a tener en cuenta para que, en la edición del año que viene, todos nos sintamos más cómodos y menos perseguidos.
Por Pablo Strozza

